galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

CÁRCELES DE CUATRO ESTRELLAS

La única cárcel que conocí intramuros fue la de Vigo, aquella que estaba en la calle del Príncipe, pegadita al Flamingo y mismamente enfrente de Radio Popular: la que el ayuntamiento convirtió en museo de la modernidad. Había ido a hablarles de la radio nocturna a los internos, pero en realidad fueron ellos los que me dieron la lección magistral.

Los casos y cosas que me contaron aquel día me hace pensar que muchos de los que allí estaban eran gente buena… aunque, eso sí, les gustaba el dinero y no sabían robar legalmente, como hacían poderosos banqueros y empresarios adictos al Régimen. Nadie había hecho daño a nadie, aquella gente presumía de no haber cometido un solo delito de sangre.

Me quedé con el santo y seña de un famoso revientapuertas de la época al que apodaban El Palomo porque la mayoría de las veces se escapaba de la policía… volando sobre una moto. Se quejaba de todo: de la cutre celda, de la mala comida, del agua fría, del patio sin sol, del trato de los funcionarios, de los pedos de su colega, del olor del WC… ¡Todo era un desastre!

Pasado el tiempo, no hace mucho, fui al concello de As Neves y me lo encontré en Ribarteme…

—- ¿Non te recordas de mín?

—- Non…

—- Pois estiveches na cadea conmigo…

—- ¡Carallo, que forte!

—- Son O Palomo, ó, aquil que che contóu as súas fazañas e logo botachelas pola radio.

—- ¿E qué fas aquí?

—- Vivo aquí desde que Santa Marta curóume a enfirmidade pior que tiven.

Se le notaban las arrugas en el rostro y en el alma la desesperación vivida, pero sus ojos me decían que aún le quedaba la esperanza de algún día morir en paz.

—- Xa ves como cambiou o asunto…

—- ¡Lédome moito!

—- Non, o digo por os cárceres modernos.

Y me contó que en España, ahora, “se habían hecho las cárceles para los presos vip y que en ellas disfrutaban de auténticos lujos como piscina climatizada, campo de futbol de hierba, muebles de diseño y televisores de plasma en las habitaciones…”

Hace unos días se me dio por averiguar de qué cárceles hablaba “El Palomo” y me puse a visitar virtualmente las que resultan más lujosas por los servicios que ofrecen a sus internos. El resultado es más que sorprendente. Aunque no lo creas, hay cárceles vip. He aquí algunos ejemplos de los lujos de los que gozan algunos presos, en las prisiones españolas.

La Cárcel de Zaballa, en Vitoria, está considerada la más agradable para sus inquilinos. Su construcción finalizó en el 2011 y en ella se alojan los “arrepentidos de ETA”. Sus celdas están equipadas con las últimas tecnologías y son de diseño al estilo nórdico. Tiene piscina climatizada, pistas de frontón y de balonmano, campo de fútbol con hierba natural, les dan clases de yoga y tai chi… y por si se aburren mucho, cuentan con una estupenda sala de proyecciones.

La Cárcel de Pamplona, con doce años de historia, pasa por ser todo un referente del lugar a donde hay que mandar a los malos, es decir, a un hotel de cuatro estrellas. Verás, en la planta baja tiene zonas de estar, comedor de diseño, patio para juegos, peluquería, gimnasio y aulas formativas. También tiene piscina cubierta y campo de fútbol. Y en cada celda había una pantalla de plasma –hasta 721- que fueron retiradas tras haberle pedido explicaciones el parlamento a Instituciones Penintenciarias, que se había gastado en ellas más de cien mil euros.

En esta residencia tuvieron el placer de alojarse los vándalos de “La Manada” tras abusar sexualmente de una joven en los Sarfermines. El Prenda perdió allí, con tanto ejercicio, nada menos que treinta kilos.

La Cárcel de Archidona, en Málaga hace cinco años que se inauguró –quizá por eso no cuenta con ilustres entre sus inquilinos- pero se distingue de las demás por ser la única que pone una clínica dental al servicio de sus huéspedes, que también pueden gozar de piscina climatizada, sala de música y gimnasio.

Supongo que ya sabes que por la Cárcel de Soto del Real pasaron muchos ilustres, incluso alguna autoridad que la inauguró, ya que es el punto de destino de banqueros, políticos y empresarios juzgados por la Audiencia Nacional. Por ejemplo, Luís Bárcenas, Díaz Ferrán, Jordi Pujol Jr., o el que fuera presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, que, por cierto, se fue de allí -por el momento- a bordo de un lujoso Jaguar. Esta prisión se conoce como la “cárcel vip” y cuenta con celdas individuales con baño, además de excelentes servicios comunes.

En la Cárcel de Aranjuez es en donde estuvo el ex presidente de Baleares Jaume Matas, tras haber sido condenado a tres años por el Caso Nóos. En algunos módulos, los presos conviven con sus parejas y sus niños de hasta tres años de edad, en habitaciones con cama de matrimonio y baño y espacios contiguos decorados con motivos de Disney.

Pero la más moderna, que parece concebida en algunos de sus 16 módulos para los vip, es la Cárcel de Estremera, que acogió a gente como el ex dirigente del PP Francisco Granados, el ex presidente de la Diputacion de Castellón Carlos Fabra o el presidente de Ausbanc, Luís Pineda. También pasaron aquí sus días de condena injusta, Oriol Junqueras y otros cinco ex consellers de la Generalitat, víctimas del conflicto con Cataluña. Cuenta con gimnasio, piscina, biblioteca y varias salas audiovisuales, además de una enfermería modélica con equipos de telemedicina y consulta bucodental. El complejo costó cien millones de euros.

Muchos de los servicios con los que cuentan estas cárceles no los tienes en hoteles de cuatro estrellas. Además, estos alojamientos son gratuitos e incluso te pagan si haces alguna chapuza manual en beneficio de la comunidad; aunque de los sesenta mil reclusos censados en las prisiones españolas solo doce mil trabajan.

Lo que sí se sabe a ciencia cierta es lo que gasta el estado al mes en cada interno: 2.100 euros para su manutención, seguridad, limpieza o medicamentos. Una pasta gansa que sale de los impuestos que pagamos todos.

Termino. Por Barcelona cuentan que en el año 2011 hubo un amago de motín en la Cárcel de Roca del Vallés porque no funcionaba el Canal+ y en las Navidades del año siguiente, en la Cárcel de Girona, los internos pudieron elegir entre ocho menús: rape a la marinera con gambas, redondo de ternera con setas, parrillada de marisco y pescado, pato a la naranja o paletilla de cordero asado, entre otros.

No seré yo quien valore si es buena o mala política mantener estos lujos en las cárceles españolas; entre otras cosas porque doy mucho valor a la libertad. Pero a la vista de la crónica de sucesos que televisan a diario todos los canales, cada día son más las voces que piden el endurecimiento de las penas, algo que no casa con el trato que reciben los presos en España. Por lo menos, algunos.

XERARDO RODRÍGUEZ