ZANFOÑA

Por Carlos Penelas

Silencio de bosque, luna elevada.

Agua, manantial, paz en el viento,

mástil y voz sobre el teclado,

modulación perdida de la lluvia.

Roza  árboles,  templos,

las callejuelas ciegas medievales

desvelando el ocaso.

A veces Martín Códax crea alas

en la noche, aureola mística.

Dolor cedido, mudo. Desdichada

nube interminable, solitaria.

En la mesa de una taberna

copa sonora, espuma pastoril

que arrastra el mar, voz áspera

de campanario, aire perecible.

Sueña la noche en robles,

sobre el aliento perezoso de la tarde.

Templo sereno, niebla azotada

en el destello inmóvil,

alborada temblando en el recuerdo.

Resonancia, puro don de altura,

lumbre saliendo en destino.

Conmueve su belleza ondulante, crecida.

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