galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

EDICIÓN 657

Jueves, 1 de enero 2026

CANTÓ EL VIENTO EN MI VENTANA

—– Cando o vento zoa na fenestra non hai quen durma…

¡Cuánta razón tenía mi abuela cada vez que hablaba del tiempo! Solo la superó Santiago Pemán en TVG, cuando no tenía tanto aparato de medición y sin embargo era el referente de la sabiduría popular.

De madrugada hubo un momento en el que el viento pasó por mi ventana cantando su canción con tanta fuerza que me la aprendí de memoria y me acurruqué bajo la manta, en el sofá, preparado para volar, como si fuese el farero de la Estaca de Bares, donde el suroeste pasaba una vez y otra, a ciento cuarenta kilómetros por hora. Pero se fue pronto con su música a otra parte y nosotros seguimos la fiesta… para entrar con buen pie en el año nuevo.

¿Sucedió así o lo soñé mientras esperaba la opípara cena?

LA FIESTA EN CASA

Hace al menos una década y media que nosotros nos montamos la fiesta en casa. Entre otras cosas, porque no hay mejor restaurante en el mundo que Casa Gloria. No tiene estrellas Michelín, pero yo le bajo todas las estrellas azules que encuentro en el firmamento cada noche, para perpetuar mi amor y mi respeto a la mujer que me dio tres hijos, cuatro nietos y una vida llena de felicidad.

Por eso solo le he pedido al Año Nuevo que prolongue el éxtasis final hasta mucho más allá del próximo evento, que los achaques se van aguantando y estos besos saben a bogavante y a salmón con salsa de caramelo, a turrón artesano y a bombón de chocolate… Además, 14 horas después, que bonito es contártelo a ti, mi gente.

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA

Este era el refrán favorito de mi madre. La frase formaba parte del ritual de las doce uvas y desde que se fue al Espacio soy yo quien pronuncia tan solemnes palabras. En ellas nos escudamos para inventar nuestros propósitos, pero… ¿Sabes? ¡Pocas veces los cumplimos!

Anoche, de madrugada, cuando estaba a punto de dejarme ir en brazos de Morfeo, me repetí a mí mismo…

—– Año nuevo vida nueva… ¡Mañana empiezo a caminar de nuevo!

Pero hoy… cuando abrí la ventana y vi que el sol no era capaz de subir los dos grados de temperatura, como en el peor de los inviernos, vamos, que hasta los perros aguantaban el pipí y se quedaban en casa, me dije…

—– Bueno, a ver si calienta un poco más mañana.

Hasta ahora solo te puedo decir que mi primer propósito se quedó en eso, en una buena intención. ¿Y el tuyo?

EL PRIMER YANTAR

En la cocina de Gloria he visto grelos y una gran olla donde bien podía estar hirviendo un lacón de esos de “porco celta”, que es mejor que el más bueno. Así que me dije…

—- Quieto parado, olvídate de los aperitivos que luego no das con todo y este de hoy es un plato único y sin igual.

Así que, aquí me tienes, esperando que el reloj nos marque el tiempo del primer yantar del año. Parece que asoman las raioliñas entre las nubes de la mañana, como si el día quisiera obligarme a caminar por los senderos de este sanatorio que es la aldea próxima.

Otro propósito:

—- Por la tarde intentaré volver a pisar todas las sendas que el año pasado pisaba todas las tardes con fe de viejo caminante.

LOS AGOREROS SE EQUIVOCARON

Ya ves. Llevamos unas horas del 2026 y ningún meteorito impactó en la tierra, los polos siguen en su sitio y la poderosa energía solar que iba a quemar la mitad de la bola del mundo, quedó medio escondida, al menos en esta mi Tierra, detrás de las populares nubes blancas. El Planeta Azul sigue en su órbita y ningún mítico personaje aterrizó aquí su nave espacial. Así que los agoreros, como siempre, se equivocaron en sus profecías, pero los adivinos se forraron con sus vaticinios sobre la Nueva Era. Tranquilos pues, que según parece aún no es la hora del apocalipsis anunciado.

GRACIAS Y BUENA SUERTE

Ya solo nos queda esperar la llegada de sus majestades los Reyes Magos, que estos sí que son reyes de verdad. Ellos pondrán fin a los fastos de unas fiestas que, por tradicionales, hemos llenado de dulces y buenos deseos, procurando mirar hacia el lado bueno de la vida que nos tocó vivir y borrando de nuestra memoria todo aquello que nos contagiaba las penas que nos rodean.

En este primer día del año nuevo eleva tu plegaria para que sigamos amándonos todos. No te olvides de poner música hermosa para que todas las estancias se llenen de felicidad. Yo, como hago siempre, convoco a los cuatro elementos para que sigan sosteniendo nuestro universo e invoco al sol que combate la negra sombra para que ilumine son su luz este 2026…

¡Qué no nos falte a ninguno ni la salud, ni el amor, ni el trabajo…! ¡Ah! Y por todo lo que me has dado en el 2025… gracias.

TIEMPO DE VACACIONES EN ANCARES

Estos días volvió la nieve a la gran montaña de Galicia y mi cabeza no resiste el recuerdo de Ancares a lomos de una mula vieja o caminando al lado de aquellos niños de la entrañable escuela de Piornedo, que soñaban y sueñan con vivir en este paraíso, desde cuyos picos se sigue tocando el cielo cada día…

El tiempo pasado me devuelve a la memoria la serpiente de tierra pizarrosa que pisábamos para llegar desde Degrada al Piornedo, entonces de Donís y menos famoso en las guías turísticas.

Habíamos dejado atrás el Mustallar, que marcaba ya los límites entre Galicia y León, y aún nos asombraba cada rincón de un camino que nos llevaba al último refugio.

Veíamos entonces como el urogallo huía por entre el bosque de acebos con sus bolitas rojas y los corzos le seguían con la mirada desde los Tres Obispos…

Entonces era fácil comprender que estábamos en los finales bosques eurosiberianos, dignos aún de ser llamados bosques. Que aún son verdaderas selvas umbrías que esconden todo un reino animal que se niega a sucumbir ante la modernidad…

Hoy doy gracias a aquellas gentes que, ayudadas por aquel aislamiento, supieron conservar la mayor conjunción de valores etnográficos y naturales que existen y subsisten a pesar de los tiempos de nuevas carreteras de montaña… de todoterrenos dejando su huella en las campas… Incluso de la codicia del hombre.

Cuando uno traspasa la frontera de la ancianidad, vive de los buenos recuerdos y mis vacaciones en Ancares forman parte de mis tiempos más felices.

XERARDO RODRÍGUEZ