galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

CLAVEL DEL AIRE

Por J.J. García Pena

Varios son los “cristos de piedra” o cruceiros gallegos (todos ellos prolijamente registrados por el insigne investigador uruguayo Carlos A. Zubillaga Barrera) desembarcados en la rocosa y elevada península de San Felipe y Santiago de Montevideo ya desde sus tiempos fundacionales. Quizás los más conocidos y venerados -por su centralidad- sean los traídos por los hermanos Fernández Bermello, de los galaicos pagos de Amarante (Ourense). 

Uno de aquellos, quizás el más solemne, yergue su fuste en el cementerio Central de Montevideo, como señalando el lugar donde descansa Luís, uno de los hermanos emigrantes, “tan lejos del suelo patrio”, al decir del poeta.

El otro, testigo imperturbable de crueles tajos y plomazos, se acurruca -como una vieja ave herida- bajo un ala protectora de la iglesia del Cordón, en la céntrica avenida 18 de Julio. Cuando los ingleses atacaron el baluarte platense (1807), ya “era conocido por todos los montevideanos como El Cristo del Cordón o del Cardal”, combate “que pasó a nuestra historia con el nombre de Batalla del Cardal”. Testigo mudo y tinto en sangre de los dos bandos, ahí está nuestro cruceiro gallego.

Hoy -motivado por un feliz y fortuito hallazgo- me centraré en el pétreo custodio de Luis Fernández, cuya etimología de su segundo apellido, Bermello, me fuera recientemente revelado por el filólogo y escritor galaico-oriental José M. Monterroso Devesa, conferencista, hurgador de empolvados archivos y autor de varios libros eruditos, entre ellos la tenaz recopilación y estudio pormenorizado del origen de cientos de referencias geográficas, apellidos e nomes galegos do Uruguai.

José María Monterroso Devesa

ERASE UN CLAVEL DEL AIRE

Florecido en la alta estela

un clavelito, clavel

que se enredó en el cruzeiro

la cruz de piedra galaica

que varó en Montevideo.

Imaginé que el alma

de aquel saudoso pulpero

Luis Fernández de Amarante

que yace al pie del cruzeiro

y lo vi como ademán

nostalgioso pero alegre.

Claro destino que tuvo

la rural cruz andariega:

el cementerio marino

de la urbe rioplatense

tan lejos del cielo patrio

como cercano a mi pecho.

En verdad que diera algo

por ser, borracho de cielo,

el clavelito, clavel

que se enredó en el cruzeiro

la cruz de piedra galaica

que varó en Montevideo.

(Coruña, 1974)

Es precisamente Monterroso el autor de estos versos que encontré en galego, pero que habían sido concebidos en castelán al poco tiempo de haber retornado a su tierra natal. Son versos nacidos de la morriña do revés, esa suerte de dualidad emocional, ese mal de ausencia que non encontra acougo y suele aquejar a quienes , tras larga falta, vuelven a sus raíces y se preguntan, remedando al “Ñato” García ,(a) El Loco, uruguayo emigrado a Australia: 

– ¿Quién se habrá quedado allá en Melbourne? ¿Habrá sido El Loco o habré sido yo?

Y, de nuevo en “la otra orilla”, repetirá la pregunta en dirección contraria.

Sépase que, en la región del Plata, pulpero/a es quien regenta la pulpería, rural tienda  de ramos generales, ultramarinos, despacho de bebidas, bailongos improvisados, pencas cuadreras (carreras de caballos), juegos lícitos o prohibidos, a cuyos enrejados mostradores solían arrimarse gauchos anónimos o  legendarios y matreros perseguidos a imagen y semejanza de Martín Fierro,  Santos Vega, Martín Aquino o el (dís que) gallego Juan Moreira.

La Historia registra algunas mujeres al frente de las Pulperías. La más trascendente,sin duda por su hermosura y su “cantar de calandria“,  fue la que ” con sus ojos, alumbraba “ la parroquia  de Santa Lucía.