galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

EL PERDÓN DE LOS PECADOS HISTÓRICOS

El bombardeo de Guernica

Por Xosé A. Perozo

La costumbre católica de confesar los pecados y perdonarlos para seguir pecando fue un gran invento. Libera las conciencias, pero no asegura el cumplimiento del propósito de enmienda. Y así vamos de hipocresía en hipocresía cumpliendo con las pantomimas del perdón. Desde hace casi dos décadas, con el avance de las sociedades puritanas que sufrimos, estamos asistiendo a revisionismos históricos en los que los juegos de la petición de perdón tienen un papel de puesta en escena fundamental.

Días atrás hemos asistido en Guernica al mea culpa, por los bombardeos alemanes contra la ciudad en 1937, pronunciado por el presidente federal alemán Frank-Walter Steinmeier. Casi noventa años después de aquel terrible suceso no creo que el inocente pueblo alemán actual tenga que arrepentirse de nada de cuanto hicieran un loco fascista y sus huestes enloquecidas. Este acto ha tenido lugar al mismo tiempo en que los Gobiernos alemanes, escudados en el arrepentimiento por las masacres contra los judíos de la Alemania hitleriana, permiten y, por tanto, respaldan que el fascista Benjamín Netanyahu asesine a miles de palestinos en Gaza. ¿Deberán preparar sus conciencias para arrepentirse públicamente en el futuro? Seguramente.

Desde aquí propongo que ni perdonemos a los asesinos de los más de tres mil muertos de Guernica ni a los criminales de setenta mil inocentes en Gaza. Propongo que disculpemos a los pueblos de los desmanes de sus dirigentes y cerremos todos los confesionarios levantados para blanquear conciencias.

Desde hace meses mantenemos un contencioso con México. El presidente López Obrador y su sucesora Claudia Sheinbaum pretenden que el reino de España se arrepienta y pida perdón por los sucesos de la conquista y colonización de México en el siglo XVI. ¿A quién? De los presunto perjudicados mexicas ya no queda ni rastro y cuantos hoy gozan o sufren los restos del Imperio español en América son más descendientes de íberos que de otros habitantes precolombinos. ¿A qué obedece este disparate? ¿A continuación deberemos pedir perdón por la expulsión de los judíos españoles con el beneplácito de la Iglesia? ¿Será necesario que alguien nos perdone las guerras fratricidas contra nuestros compatriotas árabes medievales? ¿Qué persigue semejante propaganda de distracción social?

Tengo la sospecha de que no es inocente y obedece a intereses ideológicos concretos para negar acontecimientos de la Historia fácilmente manipulables. Pensados para justificar y adulterar movimientos más recientes, como es el caso de los ataques a la validación de la memoria histórica de la Guerra del 36 y los procesos criminales del franquismo. Nadie ha pedido perdón por ellos y resulta evidente que se le pone la zancadilla a todas las actuaciones ciudadanas y políticas tendentes a la búsqueda de la verdad y la justicia para quienes fueron perjudicados.

La contrapartida más evidente nos ha llegado estos días por boca de José María Aznar al declarar algo sabido: “yo no condenaré el franquismo en el que mi padre participó”. En realidad, él es franquista de pensamiento y acción, incapaz de pedir perdón por ninguno de sus errores políticos. Es una evidencia y habrá que juzgarla como tal, ahora y para la historia. Lo siento por la derecha democrática pisoteada bajo su pensamiento. Yo nunca le pediré que pida perdón por su padre como tampoco he de hacerlo con los descendientes de aquellos fascistas que encarcelaron y asesinaron a mi abuelo. Ellos, condenen o no la dictadura, serán inocentes siempre que convivan en democracia, en paz y respeten las libertades. Sin confesionarios.

XOSÉ A. PEROZO