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27 AÑOS DE EUROTÚNEL

LOS MIEDOS BRITÁNICOS ESTUVIERON A PUNTO DE PARALIZAR EL PROYECTO

Esta semana se cumplieron veintisiete años de la inauguración del “Eurotúnel” que, como muchos recordaréis, tuvo lugar el 6 de mayo de 1994. Todo un hito de las comunicaciones europeas que utilizan cada mes alrededor de un millón y medio de pasajeros en uno u otro sentido, al margen del “Shuttle”, el servicio ferroviario de mercancías, camiones, automóviles y motocicletas.

Es una obra extraordinaria que redujo a dos horas veinte el trayecto París-Londres por ferrocarril y a menos de dos horas el viaje de Londres a Bruselas. Su coste, de 16.000 millones de euros, ya ha sido casi amortizado; solo en el 2019 sus beneficios fueron de 1.131 millones de euros.

Sin embargo, algunos recordamos la gran controversia causada por los miedos de los británicos, que estuvieron a punto de paralizar el grandioso proyecto: tres galerías submarinas de 50’5 kilómetros de longitud y una profundidad media de cuarenta metros, lo que supone el segundo túnel submarino más largo del mundo, detrás del de Seikán, en China, de 55 kilómetros.

En realidad, la rumorología callejera llegó al mismísimo Parlamento inglés y las discusiones previas a la construcción del túnel que hoy une Francia con Gran Bretaña eran casi diarias…y realmente fantasiosas.

Se hablaba en ellas de la posibilidad de una invasión de animales rabiosos, de la llegada de terroristas o incluso de la “toma” de Inglaterra por parte de millones de inmigrantes clandestinos. También temían los detractores del proyecto un aumento imparable del narcotráfico, la aparición de un extraño hongo en el vergel de Kent, incluso una plaga de arañas francesas y la llegada de las temibles polillas devastadoras de colmenas.

El “Eurotúnel” iba a suponer para la Gran Bretaña la aparición de hordas de camiones en la campiña inglesa, acabaría con los barcos que cruzan el Canal de la Mancha y se hablaba de que tan costosa obra haría quebrar a la más poderosa empresa del mundo, si la acometía.

Claro que esos augurios no eran nada si los comparamos con los de los agoreros que preveían grandes catástrofes: se hundirían las galerías subterráneas debido a las inundaciones, terremotos e incendios que se iban a producir por el mero hecho de “atacar” de modo tan agresivo a la Naturaleza, puesto que se estaban utilizando dos enormes máquinas perforadoras.

Fue en 1986 cuando estuvo a punto de ganar el SÍ a la paralización del túnel, en una votación que en el Parlamento inglés se llevo a cabo tras la intervención del Secretario de Estado de Transportes, Nicholas Ridley, quien formuló al hemiciclo preguntas como estas…

—- ¿Llegará la rabia? ¿Nos invadirán los rusos por el túnel? ¿Debe Gran Bretaña seguir siendo una isla?

Después de un silencio sepulcral en el auditorio, Ridley añadió:

—- Entiendo estos argumentos emocionales de algunos de ustedes, pero en absoluto creo que sean racionales…

Pese a su brillante intervención hubo pocos diputados convencidos por la importancia de la obra y algunos iluminados propusieron en aquella sesión “sellar las ventanillas para evitar que viajeros maleducados tiraran sus desechos durante el viaje y atrajeran a zorros u otros animales daniños”.

Nicholas Ridley ganó aquella votación para el gobierno y veintisiete años después de la inauguración del “Eurotúnel” nadie en Gran Bretaña siente aquellos temores de mediados de los años ochenta. Pero hubo un rebrote de la rumorología epidémica en relación a las galerías cuando llevaban construidas ya dos años y estaban en pleno funcionamiento. Los temores volvieron por la aparición de un animal rabioso en 1996, en una playa del sur de Inglaterra. Desde 1922 no se había visto cosa igual en la zona.

Pero los servicios veterinarios terminaron con el rumor que culpaba de nuevo al “Eurotúnel”, al establecer que un murciélago ratonero ribereño, especie muy común en la Europa continental, había sido el portador tras cruzar por el aire el Canal de la Mancha.

En 1994, en el viaje inaugural, un grupo de personas se vio afectado por la claustrofobia. Fue John Noulton, periodista que había pertenecido a la redacción de BBC y que debutaba ese día como director de Comunicación de la empresa del “Eurotúnel”, quien les tranquilizó, diciéndoles:

—- Sí, es verdad que el túnel se ve oscuro, nada se mira a través de la ventanilla. Pero son las mismas condiciones que se dan cuando ustedes viajan en avión durante la noche. Solo cambia la cabina, que aquí es mucho más cómoda y espaciosa…

Pese a todas las anécdotas que os cuento he de deciros que este es uno de los grandes éxitos de la ingeniería del siglo XX y que, en octubre del 2012, tras los Juegos Olímpicos de Londres que favorecieron el tráfico por debajo del Canal de la Mancha en ambos sentidos, el Eurotunel alcanzó la mágica cifra de 300 millones de pasajeros, algo que nadie había soñado. Ocho años después y a pesar del Brexit los usuarios sobrepasan los 400 millones.