galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

200 MIL EMPRESAS CONTRA LA CRISIS

 

         Habría mil historias que contar de los continuos éxitos de nuestros creadores y de nuestros activos empresarios antes de que nos enviaran  esta crisis europea y norteamericana, los financieros en los que, según se ve ahora, confiábamos demasiado.

         Sus iniciativas han sido vitales para el desarrollo del país, bien complementadas por los estudios tecnológicos protagonizados por nuestras tres universidades, líderes en la creación de productos telemáticos y bien posicionadas en la investigación de los programas informáticos, materias ambas indispensables para el progreso, en estos tiempos.

         Hasta tal punto triunfaron las propuestas empresariales que los negocios caminaron solos, sin ayudas oficiales, en el variopinto mundo de los mercados, esos mismos que hoy convulsionan los telediarios.

         Sobran ejemplos en la moda, las piedras ornamentales, el sector del metal, la construcción de buques, los productos congelados y otros muchos que configuran una lista prestigiada a nivel internacional, de alrededor de 5.000 empresas.

         Firmas sólidas y empresarios distinguidos, los gallegos, que buscan ahora abrirse más al mundo para encontrar nuevos nichos que les permitan mejorar en esta situación inesperada y de la que, en la mayoría de los casos, no se les puede responsabilizar.

         En el momento actual hay en Galicia 5.000 empresas exportadoras que, a pesar de todo,  tienen un saldo positivo de 1.870 millones de euros frente a los 20.000 millones que presenta la negativa balanza comercial de España.

         El reto es que se incorporen a la lista de exportadoras 700 nuevas empresas, lo que ayudaría a mejorar sensiblemente el posicionamiento industrial de Galicia.

          La historia de la modernidad de Galicia, pese a la madre de todas las crisis, nos dice que se mantiene el tono imaginativo que siempre caracterizó al empresariado gallego, cuya creatividad ha interesado más allá de nuestras fronteras.

          Hablamos, claro, de la moda, cuyos éxitos actuales se sustentan en las bases de los grandes grupos, abanderados de las exportaciones actuales, juntamente con los clásicos; es decir, la automoción, las piedras ornamentales –la pizarra y el granito-, las conserveras, los astilleros y los productos alimentarios congelados, entre otros.

         Estas empresas juntamente con la pesca, los cultivos marinos y el sector turístico, conforman la parte más amplia de nuestro tejido empresarial e industrial.

         Nuestros clásicos, pese a la crisis, siguen diseñando, fabricando y exportando. Y algunos incluso detentan el liderazgo de ventas al exterior en sus sectores, de ahí que Galicia consiguiera un superávit en las exportaciones de casi dos mil millones de euros,  en el primer semestre del año 2011, frente al déficit estatal del 20 por ciento.

        El tejido empresarial e industrial de Galicia contabiliza un total de 201.263 empresas según el último censo, pero está compuesto en su mayor parte por PYMES, pequeñas y medianas empresas; y solamente cinco, todas del sector industrial, superan los cinco mil trabajadores.

        En el último año se dejó notar la crisis, al igual que en toda Europa; y el sector industrial –sobre todo aquel relacionado directamente con la construcción- experimentó un decrecimiento bastante acentuado que afectó directamente al empleo.

        Sin embargo hubo actividades que,  pese a la crisis, experimentaron notorios aumentos de ventas. Fueron las relacionadas con la producción y distribución de energía, las empresas informáticas y, curiosamente, las relacionadas con el ocio y la cultura, e incluso con el sector privado de la educación, pese a las diferencias que se producen a nivel estatal en el sector público.

        La cifra generada por el PIB, Producto Interior Bruto, según el último dato oficial y correspondiente al 2011 registró una tasa de variación negativa de 1’07 por ciento. Y la situación del mercado laboral sigue en fase de pérdida, al igual que el resto del territorio nacional.

        Esto tiene su principal origen en la desaceleración de la demanda interna, derivada del descenso del gasto en el consumo final de los hogares, los salarios, así como del índice de disponibilidad de bienes de consumo, todo ello provocado por la crisis económica en la que estamos inmersos.

        Estos datos tienen su parte positiva: y es que nadie se queda quieto ante la adversidad de la economía y todo el mundo aviva la imaginación para encontrar esa puerta de atrás que conduce al final de la recesión.

         No hay que olvidar que la Galicia empresarial de los últimos veinte años navega por las nuevas tecnologías, al igual que participa en proyectos aeronáuticos, construye autopistas, levanta puentes, fabrica vehículos de guerra para la paz, exporta flores, vende cerdos en Internet, o elabora bebidas energéticas que luego vende a los países que las inventaron.

        Por todo esto, debemos ser optimistas ante el futuro y creer en las posibilidades de un tejido empresarial dispuesto a crecer. Buena prueba de ello es que, por primera vez en nuestra historia, la sociedad civil le ha plantado cara a la crisis abriendo las puertas de esos mercados tan convulsionados por la crisis.

        Centros de negocios, cámaras de comercio, asociaciones empresariales y clubs financieros se han puesto el mono de trabajo y avivan su imaginación, ayudados por los cinco mil jóvenes que cada año salen suficientemente preparados de nuestras tres universidades.

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