galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

EL AMIGO AMERICANO

Por Xosé A. Perozo

Los sabios que redactaron el comienzo de la Biblia eran perfectos conocedores de la condición humana. Desde Adán y Eva nos encasillaron en tres arquetipos inseparables: los buenos, los malos y los intermediarios. Adán era bueno y confiado, Eva pecadora, la serpiente el mal sibilino. A los hijos de la hipotética primera pareja, Caín y Abel, les correspondió representar el eterno enfrentamiento humano y el triunfo del mal. Desde entonces, asesinado Abel, los malvados herederos de Caín tienen en sus manos el timón de la especie. A lo largo de la Historia los malos famosos siempre han ganado y han sido ensalzados como héroes de guerras o de simples batallas. Incluso infinidad de santos varones de todas las religiones fueron malvados integristas capaces de llevar a la hoguera a quienes no creían en sus dioses particulares. En nuestro presente el mayor sucesor de Caín es Donald Trump y tipos como Netanyahu, Putin, Kim Jon-un, Xi Jinping o Nicolás Maduro pertenecen a su cofradía. Como pérfidos desprecian a la especie a la cual pertenecen. Para ellos el asesinato de un individuo o el genocidio de una colectividad no alcanzan más valor que el propio de la especulación territorial, económica o el de la detentación narcisista del poder. Este enunciado es terrible, pero yo le invito a pensar en ello frente al genocidio de Gaza, la invasión de Ucrania, los experimentos nucleares de Corea del Norte, el sometimiento del pueblo chino o la represión venezolana. También le propongo repasar la historia universal desde las perspectivas del humanismo crítico.

La semana pasada hemos asistido en Egipto a la fiesta de la falsa paz entre Israel y Palestina para mayor gloria del Caín contemporáneo. Una apuesta televisiva, arropada por importantes líderes políticos, con todos los ingredientes propios del reality show tan amado por Trump. Un ejemplo desesperanzador del triunfo del mal aceptado por las costumbres pragmáticas de las políticas internacionales. Me resultó penoso contemplar allí sentados, como momias patéticas, al presidente anfitrión Abdel Fattah al-Sisi, al presidente de España, Pedro Sánchez, al de Francia, Macrom, al del Consejo de Europa, Antonio Costa, al primer ministro británico, al rey de Jordania, al pisoteado presidente de la Autoridad Palestina, Mahumud Abás… mientras el cainita principal, Netanyahu, se burlaba de ellos desde su guarida de Israel. ¿Por qué acudieron todos a pelotear a Trump y reírle las gracias? ¿La erótica del poder? ¿La miseria de la maldad?

En el caso de España, desde que en septiembre de 1953 la dictadura de Franco firmó los Pactos de Madrid con EE.UU., se nos inculcó un oscuro servilismo hacia el amigo americano. Lo hemos colocado en el imaginario cultural como ejemplo de libertades individuales, de poderosa democracia, de protección militar de la vieja Europa, de relaciones comerciales ventajosas… En la actualidad su presunta democracia de millonarios es un pudridero capitalista para la libertad, la inmigración y la convivencia, nos vigilan y controlan con sus bases militares, la OTAN es una imposición castrense, deciden los precios de nuestro supermercado del barrio y nos alistan a las contiendas de su conveniencia. Estoy por afirmar que el imperio americano del siglo XX muestra los estertores del final. Locos como Trump nos retrotraen a los años setenta y ochenta, a volver a la calle y gritar: ¡OTAN NO, bases fuera! Sin dar pie a que el Felipe González de turno nos confunda. En Gaza y Ucrania está venciendo Caín, el teatro de los aranceles o la expulsión de la OTAN sólo es teatro bíblico. La mandíbula del burro muerto.

X. A. PEROZO