galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

DE AQUEL NODO GRIS AL VIGO MAS LUMINOSO

«…Si me pega me da igual.  Es natural.»

Por J.J. García Pena

Quienes conocimos -padecimos- aquella España color gris No-Do, tenemos elementos de sobra para sentirnos satisfechos con lo avanzado en este último casi medio siglo de democracia.  Democracia imperfecta, sí, pero democracia al fin. La ciudad de Vigo bien podría ser el símbolo de la -impensable años ha- luminosidad mental multicolor, de esta España nueva.

A nuestros maravillosos jóvenes -la enorme mayoría lo son; no te dejés impresionar por la conducta de los cuatrocientos locos del botellón-  estoy seguro que, si se lo sabemos transmitir, no les costará comprender cómo era y cómo nos  fue posible sobrevivir a tanta mediocridad social.

Si se les relata con pruebas y no con cuentos lo que por suerte  no vivieron,  ellos sabrán valorar los beneficios de la democracia y, por tanto, sabrán cuidarla cuando ya no estemos.

Va solo un botón de muestra para que puedas rastrear y ahondar -si te interesa- en el origen y en la «inexplicable vigencia» de esa lacra vergonzante que hoy, entre casi todos, tratamos titánicamente de revertir: la abominable violencia contra el género femenino.

Quizás no conozcas o nunca hayas prestado atención a una letra sórdida que no necesita explicación alguna: 

«Si me pega me da igual, es natural»

Lo más trágico de ella es que ¡fue popularizada por una mujer famosísima y aplaudida por todos!

En la mitad del siglo XX se seguía imponiendo el patriarcado más vil e inmoral y la mujer doblegaba la cerviz. ¿Qué otra cosa podía hacer? Pocas podían desafiar la presión social -¿quizás doña Emilia Pardo Bazán en los albores del siglo?- porque estaban condicionadas por el asfixiante corsé de «la moral y las buenas costumbres».

Hoy nadie compondría -y no creo que ninguna mujer cantase- tan asqueroso argumento. No neguemos lo evidente: a pesar de los asesinos de mujeres y demás lacras sociales, estamos avanzando. Lo bueno y lo malo se pueden explicar y entender, pero no es lo mismo entender que justificar. La infamia disfrazada de moral siempre ejerció dominio aplastante, pero nunca tuvo razón.