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EL MONSTRUO AMABLE YA TIENE CARA

Por ISIDORO GRACIA

Antes de la pandemia publiqué un artículo recogiendo ideas de las tesis que el crítico social italiano Raffaele Simone recogía en 2011 en su libro “EL MONSTRUO AMABLE” que subtituló “¿El mundo se vuelve de derechas?”, en el que yo también reflexionaba intentando encontrar explicación a lo que está sucediendo en el mundo en general y en mi más próximo entorno, Europa y España.

Resumiendo, había, y aún hay, preguntas claves. ¿Por qué incluso los ciudadanos que gozan de mayor grado de libertad, los europeos, abandonan a las fuerzas de izquierdas, incluso a las más moderadas socialdemócratas, y dejan su futuro en manos de las derechas más contrarias a los valores democráticos? ¿Dónde situar a los principales responsables de esta deriva, suicida para los intereses y derechos de los ciudadanos de a pie? ¿Quiénes son los beneficiarios?

La primera de las preguntas exige un análisis más complejo para la respuesta, para la segunda, según mi opinión, coincidente con la de Simone, y mi experiencia con casi 80 años y una trayectoria a través del sindicalismo, la política activa y la gestión profesional en multinacionales, no puedo adjudicar la principal responsabilidad a “los políticos” sino a “los votantes” (sobre todo a los abstencionistas), lo que no quiere decir que exima por completo a los primeros. Respecto a los beneficiarios, en 2011 a mí, y creo que a la mayoría de ciudadanos, nos costaba poner nombre y cara a muchos de los que realmente lideraban e impulsaban los cambios que traían la tormenta más que política cultural que nos amenazaba, hoy cuando quizá sea tarde estamos en condiciones de poner nombre y cara a una buena parte de los monstruos, y sobre todo ver claramente cuáles son sus intenciones.

Los ideólogos y lideres de la derecha más retrograda sabían que si se usaba la mano dura, cuando aún una mayoría de ciudadanos era consciente del bienestar que había llegado con los gobiernos de la socialdemocracia, y las políticas sociales de otras izquierdas, se derivarían efectos negativos para los partidos y organizaciones en que se agrupaban, así que durante un tiempo permitieron que la neo-derecha (el término lo tomo del crítico italiano) cuando conseguía gobiernos, casi siempre en coalición, ejerciera su papel de forma casi imperceptible sin coerción clara, dejando margen a los derechos y prestaciones derivado de las políticas ajenas. Pero una vez desaparecida la amenaza del comunismo como alternativa, y sustituidos virtudes y valores sociales por puro consumismo e individualismo, sustitución promovida por los medios de comunicación propiedad de una exigua minoría que exprime al planeta y a la inmensa mayoría de sufridos habitantes, en un proceso acelerado por la aparición de un nuevo poder, el digital,  que ha trasladado la batalla por la verdad y la justicia a las eufemísticamente llamadas redes sociales, parece que ha llegado la oportunidad de quitarse el disfraz de monstruo amable y ejercer a cara descubierta, aunque algunos de los más peligrosos ejercen con discreción desde un voluntario anonimato.

Desde los cada vez menos abundantes medios de comunicación libres, privados y públicos, que aun informan de hechos reales con datos contrastados y verificables, algunos ciudadanos nos esforzamos en poner nombre y cara a los monstruos que están poniendo al servicio de sus intereses el neo-fascismo, el neo-nazismo, el racismo e integrismos religiosos varios (musulmanes, cristianos, judaicos, etc.), mientras intentan eliminar los derechos y prácticas democráticas de que aún disfrutan sus hoy votantes, mañana víctimas.

Como entre los extinguidos dinosaurios, entre los depredadores a nivel global, estatal o local hay niveles tipo Rex y otros no por menos importantes menos peligrosos y agresivos, quien esté mínimamente informado las caras de Trump, Putin y Netanyahu les sonaran en el ámbito del poder político, o el de Elon MusK en el del poder económico y tecnológico quien para muchos es más peligroso cara al futuro (al parecer en el poder digital se mantienen anónimos individuos que le superan). En la sufrida Latinoamérica el acceso a los gobiernos ha puesto rostro a media docena que se presentan como de derechas, y un par que se presentaban como de izquierdas, pero que usan métodos tan antidemocráticos como los anteriores.

Pero más preocupante es que Europa ya es posible identificar con nombre y cara a un buen numero que se ha quitado el disfraz y presiden, forman parte de gobiernos o tienen posibilidades próximas de hacerlo. La mayor parte de sus actos y propuestas tienen un fondo ideológico, pero en demasiadas ocasiones están trufados de maldad, en el sentido ético o moral de la palabra.

Si ponemos atención a lo local. A los dirigentes conocidos, en base al nivel cultural y capacidad de gestión mostrados, es difícil situarlos en posiciones de liderazgo ideológico (incluido el de aquello de “el que pueda hacer que haga”, que al fin y al cabo está a sueldo de uno de los depredadores de primer nivel). Lamentablemente en hechos de alguno de los menos importantes, pero que tienen responsabilidades de gobierno, el componente de maldad pesa demasiado, y de forma muy evidente.