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ADIÓS, ROBE INIESTA

Por Manuel García Solano

No corren, por lo que se ve, buenos tiempos para la lírica. Tras decir adiós a Jorge Martínez, líder de Ilegales, nacido en Avilés (como el también recientemente fallecido José Luis Cienfuegos, gestor cultural y artífice de convertir el FICX de Gijón en una referencia entre los festivales de cine español antes de pasar por el de Sevilla y dirigir una Seminci con mucho protagonismo musical), toca despedir a otra figura mayúscula del rock estatal, Robe Iniesta. Nunca tuve una conexión especial con su música, pero es incuestionable el mérito de, partiendo desde ese rock transgresivo y marginal, acabar vendiendo miles de discos y, lo más importante, marcando a varias generaciones que llevan grabadas a fuego sus letras, que fueron ganando poso con el paso de los años.

Su caso, el asaltar el éxito masivo sin respaldo de una gran discográfica y sin la habitual maquinaria promocional, cimentado sobre todo en sus directos y en el buen rollo que propagaba su música, tiene paralelismos, aunque sus estilos estén lejos, con Camela, otro grupo ignorado durante años por los medios, que se forjó su audiencia desde fuera de la industria, a golpe de ventas en las gasolineras.

Fueron dos buques a contracorriente en una época, los ya lejanos 90, en la que se imponía el indie, cantar en inglés y muchos productos de laboratorio. Seguramente el momento clave fue, tras la incorporación de Iñaki Uoho Antón -exPlatero y tú-, la publicación de “Agila”, el disco que les consagró como artistas mayoritarios y que hizo que canciones como la ya recomendada “So payaso” se abrieran hueco incluso en las radiofórmulas.

La separación del grupo, cuya gira de reunión quedó abortada por la pandemia, dio paso a una década de andadura de Iniesta en solitario, con cuatro álbumes de estudio como legado.

Este fue su último concierto.

MANUEL GARCÍA SOLANO