galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

ATALAYAS DE TIERRA Y MAR

Los historiadores gallegos siempre han debatido mucho sobre el papel que jugaron los celtas en nuestra cultura y por lo que parece, a muy pocos estudiosos les parece muy relevante su influencia en nuestra historia ya que fueron un pueblo invasor llegado desde Bretaña, Escocia e Irlanda, que poco aportó a la llamada cultura castrexa, de origen eminentemente galaico.

Para algunos eruditos el celtismo fue una moda de la modernidad folklórica. Porque cuando los celtas llegaron a Galicia, ya existían los castros, el círculo mágico, las atalayas de tierra y mar.

Claro que, aunque los celtas hace tiempo que dejaron de estar presentes en la explicación del origen de esta tierra, lo que resulta innegable es que la actual Galicia tiene sus antecedentes más genuinos en la reconocida como cultura castrexa, de la que también formaron parte.

Se estima que hay aquí, actualmente,  unos dos mil castros,  los primeros lugares que se conocen como habitados. Pero la mayor parte de ellos están sin excavar.

Están ubicados en auténticos balcones a la naturaleza, lo que les convierte en lugares idílicos para los amantes del paisaje.

Los castros eran poblaciones agrupadas de forma circular, con una o varias murallas concéntricas. La planta de las casas era también circular aunque con la romanización, algunas, se hicieron cuadradas.

Estas concentraciones poblacionales de los pueblos galaicos eran de dimensiones muy variables. Para que nos demos una idea el Castro de Baroña tenía una superficie equivalente a tres campos de futbol y el de Lás a unos treinta.

El primer castro en excavarse fue el del Monte Tecla, en A Guarda, que se descubrió en el año 1923, cuando se construía la carretera hasta la cima del monte.

Los restos de la cultura castrexa que más abundan en la actualidad, en nuestros museos, son elementos de guerra y representaciones de guerreros en piedra, así como restos de cerámica.

Los castros suponen un rico patrimonio y un atractivo turístico excepcional, aunque solamente unos pocos son explotados como tal. El más concurrido es el del monte Tecla, el tercer monumento más visitado de Galicia.