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EL PP A POR EL VOTO DE LOS MILITARES

Por Xosé A. Perozo

Históricamente los ejércitos politizados del antiguo régimen monárquico y casposo ganaron más batallas contra la ciudadanía española que contra los enemigos exteriores. Iniciada la democracia, el 23F de 1981 ha quedado en la historia contemporánea como la última asonada de nostálgicos de la dictadura. Desde entonces a nuestros días la Fuerzas Armadas han pasado de representar un reducto antidemocrático a ser cuerpos uniformados apreciados por la sociedad demócrata, capaz de depositar en ellos confianza y tranquilidad. Apartadas de las controversias políticas, sujetas a una disciplina bien organizada, a una profesionalidad semejante a la de cualquier otro oficio, se las considera fuerzas necesarias para la defensa del Estado, del territorio y de la paz. Apenas si forman parte del teatrillo político que padecemos, así que cuando las ponen bajo el foco de la actualidad sorprende, asombra y preocupa. La polémica presupuestaria sobre la inversión en armamento por mandato de la OTAN, el imperialismo de Trump y las locuras militares de Putin, han resucitado entre nosotros ideas anacrónicas y poco aconsejables para la buena salud de la convivencia.
Sin que los mandos uniformados hayan dicho esta boca es mía, ha saltado a la palestra la añeja confrontación ideológica incapaz de practicar el pragmatismo necesario que el asunto exige. Los oportunismos electorales de la izquierda más radical y de la derechona nos retrotraen a un tiempo pasado que fue peor. Quienes en los años setenta y ochenta del siglo XX salimos a la calle a protestar contra la entrada en la OTAN nos equivocamos. No sé si ahora también se estén equivocando quienes proclaman OTAN SÍ u OTAN NO desde las trincheras electoralistas. La realidad palpable y el fracaso de la globalización antes merecen un análisis sereno que caer en los impulsos hacia la caza del voto.
La negación de partidos como Podemos o Sumar parece desubicada de la realidad internacional. El pragmatismo del PSOE se tilda de seguidismo europeo. El silencio complaciente de Vox apunta al sueño de utilizar las Fuerzas Armadas como brazo propio. Y los últimos movimientos del PP son campanadas del desconcierto y del oportunismo que se vive dentro. Me parece grave que el principal partido de la oposición haya decidido situar algunas de sus acciones estratégicas tras el prestigio de militares teóricamente “independientes”. No es una casualidad, yo lo atribuyo a la intención de arrebatar presuntos votos a la extrema derecha. Me explico.
Los descontentos emanados de algunos grupos militares reservistas han sido considerados “ultras” y, desde la aparición de Vox, posibles votantes de Abascal. En lo que va de legislatura, el PP parece haberse lanzado a la captura de esos electores. Feijóo necesita 38 escaños más para presidir el gobierno sin los 33 de Vox. Comprobamos que cualquier nicho de votos ultras se convierte en objetivo para los despachos de Génova 13. Ello explica que para la reconstrucción de la Dana se recurra a dos exmilitares. Explica que Feijóo proponga puentear al presidente del Gobierno al reunirse en privado con el Jemad para conocer los presupuestos militares. Explica la repentina petición de mejoras legislativas en el régimen de personal para el Ejército… Por fortuna los viejos ruidos de sables se han transformado así en cacería de votos pero los militares no olvidarán los despropósitos de Trillo con el Jak-42 o la conquista de la isla de Perejil. Tampoco las maniobras comerciales de Morenés. Dos ministros de Defensa poco ejemplares a la hora de pedir el voto en los cuarteles.

XOSÉ A. PEROZO