VIGO, LA PUERTA DE AMÉRICA.

      “Eu sinto a presencia de Nova York. Por tras dese mar, das Illas, está Boston, está Nova York. Os mariñeiros galegos contribuiron de forma decisiva a criación da “Maritim Union Of América”, o sindicato de ramo da CIO. Castelao, con Lois Soto, predicou alí a liberdade en 1938… Os cables telefónicos e de comunicación veñen daquel confín e amarran en Alcabre…

      ¡Vigo limita, océano polo medio, con Nova York!”

     (X.L. Méndez Ferrín)

      En Latinoamérica todo español es gallego; y la mayor parte de los gallegos mayores de sesenta años, que se fueron al joven continente, exiliados o en busca de fortuna, partieron de la Estación Marítima de Vigo, a la que llamábamos entonces Puerta de América.

     Este otro símbolo de la Modernidad viguesa, puesto en pié en esta Plaza que llamamos también de América, es obra del escultor Silverio Rivas y la fotografía es de mi amigo Carlos Leiro.  Ahora es el umbral de la nueva Puerta de Europa para muchos latinoamericanos, hijos o no de aquellos gallegos, pero profundos conocedores de la Galicia patria, familiar, casi fraternal, en sus ciudades de origen.

     Pasado y presente tienen parecidos protagonistas… Unos vivieron y viven aún en América; y otros buscan hallar aquí la fortuna que no les sonríe principalmente en el Cono Sur.

     Por eso Vigo, esta Puerta de Europa, es ya una realidad multirracial y multicultural. Crece  su densidad como metrópoli por sus  inmigrantes. Latinos o africanos. Las comunidades foráneas son cada vez más numerosas.

     Estos nuevos vigueses aportan además de su esfuerzo, cultura. Y sus historias nos suenan a cuentos del abuelo que volvió de América. Con sus morriñas y sus centros.

     Y también con sus tambores cercanos animando las juveniles fiestas.

     “En Vigo está toda a Patria ben representada. Un castro, petroglifos, mámoas que nos dan testemuña das raigañas. Feitucas igrexas románicas coma a de Castrelos ou a de Bembrive. É unha cidade que fora amurallada, cos seus castelos e fortificacións ainda en pé.

       Temos lanchas temos remos, como na cantiga popular: portos pesqueiros e comerciais. Praias para varar as pequenas embarcacións e reductos no monte da Guía que foron da Mariña. Ten Vigo aldeas agrícolas e montañas contra Zamáns e as estribacións do Galiñeiro… ¡Municipio ningún de Galicia acumula variedade tal!” 

(X.L. Méndez Ferrín)

       La cultura castreña legó a Vigo 26 poblados de castros catalogados, lo que testimonia una de las mayores poblaciones de Galicia en esa época.

      El mayor de estos poblados estaba situado en la ladera del Monte Castro y sus habitantes ya vivían de la pesca, como actividad complementaria de la agricultura.  

      La romanización  alcanzó a estos poblados y fue también intensa; las evidencias hablan de una importante actividad comercial y portuaria en el siglo II antes de Cristo.

      El proceso duró cerca de 600 años de los que quedaron relevantes vestigios procedentes de excavaciones arqueológicas realizadas por todo el litoral, especialmente en Alcabre e incluso en Toralla, aunque recientes intervenciones arqueológicas indican que en el Areal y en el Casco Vello existió, entre los siglos III y IV después de Cristo un importante asentamiento humano: el Vicus de los romanos.

      En el Museo de Castrelos pueden verse restos históricos de la vieja civitas romana y castrexa.

     A expansión de Vigo “antre dous séculos” continuóu nos anos vinte ate os nosos días. Pero aquel foi o intre cumial do esplendor arquitectónico da cidade. Todo o que veu despois na Gran Vía, no Barrio de Casablanca, no Calvario, nas Travesas,  foi de inferior calidade. Porque Vigo renuncia a ser unha métropole atlántica e vaise, paulatinamente, provincializando”.(X.L. Méndez Ferrín).  

      La ciudad atlántica es, sin duda, la más atractiva del Gran Vigo. Es lo que conocemos hoy como Vigo Centro. La que crece desde el mar y se asienta entre el Olivo y la Iglesia de Santiago. A finales del siglo XIX hay dos “Vigos” que conciden con dos parroquias: la de Santa María, que sería posteriormente Colegiata  y la de Santiago. Ambas suponen actualmente el corazón de la ciudad modernista, la de los  edificios más nobles y la que mira hacia el mar.

      Es el Vigo Vello de las calles que treparon la cuesta desde los soportales del Berbés: el de la Plaza de A Laxe –actual ubicación del edificio Bahía- y el de la Plaza de A Pedra.

      El Vigo del Areal, así llamado por ser antigua zona de marisqueo y  con abundancia de edificios maravillosos. 

      El Vigo del Roupeiro, que corresponde al eje Puerta del Sol-García Barbón.  El de A Barxa, en esta última calle, con la factoría de “La Metalúrgica”. Y al final de ella, el Canadelo, donde Vigo comenzaba a trepar hacia La Madroa, lo mismo que trepa por Urzai hacia el Calvario y por la Falperra hacia el Castro.

      Este Vigo, Metrópoli Atlántica, es lo más geométrico y racionalista de una ciudad  de territorio impreciso. ¡Como el propio océano!

 

    Hai mais Vigos ainda que xa non se chamen Vigo

      Hai Bouzas, nacida no duro penedo e fronte o mar.  Coia, que era viño, millo e patacas e os asteleiros cobriron toda a sua fronteira co mar. O Calvario convertiuse nun centro populoso de vida comercial arredor da Praza de Abastos. E  Teis foi trocando de forma e de modos de vida.»

(X.L. Méndez Ferrín)

 

     Hay otro Vigo de barrio marinero, de astilleros que no dejan ver el mar, de comerciantes y de gente con tendencia a resistir.

    Es el Vigo de los barrios populares, que se extienden a lo largo de la Bahía o trepan hacia los montes próximos…

      Bouzas es más que un barrio: es villa marinera que fue municipio hasta que se lo permitió Vigo. Bouzas mira al mar desde su atmósfera conservadora y aún se siente independiente, que es Zona Franca en terrenos ganados a la Ría.  Posee una parte sustancial del sistema portuario de la Metrópoli Atlántica. Y en este barrio hayamos el único museo que Galicia dedicó al mar, otra obra del arquitecto Portela. Bouzas nos abre la puerta de la gran playa y su núcleo viejo posee el encanto de un pueblo pequeño.

 

      Sigue el litoral de Bouzas hasta encontrarse con Coia, allí donde los Astilleros invadieron lo que fue hermosa playa hace dos siglos.  La industria naval se asentó en este barrio que, en los años sesenta, creó su geometría urbana trepando hacia la Florida. Hoy es Coia otra ciudad dentro de la gran ciudad. De edificios altos y espacios verdes creados en sustitución de las leiras de antaño.

     Pasado el centro, el litoral atlántico baña Teis, barrio de fuertes contrastes: de tradicional colegio jesuita y zona comercial en su calle principal; de viviendas modestas y de grandes mansiones; de puerto comercial al alcance de la mano y pequeños puertos deportivos que se esconden en los recovecos de la Ría.

      En Teis nació el GRAPO y viven  los obispos de Vigo. Fue puerto pesquero dedicado a las sabrosas marallocas y también cuartel, escuela de especialistas y puerto de la Marina de guerra.Y lo preside todo Nosa Señora da Guía, que según copla popular, guía a los hombres de mar.

 

     Otro barrio, de nombre Calvario, trepó hasta lo alto de la Metrópoli para dejar de ser atlántico. Es un barrio hoy de comerciantes, crecido  en el entorno de la Plaza de Abastos y, al igual que Bouzas, con ayuntamiento propio que llamaban de Lavadores.

       Tiene Méndez Ferrín una curiosa teoría: que “su anexión a Vigo se debe a su resistencia antifascista”, que el Calvario fue el barrio de los republicanos; por eso le llamaban también la “Rusia Chiquita”.

       Vigo se estira con otros barrios; atlánticos y de interior. Pero Bouzas, Coia, Teis y O Calvario son las verdaderas señas de la  identidad periférica de una ciudad con vocación industrial en territorio impreciso.

 

      “Duas visións de Vigo, se son nocturnas, revélannos a súa condición magmática. Unha ao entrar por Puxeiros na cidade. A nosa dereita as mil luces de Candeán, Cabral, Sampaio, Lavadores e O Calvario, amosan a faciana dun caos planetario e celeste. E a explosión pirotécnica ou o reborde dunha galaxia.

       Outra, ao entrarmos no porto de Vigo polo mar. E preferible facelo polo lusco fusco, cando se prenden as luces pero ainda se albiscan  as moles dos edificios altos, acentuadas polas ribeiras que caen abruptas sobre o mar…”

(X.L. Méndez Ferrín)

 

       262 empresas pesqueras. 384 buques de los que 251 son congeladores y 133 de pesca fresca. Con 6.600 tripulantes que capturan más de 400 mil toneladas anuales, entre pescado fresco y congelado. A esto hay que añadir una importante flota de bajura que efectúa aquí sus descargas aunque pertenezca a otros puertos del litoral gallego.

       Es el Berbés el primer puerto pesquero de Europa. Una de las lonjas de pescado más activas  y modernas del mundo. Y uno de los lugares con mayor encanto del Vigo Atlántico.

       La Ribeira del Berbés te ofrece un espectáculo maravilloso:

       Es la luz especial, el reflejo de los barcos en el agua, el brillo de las montañas de pescado, las pescantinas, los subastadores, los marineros.

      Todo esto es lo que distingue a este puerto al amanecer, cuando comenzamos a escuchar el latido más profundo de la raíz de Vigo.

       La pesca genera en Vigo alrededor de 20 mil  puestos de trabajo indirectos y crea en torno a ella una industria vital para el desarrollo económico de Galicia. Por ejemplo, la conservera.

 

      Blancoamor le llamó la “Sardiñocracia”, pero las familias conserveras fueron las que proporcionaron al Berbés una cierta “afectación plutocrática”, que diría Ferrín. Aunque no todas estas familias eran gallegas, como los Cerqueira.

     El origen de los Masó, los Curbera y los Ribas era catalán. Alfageme, de Asturias. Albo, de Santander. Y Portanet, de Portugal..

     Fueron estas familias creadoras de las principales industrias conserveras y protagonistas de una época de gran esplendor para la ciudad…

    Hoy en día el sector conservero mantiene importantes cotas de producción, pero ha sido superado por los cultivos marinos, principalmente el del mejillón, su principal abastecedor.

 

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