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CARTA DE UNA ABUELA A LOS JOVENES DE VOX

Por María Luisa Chiscano

«Es muy fácil hablar y vitorear tiempos pasados, desde la ignorancia, la hipocresía o la mentira»

Algunos dicen que “con Franco se vivía mejor” y yo tengo la explicación: en tiempos de Franco, millones de mujeres no se iban (sin su marido) ni de fiesta, ni de copas, ni de viaje, ni a la playa, ni a conciertos, ni al cine, ni de paseo, ni al gimnasio, ni tenían esteticien, ni tampoco iban al fútbol, ni de acampada… Se vestían con faldas muy largas, con medias todo el año, sin enseñar piernas, sin enseñar brazos, sin enseñar escote ni espalda… Sin tatuajes, sin piercings, sin cabellos tintados, sin maquillaje, sin depilación.

La mujer era usada (por el varón) para el sexo y era una buena chacha para la casa… Si protestaba, su marido le plantaba una bofetada para «enderezarla». No podía fumar, ni comprar un piso, ni conducir, ni divorciarse, ni ducharse todos los días, ni arreglarse demasiado, ni protestar ni decidir a quién votar o cuando y como fornicar… ¡Sólo parir y parir, aunque costará la vida!

Se vivía en negro cuando fallecía un familiar y sólo de blanco (casada) si te «quería» un hombre y para toda la vida. Eras insultada si hablabas con amigos varones (puta) y si no hablabas con varones (fea y solterona). Tus juguetes eran las muñecas, la fregona, la caja de costura… Y tú obligación, aprender a cocinar, a limpiar, a criar niño@s, rezar el rosario y complacer al marido día y noche. Ni pelota, ni videojuegos, ni bicicletas, ni patinetes… eso era de chicos (rosa para ti y azul para él).

Todos los domingos a misa, las fiestas a misa, la semana santa a misa, en Navidad a misa y también al fallecer… A misa, ataúd y entierro (incineración ni pensarlo) porque para ser una buena mujer católica, tenías que ser «devorada» por los gusanos.

En invierno mantita o brasero (nada de calefacción) y en verano el abanico (sin aire acondicionado). Se comía mucho arroz, mucha patata, mucho pringue, mucho chopped, y mucho pan con aceite, ajo y sal, porque las pizzas, jamón serrano, salmón, ternera, gambas o comer fuera del hogar, era cosa de ricos.

Podría seguir así durante horas y horas, pero… ¿Para qué despertar tan malos recuerdos?

Es muy fácil disimular «demencia senil» con un móvil último modelo, con un coche en la puerta, con un televisor de 30 pulgadas, con un armario repleto de ropa, con la nevera llena y la casa caliente, con una visa en la cartera y enchufado a Internet. Poder decidir quién te quiere, como vestir, quienes son tus amigos y gritar “no es no” cuando te dé la gana; ir a la verbena, a la playa, al bar y mirar la hora y ver que son más de las 10 de la noche y aún no te han obligado a volver a casa.

Es muy fácil hablar y vitorear tiempos pasados desde la ignorancia, la hipocresía o la mentira que algunos, incluso a gritos, quieren «blanquear» para venderles a los más jóvenes, ese mundo feliz que nunca existió.

MARÍA LUISA CHISCANO