XOSÉ F. FILGUEIRA VALVERDE

Entre los muchos nombres que estos días volvieron a mi memoria está el de José Fernando Filgueira Valderde y no quiero desperdiciar la oportunidad de contarte -casi veinte años después de su muerte- mi visión del humanista, del político, del intelectual y de la persona a la que Galicia debe grandes estudios de su pasado. No recuerdo haberle homenajeado y si así no sucedió fue un imperdonable despiste de este periodista que vivió los inicios de su carrera en la inolvidable Pontevedra de los años sesenta, en aquel Diario que no se leía muy bien pero que todo el mundo compraba. 

EL HUMANISTA DE PONTEVEDRA

 Filgueira alcalde y yo periodista. 1963.

Parece increíble, pero yo conocí a José Fernando Filgueira Valverde en la Celulosa de Pontevedra, siendo él alcalde de la ciudad, y en ocasión de una visita a aquella fábrica que enviaba insoportables olores a la capital de las Rías Baixas, cada vez que soplaba el sur, cosa harto frecuente en aquellos inviernos de entonces y aún en la modernidad.

Filgueira nos había llevado allí con la esperanza de demostrar a los periodistas la importancia de esta industria. Al pié de aquella chimenea y ante mi asombro y el de mí querido compañero del “Faro” Benigno De la Torre, pronunció aquella frase mítica:

—- ¡Pues a mí este pedo me huele a pino!

Otra cosa no podía decir el alcalde,  porque para la dictadura franquista, entonces, él era de quita y pon; solo se mantenían en el cargo los que capeaban bien los escasos temporales sociales.

De aquellas escribía yo la información municipal del Diario de Pontevedra y cada vez que conversaba con Filgueira no entendía por qué un humanista como él soportaba un compromiso por el que se le consideraba del Régimen.

Un día, me dio la explicación:

—- Si yo no soy el alcalde, el Museo de Pontevedra será un museíto. Y yo quiero que la ciudad tenga lo que se merece por su historia. En el Museo tengo depositados todos mis sueños profesionales, como comprenderás. 

Y efectivamente, el gran Museo de Pontevedra –visita indispensable si vas a la ciudad del Lérez- es su obra. De él fue director entre 1942 –yo aún no había nacido-  y  1982. El gran impulso lo recibió, precisamente, en los años sesenta, siendo alcalde Filgueira.

Cuando dejé Pontevedra en busca de la vida Filgueira siguió allí ya no de alcalde, sino con su museo y como maestro de varias generaciones de pontevedreses, en el Instituto de la Alameda, que así se le conocía popularmente.

Para mí, aún en la distancia, Filgueira era el gran humanista pontevedrés, uno de los hombres más cultos de cuantos he conocido en mi vida; y fueron frecuentes algunos encuentros que mantuvimos en la Casa del Barón, el parador de turismo, que está muy próximo a la que fue su casa.

Porque Filgueira era un pozo de sabiduría en el que podías beber literatura, historia, etnografía, arqueología o antropología. E incluso, como doctor en derecho, te comentaba algún suceso de la época, como el hundimiento de un barco en A Marola que a él le olía a crimen, como así resultó…

Don José, como a mí me gustaba llamarle, era “galleguista”. Nunca me dijo si pertenecía al Partido pero frecuentaba la amistad de Del Riego y sobre todo de Ramón Piñeiro. Lo era desde tiempos de la República cuando fundó el Instituto Padre Sarmiento de Estudios Gallegos, en 1927,  seminario que se mantuvo activo hasta 1976…

Su muerte –anunció- no tiene nada que ver con la de Franco y si con la falta de recursos económicos…

Así de honesto era este hombre, alto, con voz de conferenciante, que se expresaba mejor en español que en gallego pero que dominaba como nadie nuestro idioma patrio. Filgueira era, sobre todo, un trabajador incansable capaz de compaginar su actividad intelectual con su gestión política…

Simultaneó los sillones de la Real Academia Gallega y de la Academia de la Historia con su cargo de Conselleiro de Cultura del primer gobierno autónomo de mi país. Y aun tuvo tiempo para publicar tantos libros que ni él mismo sabía cuántos, cuando ya estaba en el invierno de la vida… 

Yo solo leí tres: “La artesanía gallega”, verdadera crónica de donde comienza el arte y donde termina lo artesano; “Castelao na lembranza”, publicado cuando ya en Galicia teníamos televisión propia; y “Con Otero Pedrayo”, un libro que me enseñó a amar este país y a emprender aventuras como esta revista digital, Galicia Única.

La última vez que estuve con Filgueira Valverde fue en el pequeño plató de TVE Galicia, en el que comenzaba su andadura “Desde Galicia Para el Mundo”. De él me quedé con estas palabras:

—- Nunca abandonéis este programa porque es muy importante para millones de almas gallegas dispersadas por el mundo y para sus hijos y sus nietos…

El maestro tenía, también, un excepcional interés en la Galicia exterior porque…

—- En América nació nuestra cultura moderna y en América se conserva buena parte del galleguismo intelectual.

Esta última frase me hizo comprender el porqué aquel humanista pontevedrés había rozado el interés por la política.

  Del Riego, Ramón Piñeiro y Filgueira Valverde, en un acto público…

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