VILAGARCÍA

ATARDECER EN LA RIA DE AROUSA

LA PERLA DE AROUSA

       Aquel amigo mío pintor, Xaime Quessada, que hoy viaja por el espacio, llamó mi atención sobre los colores de Arousa desde aquella batea donde me enseñó a distinguir el arco iris del arte.  

       Por eso ahora no concibo Vilagarcía, la ciudad,  sin perderme antes en la mera contemplación del paisaje de la Ría y fijarme en el horizonte de maderos que, alineados como un batallón de tres mil compañías, son la defensa económica de todos los puertos de las dos ribeiras.

       Las bateas… los barcos de la vida anclados a las olas y en donde crece el más sabroso molusco, el mejillón de Galicia. Cuando volaba me gustaba “rasear” el agua entre ellas, un ejercicio con el que intentaba adivinar que había bajo esta especie de fincas marinas.

       Lo que esconden es una selva sumergida y almacenes de corales, pero sentado sobre esos troncos de eucalipto contemplas mejor la calma de las islas habitadas y las del Parque Atlántico, además de la arena de la playa y esas velas que buscan la ayuda del viento para navegar sobre la belleza.

       Pero cuando los requiebros de la tarde nos enseñan el lugar donde el Sol se acuesta… Entonces… El paisaje que te rodea provoca la gran fascinación de Arousa…  

El Sol muere cada tarde sobre las bateas.

          Hasta Vilagarcía han venido muchos artistas que consiguen con su arte interesarnos más en la octava ciudad de Galicia, pero sobre todo en su entorno. La ciudad es la Perla, pero su medio natural es la gran ostra que saboreas con calma.

           Te sorprenderá saber que hasta aquí llegó la primera línea del ferrocarril y que en su colegio estudió el primer gran héroe de la aviación local, John Trulock. Era hijo del mismo J.T. que comandaba el tren, el tío inglés de Camilo José Cela.

           Cuando yo era un jovencito osado y adolescente hice un corto viaje en tren con Cela, entre Casal y Vilagarcía. Le pedí un autógrafo y me contestó con una solemne y asquerosa ventosidad,  al mismo tiempo que exclamaba:

           —- ¡Niño, no jodas! ¿No ves que estoy leyendo?

           Desde entonces –año 1957- dejé de leerle y en los varios encuentros que tuve con él procuré ser, solo, fríamente educado.

           Aquel incidente no mermó mi asombro por Vilagarcía y su mar. Era mi primera visita y me resultan aún inolvidables los intensos azules de su Playa de Compostela… Los veleros en el puerto… El sol caminando sobre el agua para crear torbellinos de colores… La Alameda con árboles ya centenarios y encantadores viejecitos buscando su amparo… Y sobre todo, recuerdo bien, me impactó la nobleza del alma marinera que emergía por encima del grandioso espectáculo del marisqueo, sustento complementario desde tiempos inmemoriales…

MARISQUEO EN CARRIL 1963

            Una y otra vez Vilagarcía de Arousa se convierte en la ciudad de la luz de oro, la de los mediodías resplandecientes y los cielos rojos de atardecer. Es y seguirá siendo muy especial.

            Decía Bouza Brey que esta gran postal de mar que yo te pinto distrae de todo lo demás. Cierto, porque esta es una de las ciudades-verano clásicas de Galicia. Lo es desde tiempos ya lejanos y solo hay que ver cómo, en el entorno de su mar, se ha desarrollado el sector inmobiliario. Vilagarcía es uno de los enclaves turísticos más importantes del país y por ende, de los más visitados de las Rías Baixas.

              En los últimos tiempos ha cambiado su fisonomía urbana con agradables espacios públicos que hacen más apacible la vida. Esta es la ciudad de los parques. Los antiguos, siguen luciendo espléndidos, como por ejemplo la Alameda de Compostela. Los nuevos, como el Parque Miguel Hernández en el entorno portuario o el del  Río Con,  son perfectos para pasear y disfrutarlos.

El Parque Miguel Hernández (2)         Vilagarcía siglo XXI.

El convento (2)

           En Vilagarcía también tienes que ver un buen número de monumentos de gran interés cultural, como el convento de las Agustinas, sus iglesias románicas, numerosos pazos y un cruceiro que fotografío siempre que voy a Carril porque me parece único, que antecede a la escalinata de su espléndida iglesia de Santa María.

          Pero esta vez voy a hacerte dos recomendaciones si vas a Carril. Que entres en el restaurante Furruxa y pidas unas almejas. Luego de saborear ese manjar exquisito y otras delicias de la casa, date un paseo por el puerto, enfréntate a la Isla de Cortegada, camina hasta la playa de Compostela y haz fotos de todo cuanto veas…

La garza sabe lo que esconden las leiras do mar.

almeja_de_carril

Las leiras do mar.        Las gamelas y la isla cuando llega la bruma...

     Nadie vive para contarnos aquella fiesta de 1873…

     Fue entonces cuando el pequeño Carril se convirtió en la Estación “término”  de la primera línea férrea construida en Galicia, que cubría el trayecto del ferrocarril Santiago- Vilagarcía.

     ¿Por qué se construyó primero esta línea? Porque Carril era el gran puerto y Vilagarcía la gran playa de Compostela, la ciudad más influyente de Galicia.

     Desde entonces los compostelanos siguen sintiendo a Vilagarcía como su segunda ciudad, puesto que en ella pasan mucho de su tiempo de ocio, sobre todo en verano, donde las playas suponen el mayor atractivo.

    Las de Compostela y A Concha, entre el espacio Portuario y Carril, están aguardando ya el verano porque suelen ser las más concurridas.

Playas de Compostela y A Concha, entre el espacio portuario y Carril.

     Pero hay más playas. De arena fina y agua transparente. La gente prefiere tomar el coche e irse hasta Las Sinas, que comparte con el municipio de Vilanova. Los de Vilaxoan, sin embargo, se quedan en la playa del Preguntoiro.

     Y como todos los años, Vilagarcía coloca esta vez, en sus principales arenales, la bandera azul.

Ensenada de Vilagarcía.

      También has de conocer sus puertos si quieres disfrutar del pintoresquismo marinero…

      El de Carril, refugio de las pequeñas gamelas y barcos marisqueros.

      El comercial, a cuyos muelles llegan cruceros y mercantes.

      Y el deportivo, base de una gran flota de yates, y sobre todo de veleros, que nos proporcionan una postal de regata  en el horizonte de la ría.

      Aquí te puedes embarcar para conocer los paisajes protegidos de este mar de Arousa, que esconden un gran valor ecológico, entre otros la Isla de Cortegada, que como te decía pertenece al Parque Nacional de las Illas Atlánticas.

      Quédate en ella hasta que el sol se meta en casa… Te garantizo que merecerá la pena.

Puesta de Sol en Arousa.

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