galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

BIEN MORIR

Por José Antonio Perozo

Un tabernero que yo conocía se ahorcó en su bodega. Corría el tiempo de la política bajo palio y la familia de aquel hombre sufrió, además de la pérdida del ser querido, la deshonra de enterrarlo fuera del cementerio católico sin los rituales de la caridad cristiana. A mi asombro infantil, de ver el cadáver colgando por el cuello, se sumó la incomprensión hacia la condena social.

Desde aquel acontecimiento he querido entender el empeño de las religiones por dominar el principio de la vida –control de la sexualidad y de la gestación– y la regulación para poner el punto final a la propia existencia.

Mediatizado por la moral religiosa en la que fui educado, me costó llegar al convencimiento de que la vida, aunque no haya sido una elección personal, nos pertenece soberanamente. Ahora sé que mi cuerpo y mi mente pertenecen a mi propiedad inalienable. Entiendo que fui producto, exclusivamente, del amor y del placer de mis padres y formo parte de una especie a la que debo contribuir desde la solidaridad y el conocimiento.

Y hoy sé que eligiendo mi modo de bien morir no perjudicaré a nadie, no romperé ningún ritmo social de la existencia en común. Entiendo que apenas soy una simple circunstancia en el Universo. Mi resolución se llama libertad de conciencia. Aunque también le sobra el calificativo. Contra mi libertad no están las leyes civiles sino las religiones que las han condicionado durante siglos, imponiendo las diversas teorías espirituales, casi siempre coincidentes, sobre las legislaciones políticas.

Han pasado unos sesenta años desde la muerte del tabernero y, por lo mucho que he aprendido sobre las creencias religiosas y sus prácticas, interpreto que, con algunas excepciones, las artimañas sobre futuras existencias, las reencarnaciones, las esperanzas de salvación, el temor a las condenas de allá inventadas aquí, las argucias para controlar las vidas son resortes para ejercer el dominio de las mentes en beneficio de las organizaciones que las predican.

Por ello permitidme que hoy salude a la primera ley de eutanasia como otro avance hacia la desacralización de la sociedad moderna.

José Antonio Perozo