galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

EL RITMO DE LA SELVA

Mi amigo Tonhito, el de Poi, siente verdadera pasión por las selvas americanas…

—– Por los escasos indios que las habitan, por los chamanes que curan todo, por su maravillosa perspectiva salvaje, por ese caminar que te lleva a nunca sabes donde, por lo exótico, por la incertidumbre de lo desconocido, por la sinfonía del bosque entonada por animales que jamás has visto…

Por todo eso, mi amigo Tonhito, el padrino de mi princesa,  hizo varios documentales y de su corazón surgieron canciones a ritmo de tambores de jungla, justo al lado del río rojo.

En uno de mis viajes a Venezuela, mi primo Alvarito me llevó al Salto del Ángel que es zona salvaje, sí. Pero allí, aunque puedas llegar a comprender la llamada de la jungla… allí eres un turista más al que no hacen ni caso los exóticos pájaros de mil colores ni las serpientes… ni siquiera el viejo puma que se asoma porque siente curiosidad por el hombre.

Pero cerca de ese maravilloso lugar, único en el mundo,  vive una tribu ancestral, venezolana,  que aunque te parezca de novela llegó a comandar un gallego que en realidad buscaba diamantes. Lamento mucho no recordar su nombre de batalla pero sí como se llamaba cuando llegó: Manuel Lamazares Iglesias, natural de Vila Cruces, emigrante a Venezuela antes del golpe de Estado de Franco y tal vez actual habitante de un lugar en el espacio, que era casi anciano cuando le conocí.

Un sargento de policía de Río de Janeiro con el que tuve el gusto de compartir una comida oficial me habló mucho del Amazonas y me dijo que en la selva habitaban muchos gallegos que habían sentido esa llamada que los brasileños urbanitas achacan a la magia negra; pero la gente que nació en las riberas del gran río te cuentan que lo único mágico que tiene la selva es que te invita a viajar en el tiempo y puedes vivir como lo hacía la gente hace mas de mil años.

Ese debe ser el caso de María Eugenia  Álvarez Senra, que tiene su parcela selvática en Tucán-Lodge, un albergue a 19 kilómetros de Iquitos, en Perú. Desde aquí hay que ir en barca, una hora, río abajo en dirección Colombia.

Allí está, desde 1999, atendiendo a turistas y disfrutando de la jungla. Lo que más le gusta…

——  Es como si una máquina del tiempo te hubiese transportado 100 años atrás. Sin luz, sin agua corriente, sin baños en las casas, con fuego hecho sobre un cajón lleno de arena como cocina, recipientes llenos de agua de lluvia para beber. La luz y el río son el reloj de la selva.

Está cerquita del Ecuador así que el día y la noche duran más o menos lo mismo. La variedad de sonidos es lo que más llama la atención. A las 4 y media de la mañana ya empieza a querer salir el sol.

—– Te despiertan los pájaros y los monos. A las cinco, cuando oscurece, empiezas a escuchar grillos, chicharras, ranas… ¡A veces el sonido de las ranas es ensordecedor!

En Tucán Lodge se usa un generador tres horas al día para que los turistas puedan cargar sus cámaras. Tampoco hay neveras que se sustituyen por termos con barras de hielo.

—– Se lava a mano, se cocina con gas y con leña; para beber y cocinar hay que llevar agua potable, porque la del pozo es barrosa, solo sirve para la ducha…

Tampoco hay carreteras, solo se puede llegar por el río y la selva; digan lo que digan, impone…

—– Bueno, los insectos son un poco más grandes de lo normal y son auténticos chupasangres; sus horas de comida son el amanecer y el atardecer, por eso a esas horas estamos con las mosquiteras puestas y con los repelentes…

María Eugenia se fue hace veinte años a su selva y por el momento no piensa regresar a Galicia, aunque suele hacer magostos y queimadas. Para nada le importa que los Mercados te suban la luz o que los precios traspasen la línea del cielo en los supermercados.