galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE PEOR

Por J. J. García Pena

A quienes honradamente se lamentan -no sin razón- de la “actual falta de respeto y consideración hacia nuestros semejantes” e, irreflexivos, afirman que “lo de antes era mejor, la gente era más respetuosa,” etc. etc, … les haría escuchar un poco -solo un poco- de una profusa lista de evidencias sonoras existentes, que los sacaría de su sincero engaño.

Hoy nos ocuparemos solamente de un exitoso tema musical, racista a todo trapo, de los muchos “graciosos” que hacían las delicias reideras de buena parte de la sociedad rioplatense (sospecho que también las de otras similares) entre -al menos- los años treinta y cincuenta del siglo pasado, pero que se siguieron propalando por radio, cínicamente, hasta hace bien poco, ya en pleno siglo XXI.

Se trata de una milonga absurda, cuya finalidad era divertir humillando a minorías de nuestro prójimo. Los tales engendros “artísticos” corrían y se festejaban a la par de chistes a cuenta de las distintas colectividades que conformaron el todo social. Los más populares fueron los chistes de gaitas, tanos y judíos o rusos, como se les llamaba a los hebreos en la orilla de enfrente. A cada cual se le colgaba el sambenito de brutos, ignorantes, sucios, o usureros.   

Pero “los negros”, a quienes he dado en llamar los únicos inmigrantes que llegaron a América contra su voluntad, fueron canallescamente vilipendiados hasta en El Martín Fierro, usando como vehículo al propio protagonista, Martín, paradigma del gaucho bueno, utilizado, perseguido y despreciado, a su vez, por el poder central. 

El alambrado de los campos y la maquinaria agrícola acabaron con su vida de centauro y, ya inútil, lo enfrentaron a la cruda realidad de ser un paria en su patria.

Recordémoslo solo en un triste pasaje del libro de José Hernández en que Fierro, harto de injusticias, derrama su bilis envenenada contra otro infeliz, tan o más desgraciado que él:

A los blancos hizo Dios,

a los mulatos San Pedro.

A los negros hizo el diablo,

para tizón del infierno.”

Quizás la audición de este burdo tema en el educado vozarrón de Edmundo Rivero, sirva para hacernos reflexionar sobre tantas otras barbaridades que se cometieron -y cometen- contra otros colectivos, por el simple hecho de ser “diferentes”  a la mayoría consumidora de tal o cual “arte”.  

“Los negros”, en esos años, no tenían acceso a comprar discos o entradas a teatros, y menos a tener una victrola, pero “servían pa’ risa y estropajo”.

He aquí un ejemplo: