galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

EL HAIGA DEL INDIANO

Los niños quedaron asombrados ante aquel Pontiac del 52, que ocupaba todo el ancho de la carretera.

Era la general de Ourense a Santiago, pero por su estrechez bien podía confundirse con el empedrado Camino Real, es decir, con la Vía de la Plata.

El “haiga”, nuevo, brillaba más que el sol, sembrando envidias en mi pequeño pueblo de emigrantes.

Aquel indiano, sin embargo, no llegó a tener mansión en Cudeiro por culpa del desamor de su bella esposa; pero será recordado por todos los niños de la época como el primero que llegó de Venezuela en “haiga” propio.

Inocencio, a quien su Dios abrió ya las puertas del cielo, volvió para Venezuela días después de su llegada y el “haiga” murió de pena en el garaje de la casa de mis padres, porque no había otro capaz de salvaguardarlo del frío invierno que venía.

Hubo más indianos que regresaron al pueblo como el Miño a su cauce tras las lluvias de abril. Y todos lo hicieron en “haiga”, que desembarcaban del Segarra o del Valbanera o del Santa María, según fueran pibes, habaneros, caraqueños o maracuchos.

El buen productor vigués Cesáreo González vivió muchos desembarcos de haigas, cuando de niño recibía a los trasatlánticos en la Estación Marítima. Y de su imaginación nació “Luna de Miel”, producción cinematográfica de Suevia Films, la primera que reconvirtió aquellas huidas en las actuales venidas de los cruceros turísticos.

De cualquier modo, sería injusto recordar a los indianos solo por sus “haigas”, porque a ellos debe toda una generación de gallegos su desarrollo como personas, en numerosas escuelas, que aún perduran reconvertidas en centros de cultura y de ocio.

Porque los indianos fueron quienes nos enseñaron a pronunciar la palabra solidaridad.  ¡Y aún no somos capaces de decirla como ellos…!

Nunca olvides a aquellos abuelos cuya historia está escrita en un mar de ausencias. Ellos son nuestras raíces.