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EL PAISANO QUE CENA CON EL ZORRO

Tras aquellas tristes historias de los lobos muertos en la Eurorregión a partir de trampas preparadas con cebos como reclamo previo, toca hoy una historia más hermosa, la de un zorro recuperado por un particular que lo encontró en muy mal estado en una carretera, lo llevó a casa para curarlo y alimentarlo… al cabo de unos días, el zorro (o zorra) que estaba más para allá que para acá… se levantó recuperado y marchó camino del bosque. Pasadas unas fechas, el animal volvió a la puerta de la casa de quien le había salvado la vida. Este le dio de cenar, el zorro marchó, volvió a venir, marchó… y así todos los días. Llega a la casa de su salvador, cena y se va al bosque hasta el día siguiente. La historia circula por redes sociales y ha enternecido a mucha gente…

Por Eugenio Eiroa

Un habitante de un pueblo de Bragança ganó un compañero para la cena después de haber salvado a un zorro que ahora lo visita todos los días en su casa para comer y regresa a la naturaleza después de la comida.

Fernando Almeida ha compartido fotos y videos en las redes sociales de esta inesperada relación con el animal salvaje que literalmente entra a su casa, come de su mano e incluso comparte el comedero con otros animales domésticos, como dos gatos.

Fernando vive junto a la carretera en el pueblo de Oleiros, cerca de la ciudad de Bragança, y contó a la agencia Lusa que la historia de esta relación comenzó cuando él conducía y vio a un zorro postrado en la carretera.

Sospecha que “debió haber sido atropellada por un auto, porque no tenía heridas visibles, debió estar aburrida”.

Se llevó al animal a casa y lo alimentó “durante cuatro o cinco días, hasta que se mejoró, empezó a caminar y se fue”.

De repente desapareció por unos 15 días”, dijo, y estuvo desaparecida hasta que, una noche, Fernando Almeida estaba viendo una película en la cocina y se sobresaltó al ver una figura en la ventana donde suele poner comida para los gatos.

Al fin y al cabo, era el zorro el que había vuelto y, “desde entonces, vuelve todos los días a la hora de cenar y no se va” hasta que Fernando le da de comer.

Parece que conoce el ruido de la camioneta, cuando llego, aparece”, enfatizó, en relación a la puntualidad del animal cuando Fernando llega a casa después de la jornada de trabajo.

El zorro come, “está ahí y luego desaparece hasta el día siguiente”.

La proximidad entre ambos permite incluso que el animal coma de la mano de este hombre, al que ya ha dado un mordisco disculpado por la voracidad con la que el zorro se lanza a la comida.

Fernando le dijo a Lusa que empezó a comprar carne a propósito y a recoger las llamadas sobras de los carniceros para el zorro.

«Ella está loca por el pollo«, dice.

Fernando también observa el comportamiento del zorro que come en el lugar donde pone la comida, pero también atrapa y “se lleva cuatro o cinco pedazos a la boca, va quién sabe adónde, y vuelve para seguir comiendo”.

No sé si se tarda en almacenar”, se pregunta.

Incluso puede ser “una zorra”, Fernando la llama “Linda” y asegura que cuando la llama por su nombre ella responde.

Y así como aparece, desaparece entre los cerros hasta la siguiente hora de la cena, porque, como subrayó Fernando, “es salvaje, no está atrapada”.