galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

EDICIÓN 794 – 30 de septiembre, 2026.

GENTE DE ALDEA Y GENTE DE CIUDAD

La gente de aldea tiene personalidad, la que vive en la ciudad es un número del censo. Aquí todos nos conocemos y cuando nos encontramos hacemos vida social, conversamos. Sin embargo, en la capital, tropiezas con cientos de mujeres y hombres que pasan junto a ti, indiferentes, a su bola y sin que parezca importarle una sonrisa o un afectuoso saludo.

Dirás que eso ocurre porque somos muchos menos, pero esa es una verdad relativa. En el edificio en el que vivimos en Vigo, antes de irnos al Carballal, solo conversábamos con Manoli y su yerno, Moncho Armesto, además de con el portero, el inolvidable Alfredo; y había 60 familias que moraban en él.

En Madrid, después de probar adosado en Pozuelo y hotel en Gran Vía, elegí un edificio de 120 apartamentos de la calle Vallehermoso, del que solo conocía a Yosiko, una intérprete japonesa con la que intercambiaba reverencias; y también al portero, Vicente, un cheli muy simpático que me saludaba con un chiste.

En Santiago, nada más llegar, alquilamos piso en General Pardiñas. Al parecer el edificio era de alcurnia compostelana pero la educación brillaba por su ausencia; por eso, en corto plazo, elegimos para vivir adosado en Montouto, en donde comenzamos a saborear las tertulias de aldea, que aquella urbanización era lo que más se asemeja al lugar que ahora habitamos.

Cuentan que Kissinger, en uno de sus múltiples viajes a España, dejó una frase para la historia…

—– En España las élites son mucho peores que la gente a la que llamamos normal.

La pregunta que hoy en día se repite delante de la pantalla de un televisor, a esa hora en la que todas las cadenas se ponen de acuerdo para contarte su actualidad, es…

—– ¿Y quiénes son las élites?

La respuesta está en los rostros de los que repiten informativo, cada día, varias veces al día.

Por ejemplo, los reyes y las princesas; los ricos empresarios del Ibex, los presidentes de los clubes de fútbol; los “mejores del mundo”; todos los líderes políticos…

Hoy Kissinger nos contaría que las élites españolas son nuestra verdadera ruina y mucho peores que las que registrábamos en los ochenta.

Sin embargo, lo más grave que le puede pasar a un país, a mi entender, es que sean los ciudadanos de a pie quienes prefieran ser elitistas. Por eso no conversan con sus vecinos.

Eso se nota caminando por la ciudad, donde todos miran de frente sin fijarse, siquiera, en quienes van a su altura…

Hoy amaneció ya a las ocho y media. Hay que ver cómo el otoño se va comiendo el día y alargando la noche. Ni siquiera vi el sol porque llovía y me quedé tras los cristales de casa, esperando que se hiciera la luz. El viento dobla la copa de los árboles y llega cálido, sureño, que estamos -según mi ordenador- a 17 grados y subirá la temperatura hasta los 22. No parará de llover en todo el día; desde la tarde con fuerza, como de postre… ¡Es lo que pedíamos!

SIGUE LA ACAMPADA, MARICARMEN VOLVERA A SU CASA Y EL DECRETO DEL GOBIERNO LIBRARÁ UNA DURA BATALLA PARLAMENTARIA

Siento, lo de la lluvia, por las acampadas solidarias de las y los “sindicalistas inquilinos”, aunque he visto en TVE que el tiempo les ha dado una tregua a los de la Puerta del Sol y les ha llevado una muy buena noticia de última hora: Los representantes de Maricarmen llegaron a un acuerdo con los buitres de Urbagestión y podrá regresar a su piso de toda la vida, una vez que se recupere en el hospital, por un alquiler no superior al 30% de sus ingresos.

Según informó TVE, a pesar del acuerdo individual conseguido para Maricarmen, el sindicato y los manifestantes han anunciado que la acampada va a continuar de forma indefinida. El objetivo es mantener la presión política bajo el lema “Ni una Maricarmen más”.

En cuanto al Decreto ley que irá al Congreso para que sea refrendada la aprobación del gobierno, tiene estos puntos básicos:

— Freno a los desahucios: Se plantea prohibir los desahucios de personas vulnerables.

— Prórroga de contratos: Se propone amparar una prórroga forzosa de dos años en los contratos de alquiler habitual existentes.

— Alquiler temporal: Se endurece la normativa del artículo 7 de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), obligando a los caseros a justificar con causas “reales y acreditables” la temporalidad. De lo contrario, pasará a considerarse alquiler residencial común de forma retroactiva.

De momento, hay falta de acuerdo para su aprobación por el Congreso con Junts, cuyos votos son indispensables. Tanto Vox como el Partido Popular no están por la labor ni de abstenerse.

La fuerza de los jóvenes, como vemos, consigue lo que está en su mano: que Maricarmen, cuando reciba el alta médica, regrese a su casa. Pero a los políticos, sobre todo a esta derecha recalcitrante que ya forman una coalición como si ya gobernara, solo les preocupa el poder no los problemas de los ciudadanos.

Este Decreto va a ser debatido en una batalla parlamentaria que se considera crucial cara a las elecciones, porque la vivienda es la mayor prioridad social de España y lo que mas interesa a los españoles.

POBRES LOS QUE TIENEN EL CIELO POR TECHO

Sigue lloviendo ahí fuera, pero las nubes pasan a toda velocidad. Esto quiere decir que de la Galicia Única se irá pronto esta primera borrasca del otoño. Cuando llueve y no me mojo porque estoy a gusto frente al teclado contando historias, me acuerdo especialmente de los sin techo, gente a la que ya no le queda imaginación suficiente para soñar, siquiera, con una vivienda social, digna como reza en la Constitución, una de esas que prometen los políticos cuando están en campaña y de las que luego se olvidan. Estos líderes de ahora ni son capaces de construir albergues para evitarles la desgracia de tener que utilizar las aceras como colchón, el cielo como techo y los cartones como mantas.

Es cuando mas te indigna que la lideresa de Madrid se compre un ático de seis millones y medio de euros para su domicilio oficial… ¡Que asco de gente!  

Dicen que en España hay mas de cien mil personas durmiendo en la calle.

EUROPA SE MUERE

Recuerdo cuando el europeísta Felipe González citaba a Salvador de Madariaga para convencernos de que la unión de los pueblos europeos era lo mejor que podía sucederle a España…

—– El único obstáculo es la imaginación del hombre.

El ilustre coruñés había recibido el premio Carlomagno en 1973 “por su contribución a la unidad europea”. El mérito de Madariaga para obtener el galardón debió de ser que era gallego, como más de medio millón de emigrantes que comenzaban por entonces a dominar el alemán, el inglés y el francés.    

También lo recibió Juan Carlos de Borbón, que ya me contarás que méritos tuvo; el alemán Wolfgang Schaüble, que estuvo a punto de acabar con el euro queriendo echar a Grecia; o Jean Claude Juncker, un pájaro que permitió que Luxemburgo, su país, facilitase la evasión de impuestos. O la propia Ángela Merker, principal baluarte del reformismo económico que desembocó en la actual situación de los países del Sur.

Sí, yo también recuerdo cuando Galicia estuvo plagada de carteles en los que se podía leer “obra financiada con fondos europeos”, como si Europa hubiese construido el país. Pero no olvido el daño causado a nuestro sector pesquero, al agropecuario, al naval…

Europa chupó la sangre de Galicia y destruyó su rural. Convirtió a nuestros jóvenes mejor preparados en camareros y a España la metió en un berenjenal del que le va a costar muchos años salir.

Verás. A Europa la dirige la mediocridad sin imaginación, sin conocimientos políticos y con una alegría que mete miedo, de ahí que los ciudadanos estén constantemente en las calles pidiendo soluciones y cambios. Les gritaron a los migrantes desde el Parlamento Europeo:

—– No vengan a Europa.

Pero su mensaje no llegó a los casi dos millones de migrantes que hoy huyen de la muerte y que aún tratan de atravesar fronteras cerradas con vallas de alambre de espino y cuchillas. Y lo que es peor, los mares de nuestra proximidad se han convertido mares de muerte y es rara la semana en que no se ahoguen en ellos alrededor de mil inocentes, hombres, mujeres, niños, incluso bebés, rompiendo el corazón de las personas de buena voluntad.

La realidad es peor que la ficción y el futuro es, o eso parece, tal y como lo pintan los guionistas: ya hay dos mundos, uno es Invernalia y el otro Desembarco del Rey. Todo ser humano tiene derecho a encontrar la felicidad huyendo de los lobos hambrientos salvo que los Siete Reinos se unan para acabar con las fieras.

Nos extraña que exploten bombas y suenen los fusiles cerca de nuestras propias casas. El terrorismo nace del odio y eso que llamamos yihad surgió, desgraciadamente, en Europa, con los lobos solitarios, más de cinco mil, entrenados por el Estado Islámico para matar y morir.

Las crónicas hablan del gran fracaso de la inteligencia europea, de la falta de coordinación de los diferentes cuerpos policiales, que ignoran si aún hay un alto porcentaje de yihadistas mezclados entre la gente común de nuestras naciones.

Los políticos europeos quieren ignorar que la radicalización de muchos de estos jóvenes es una amenaza y no se percatan de que la situación puede empeorar si no se pone fin a las guerras de África, de Oriente Medio o de Ukrania, que también es Europa.

A estos problemas hay que añadir las consecuencias de una mala política social tras gestionar crisis a espaldas de los ciudadanos que se han visto empobrecidos por decisiones políticas capaces de provocar auténticas revueltas sociales en todos los países, dando lugar al fenómeno del populismo.

Rescates, recortes, deuda, privatización… Son palabras de un vocabulario que avivó el fuego de la indignación, fenómeno social que se extiende “desde España a Escandinavia” y que está haciendo fracasar estrepitosamente las políticas del bipartidismo instalado en la comodidad. Estamos asistiendo al asedio de conservadores y socialdemócratas por parte de esas nuevas fuerzas llamadas del cambio. Ninguna está de acuerdo con la sumisión a esta Europa, un árbol que se está muriendo.

Cuando Alemania se quede otra vez sola en el continente sabrá lo que es de verdad una gran putada.

GALICIA EN ROJO

23

EL ASESINATO DE LA CURANDERA

Estaba sentada con la cabeza sobre la mesa de la cocina, como durmiendo esa siesta obligada al calor del carballo quemado en el fogón de la “económica”, que para nada encendía aquella “lareira” bicentenaria, la misma que curara el frío a sus bisabuelos.

En la vieja casa ya no quedaban hombres. Solo ella. Subsistiendo… Se llamaba Martina como su tío, que aún vive en Lugo; pero él se olvidó siempre de su sobrina.

Martina Expósito Álvarez, curandera de profesión, joven y bella como su madre, emigrada al igual que su padre… Tal vez muertos ambos los dos a aquellas alturas, como parecía decir la foto estratégicamente colocada en la estancia principal, al lado de la de dos adolescentes.

Sus manos eran todo un alivio para los huesos y para los músculos maltrechos y gracias a ellas, a las manos, iba tirando con la “voluntad” de quienes acudían a su consulta…

—– ¿Qué che dou, Martina?

—– Eu non cobro, Luís. Dame “a voluntad”.

La casona familiar que Martina semihabitaba, estaba rodeada de un terreno yermo, cubierto de margaritas en primavera, de alta hierba en verano que se encargaba de quemar la nieve o la “xiada” de invierno.

Detrás de ella, la imponente Serra do Faro y a unos tres kilómetros por pista de tierra, Bermún, pequeña parroquia de Chantada a la que llegaba y aún llega hoy poca gente.       

Entre Bermún y Cea viajas por una estrecha carretera pero de espectaculares perspectivas, cuando te lo permiten las carballeiras que dan sombra a la serpiente de asfalto que rodea los altiplanos, las estribaciones de la sierra, a la que por este costado llaman Da Martiñá.

José Castro Fernández, el otro protagonista de esta historia, quiso ser monje en Oseira porque estaba siempre muy debilucho, no podía con las faenas del campo y la emigración le asustaba…

Aquel pobre, de joven solo pudo llegar a ayudante de panadero en Cea, en donde terminó con los dolores de espalda más horribles que te puedas imaginar…

—– José, usted tiene que dejar la panadería. Está enfermo y su espalda no le permite hacer esfuerzos…

El Dr. Arias, médico de familia por aquel entonces en Cea, fue quien le habló de Martina por primera vez…

—- Vaya a Bermún, pregunte por Martina y ella sabrá como aliviarle el dolor… 

Cuando José Castro tuvo delante a Martina revolotearon todas las mariposas del entorno, que ya estaba el campo lleno de margaritas y las nubes que coronaban el Faro habían huido despavoridas.

No cruzaron palabra entre ellos hasta que José se cansó de admirar a aquella mujer y transmitirle con sus ojos lo que ya supo, a primera vista, que era amor…

Ella, sin embargo, fría, distante, calculadora, solo le preguntó…

—– ¿Qué che trae por aquí?

—– Pois… pois…

Él no sabía si aguantar el dolor para disimular el motivo de la visita, hasta que…

—– ¡A ver que temos por aquí! ¡Túmbate nesta mesa!

Empezó a tocarle por todo el cuerpo lo que aceleró la lívido de José, pero…

—– Da a volta, veña…

—– ¡Ay….!

Martina manoseó aquella espalda maltrecha descubriendo la desviación de columna que padecía, pero consiguió aliviar el dolor para asombro del joven que creyó encontrar su diosa al pie de la Sierra del Faro, en la soledad de una casona de labranza tan antigua como impresionante.

—– ¡Xa non me doe!

—– Pois cando che doa volves. Agora dame “a voluntad” e vaite, que teño que facer…

A José Castro dejó de dolerle aquella espalda y volvió a la panadería, nuevo y felizmente enamorado… aunque con la impresión de no ser correspondido. A pesar de no volver a sufrir, sus visitas a Martina eran cada vez más frecuentes.

Hasta que un buen día ella se sinceró…

—– Mira José, eu sei que ti buscas aquí algo mais que curar a espalda, por eso quero que sepas que eu nin estou namorada de ti nin o estarei nunca.

—– ¿Cómo podes decir nunca?

—– Porque os meus sentimentos xa están comprados hay moitos anos, de nena, cando o Quenucho, o meu amor,  matouse o cair daquil muro e rompeu as cervicais… Dende entón non hai ser humán que me interese e só a sua lembranza me mantén viva… porque é o seu esprito o que me transmite este poder que cura a xente.

Desesperado, José abandonó la estancia, aquella cocina a la que Martina le había permitido acceder en un gesto de simple amistad…

Pasó un año y José no volvió a ver a Martina, que seguía atendiendo por “la voluntad” a una nutrida clientela. Eso se notó en algunos arreglos que hizo en la parte de la “consulta” y también en sus habitaciones. Las demás, hasta cinco, se abrían solo de tarde en tarde.

Martina vivía mejor. Había cumplido los treinta y siete y seguía tan hermosa y fresca como cuando era una veinteañera abandonada a su propio destino…

Se podía permitir uno de sus caprichos. Traer el pan de Cea, que era el que más le gustaba. Prácticamente consumía un mollete al día. Se decía a sí misma…

—– Iste pan non engorda…

Aquel día nevaba y tanto la sierra como los campos mostraban su blanca pureza a los animales del bosque, los únicos que se atrevían a hacer el camino hasta Burnes.

Sin embargo Martina, distinguió a lo lejos la figura de José, caminando hacia el viejo caserón…

—– ¿E logo? ¿Voltaron os doores?

—– Non Martina, simplemente quería saber cómo te atopabas e sí tiñas pan, porque o que che traen é da miña panadería, a que merquei; así que me dixen… ¡Lévollo eu! ¡Toma!

Y José depositó en la mesa tres molletes de pan de Cea, recién salido del horno, con un olor que alimentaba…

Martina agradeció el detalle con un beso en la mejilla pero llegaba tarde. El panadero esperaba un gran acontecimiento…

Cuando el sargento Heredia, reputado investigador del Cuartel de la Guardia Civil de Lugo vio el cadáver de Martina supuso que alguien le acompañaba en el momento en el que sobrevino su fallecimiento, por las marcas de harina que estaban al otro lado de la mesa.

La harina estaba aplastada, como si alguien hubiera puesto un brazo sobre ella. Por eso pidió que se le hiciera la autopsia por si se tratase de un suicidio o asesinato. Y acertó…

El forense encontró restos de veneno, del que se utiliza como matarratas, en el pan que había digerido la curandera y José Castro tardó solo seis horas en ser detenido como presunto culpable del crimen…

—– Mateina porque era meiga. Tíñame enmeigado. Eu non pensaba noutra cosa que non fora nela. ¡Era bruxa! ¡Por iso curaba a xente!

José Castro fue llevado a prisión, a la cárcel de Ourense, aquella que estaba cerca del Posío. No salió nunca porque murió a los tres años de una penosa enfermedad que infectó su columna vertebral y todo su esqueleto…

Nadie lloró su muerte…

A MAHÍA NO ES UN VALLE DE VACAS

Me he dado cuenta de que en las aldeas de mí valle no hay vacas en los prados, solo ovejas…

—– Pero de cando en vez veñen de fora a botar purín.

—– Eso sí.

Esta mañana, cuando la hierba mojada destaca con intensidad sobre el paisaje, me pregunté porqué.

—– Pois porque xa non rendabilizan.

—– ¿Non te decatas dos problemas do leite?

Me he interesado por saber cuántas vacas quedan en Galicia del millón aquel del catálogo de Manuel Rivas, pero a estas alturas, por no haber, no hay ni un censo… Ni tampoco nadie te confirma si es verdad que cada día, en el último año, cerró una explotación láctea por los problemas de la leche causados por su deprecio.

Todo esto es un misterio y te lleva a pensar si algún día podremos hablar de un sector agro-ganadero gallego como el de antes, cuando la Literatura se ocupaba del que fue nuestro animal totémico, hoy casi en el olvido. Está a punto de perderse la perspectiva mas bucólica de Galicia.

Dejo la crónica esta vez con la nostalgia de los prados verdescentes, pero te prometo seguir investigando sobre las vacas que nos quedan y en donde se esconden. No te olvides de que mañana vuelvo y Galicia en Rojo tendrá continuidad. Por cierto, gracias por vuestros mails, veo que a la mayoría os gusta la novela negra. Hasta mañana, mi gente. Buenos días y buena suerte.