galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

¡AY SÁLVORA! ¡AY SAN VICENTE!

Sálvora y San Vicente se enfrentan en la bocana de la Ría de Arousa. Son isla y cabo, referencia, ambos, en el paisaje más hermoso de esta costa. Pero San Vicente y Sálvora tienen usos diferentes. El cabo crece como destino turístico y la isla espera, paciente, que su conversión en Parque Nacional – pertenece al de las Illas Atlánticas-, le devuelva el esplendor perdido en el transcurso del tiempo. Sálvora es una isla-monte, triangular, rodeada a su vez por los islotes de Sagres y Centoleiras. Tiene condición de guardiana de la Ría y quizá por ello, fue isla pirata en la que cantaban bellas sirenas, según su legendaria crónica.

En el muelle de la isla, hay una escultura de la sirenita mítica que parece saludar al navegante que busca las playas vírgenes de la cara este. De su antigua cultura queda en pié, convertida en pazo, la antigua fábrica de salazón de Jerónimo de Hinojosa. Pero a pesar de su belleza, en Sálvora solo tienen vida los cormoranes y algún reptil que habita entre sus piedras, que viven los atardeceres asombrados por la intermitente luz del viejo faro. Y claro, en verano, sus playas.

San Vicente, al otro lado, es, sin embargo, bullicio de lugar humanizado cada verano, y cada uno de esos fines de semana en los que el sol aparece tímido en el horizonte que marca, precisamente, el más allá de Sálvora. Pero lo que asombra de este lugar es la luz fulgurante de cada tarde, que ensalza el paisaje de playa y acantilados, serpenteado por uno de los paseos marítimos más hermosos y agradables de Galicia. El que va desde el pequeño puerto hasta los límites militares de la Playa del Con.

En esa hora en la que el sol se quiebra a lo lejos, este paisaje es especialmente hermoso. Crecen en él estatuas de salitre entre agua y arena. El agua es de sal atlántica y la arena es la de la playa de los secretos amores en los atardeceres dorados. Entre Sálvora y San Vicente se ven pasar los barcos, de ola en ola.

Cuando yo era pequeño la ourensana Coral de Ruada ya cantaba una copla popular que decía: “¡Ay Sálvora! ¡Ay San Vicente!, as nenas bonitas haichas en Ourense…” Nunca entendí que tenían en común la isla, el cabo y mi ciudad… San Vicente do Mar es uno de esos lugares que, cuando lo conoces, jamás lo olvidas. Para mí empieza más allá de los apartamentos y chalets que destruyeron -durante la dictadura y aún después-, el mágico entorno que encara a la Playa de A Lanzada desde la península de O Grove.

Donde empieza el paseo de madera que va hasta el Con, está El Náutico, la meca de la música libre y del sonido que llega, cualquier noche de verano, desde la playa hasta las Ons, que hasta las sirenas abandonan sus palacios sumergidos para asistir a la fiesta. Porque eso es cada noche El Náutico, lugar de cita de los intérpretes más afamados de la música española e internacional y un punto de encuentro indispensable de quienes aman la libertad. Los hermanos De la Cierva son los artífices de la catedral de los chiringuitos playeros a la que peregrinan propios y extraños en busca de la diferencia. José Pérez, director de Instinto Films, nos la muestra en este minidocumental que no puedes dejar de ver.