Vilaboa

El mirador de Martin Codax

La Ría de Vigo desde Vilaboa.


Esta vez subiremos al mirador de Martín Codax –que inventó la poesía- para comprender mejor la belleza que se alcanza desde la media ladera del Cotorredondo, por donde se extiende el municipio de Vilaboa.

Desde lo alto bien se comprende porqué el Rey Sabio encontró aquí un “paraíso para ir a bañarse con su amada en la dulzura de sus aguas”.

Aguas de las que emerge, al otro lado, la isla de las leyendas de esta ensenada, que comienza bajo el puente de nuestra historia y termina bajo el puente de la modernidad.

La ría es el espejo de Vilaboa, donde nacen a flor de agua las bateas de la vida y es campo de regatas de veleros bien arbolados.

Mil relatos podríamos contarles hoy de esta costa de piratas de pata de palo, a donde llegó con su tesoro de indias el almirante Manuel de Velasco.

Hemingway se asomó también a la ventana de la ciudad encantada para contarle al mundo que los montes de Vilaboa se precipitan a un mar color esmeralda.

Desde esos montes divisó Ferrín el periscopio del Nautilius del capitán Nemo, que aquí llegó a través de la Literatura de Julio Verne, tras recorrer “cien leguas de viaje submarino”.

Y Carlos Oroza, paseante solitario por lo mas alto de Domaio, cantó como hasta allí llegaba el viento de algas, yodo puro que emana del maravilloso vaivén del agua cebrada por la luz del cielo.

Ante tanta belleza panorámica, no es de extrañar que hasta aquí vengan gentes, para contemplar el equilibrado paisaje de mar y tierra y esuchar la última sinfonía del crepúsculo, que tanto cautiva a Luz Pozo.

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