galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

ANTAGONÍA TANGUERA

Ahora que estamos solos, 

acorralaos por cruel pandemia,

cada cual se las ingenia

para no volverse “colo”.

Que al caletre lo agudiza 

o lo mata el protocolo.

Está el que trina fandangos 

y el que recuenta sus cuentas. 

Harpagón en mí no alienta

y cantando soy guarango.

Pláceme, sin limitantes,

la vivisección de tangos”.

(JJGP)

Por J. J. García Pena

Es lugar común atribuirle al tango -no sin motivos-una mentalidad “másculocéntrica”. Otro tanto se dice de la copla española. A ello contribuyen -se busque o no ese fin- los prejuiciosos estereotipos emanados de sus propias letras. 

La Madre, en tanto mujer, era la única figura femenina a prueba de toda sospecha por parte del varón. Todas las demás podían cargar -y cargaban- con todas las faltas, habidas y por haber, de la especie humana.

Al varón “engañado”, en cambio, cuando aquellas “fallaban”, le estaba destinado el insoportable baldón social que debía arrostrar, sí o sí, el potencial o efectivo cornudo. Él sabía que, si su honor de macho resultaba mancillado, el único recurso posible para devolverle su honradez, su “pureza original“, era lavarlo  con sangre (propia y/o ajena, eso era opcional e indiferente, aunque , como no era tan gil,  prefería la última opción).

Claro que en todas las épocas hubo disidentes con las ideas impuestas por el patriarcado o el poder de turno. Del mismo modo que en una población de beatos de tanto en tanto surge algún ateo hereje, el tango, aún en sus épocas de mayor auge, tuvo sus -escasos pero meritorios- “orejanos” (1).

Hoy, sobrados de tiempo, analizaremos solo dos tangos que, aun escritos en casi el mismo espacio y tiempo, son tan disímiles entre sí como lo podrían ser un canto gregoriano y un blues de New Orleans.

El machismo a ultranza -quintaesencia tanguera- (y coplera) estará dignamente representado por ¡Que pare el baile!,en la voz de Ignacio Corsini, que relata cómo un hombre hecho y deshecho prefiere volver a la cárcel de la que acaba de salir antes que tolerar, impunemente, la traición de la mujer que creía de su propiedad absoluta.

La antítesis filosófica de esa obra estará dada por ¡Hágame el favor!, en la interpretación de Carlos Gardel, en la que el escritor pone en labios del protagonista una inesperable respuesta a un rival que lo trata de cobarde por no reaccionar con coraje criminal ante la “pérdida” de una mujer.   

En el templado e inusual monólogo, (insólito en esa época) ya se preanuncia el advenimiento de una “clase nueva” de personas. Aunque el protagonista, a pesar de declararse “clase nueva”, evidentemente no logra sacudirse del todo el machista yugo heredado.

Distaba mucho de ser ejemplar la postura de este “hombre nuevo”, pero al menos era un paso hacia tiempos mejores para nuestra especie. Alguna terminología regional, utilizada en relación con ambos títulos, amerita una aclaración que, numerada, relato al final.

Entonces, comparemos contenidos:

¡QUE PARE EL BAILE!

En el patio del convento (2) se festeja a vino tinto

la vuelta de “el Chueco” Pintos, que de “la Tierra” (3) volvió.

Las comadres forman rueda y los guapos, muy atentos,

escuchan los argumentos del que la vuelta pegó.

La moza que había jurado serle fiel hasta el regreso

fue a remozar con un beso toda su antigua pasión.

El “Chueco” volvió más viejo, su melena era ceniza

y una mueca, por sonrisa, le había dejao la prisión.

Mientras el fueye (4) ladeaba un tango

el “Chueco” Pintos, junto a su moza,

sobre sus manos color de rosa

ponía la muestra de su querer.

Mordiendo celos, con rabia fiera,

gritó un malevo: 

¡Que pare el baile!-

Yo soy Juan Nieves-, le dijo al “Chueco”,

soy el amante de esa mujer-.

Se armó el revuelo y la gente abrió cancha a los rivales

que, sacando los puñales, se jugaban por amor.

Hasta que, al rato, un vecino volvió trayendo un sargento

y vio el cuchillo sangriento que el “Chueco” hundió con rencor.

Y sin un acuse, mudo, miró con desprecio a aquella

mientras dejaba una huella una lágrima en su tez.

Luego, tirando el cuchillo, le dijo al que lo esperaba:

Prenda, sargento. La taba ha echao mala otra vez (5).

La tarde huía por los confines

y el patio, triste, se ensombrecía

cuál si quisiera, la luz del día,

esa tragedia pronto esfumar.

Y el pobre Chueco, con sus angustias,

desde la puerta le dijo al irse:

 — Me han derrotado tus realidades.

Tarde o temprano la has de pagar”.

¡HÁGAME EL FAVOR…!

¿Pa’ qué andás “tallando” (6) que te tengo miedo,

que me faltan fuerzas para corajear?
Podrá ser manía, pero yo no creo:
a mi me parece que no estoy tan mal

¿Pa’ qué viá (7) quitarte lo que se fue solo?
¿Pa’ que andar “zonceando”(8) cosas de mujer?
Andaba rabiando por otro “chingolo”(9)
Le gustó “otro asunto”, agarró y se fue

¿Qué querés que hiciera? ¿Que, con arrebato,
soltara rugidos de desesperao?
Si yo nunca tuve impulsos de guapo.
¿Qué querés que le haga si nací cansao?

Por estas razones me verás sereno,
porque, francamente, no le doy valor.
Si yo no acostumbro a morder el freno
por una pollera. (10) ¡Hágame el favor!

Yo ya pertenezco a la clase nueva
y -por amor propio- vivo a lo sultán:
siempre tengo varias como de reserva
pa’ cubrir la falta de las que se van.

Si de nada vale demostrar guapeza 

frente a los prejuicios de la sociedad.

Pelear por mujeres cuando se progresa

es gastar coraje y perder moral”.

  • 1 Apelativo dado, desde la época colonial o antes, a los caballos libres para diferenciarlos de los “reyunos”, animales éstos marcados por la Corona y más tarde por los distintos dueños cortándoles media oreja. Por extensión, se aplica a personas que se muestran independientes en sus actos, juicios y decisiones.
  • 2 En Bs.As, y Montevideo se denominó conventos o conventillos a las casas de inquilinato con amplio patio  central que, pensadas para recibir oleadas de inmigrantes externos e internos,albergaban honradas familias de clase trabajadora. Entreverados entre ellas, no faltaron algunos  elementos (tipo “Chueco” Pintos y su veleidosa “paica”)  de dudoso modo de procurarse la vida.
  • 3 Se refiere al helado penal de la Tierra del Fuego, la cárcel más austral del planeta en uso en esos tiempos.
  • 4 Fuelle. Coloquio por bandoneón.
  • 5 En el juego de la taba rioplatense la cara llamada culo indica perdida, mala suerte, equivalente a echar la mala.
  • 6 Diciendo, publicando, alardeando, “bocinando”.
  • 7 Contracción por voy a
  • 8 Bobeando, ganseando, paveando, discutiendo naderías o insignificancias.
  • 9 Doble intención.  Tanto es el nombre de un pájaro nativo como uno de los muchos aplicados, sottovoce, al miembro viril. Tanto que, cuando el vigor sexual de un hombre decaía, se sentenciaba jocosamente: Ya no cantas, chingolo… 
  • 10 Falda.