galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

EL MONASTERIO DE SAMOS

La primera vez que fui al Monasterio de Samos, al margen de sentir como mi alma estaba muy feliz por la visita, tuve el honor de conocer a un monje que allí llegó de peregrino; siguió el Camino de las Estrellas y una vez cumplido su rito con Santiago, el Apóstol, dio la vuelta otra vez hacia Samos. Y allí lleva, si mal no recuerdo, 26 años. No puedo menos que dedicarle un capítulo de nuestras historias a esta joya de la espiritualidad y de la arquitectura. Verás.

El Monasterio de Samos fue y sigue siendo el auténtico bastión espiritual de todas estas tierras. Propiciado por San Martín de Dumio, su situación al pié del Camino de Santiago lo convierte en un lugar especial para cuantos peregrinos siguen la ruta francesa. Las páginas más brillantes de su historia corresponden al siglo XVI, cuando vivió bajo la Congregación de la Observancia de Valladolid. Fue entonces un lugar de gran influencia.

Contrasta, exteriormente, la austeridad de los muros de pizarra con la gran riqueza decorativa de la fachada, muy curiosa por su toque italianizante. El gran conjunto monacal está ordenado en torno a dos claustros.  El más antiguo es el de las Nereidas, de estilo gótico tardío, como demuestran las bellas bóvedas de crucería. 

El segundo de los claustros es el de Feijóo.  Del siglo XVII y estilo clasicista, es uno de los más grandes de España. 

Este no es el único homenaje monacal al Padre Benito Feijoo, ya que también se conserva intacta la celda en la que él se retiraba a orar y escribir.

La iglesia es uno de los lugares más visitados del monasterio  de Samos. Por su grandeza, su riqueza artística y por las historias que guarda. La diseñó, en el siglo XVIII un monje del propio monasterio. Posee trece retablos de diferentes estilos: renacentistas, barrocos y clasicistas. Las imágenes que los presiden son obra de Moure y Ferreiro.

Todo aquí tiene su significado, desde el órgano de tres fachadas y en perfecto uso, hasta la sacristía del siglo XVIII donde encontramos las virtudes coronando la cúpula en compañía de Dios. O el Signo, del siglo XVI que conserva todavía una fuente barroca y los frescos de la vida de Cristo.

La pintura, desde siempre, ha sido una forma de representar la historia y el monasterio de Samos tiene la suya. Por eso, en el primer piso del claustro grande, varios pintores han recogido en sus largas paredes las principales escenas de la vida monacal.

Sin duda, el monasterio es la joya más admirada de Samos y también ideal lugar de reposo para el caminante… 

Pero nadie que visite esta villa xacobea, puede obviar la simbiosis perfecta entre monumentalidad y naturaleza.