galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

EL TRISTE JUEGO DE INCENDIAR

Por Xosé A. Perozo

He vivido el drama de los incendios desde lejos, en el sur. Regreso con las impresiones de quienes desconocían la larga trayectoria del problema sin resolver durante décadas en el norte. En esta Galicia que se presume verde y en la Castilla y León que se descubre despoblada. Mientras el fuego avanzaba carbonizando bosques, fragas, montes solitarios, sembrados y pueblos perdidos en el abandono endémico hemos escuchado el ruido de quienes hacen del oficio de la política plataformas personales. Lo primero en llegarnos fue el dolor de la naturaleza y la impericia humana frente al cambio climático. Y en menos que se santigua un cura loco escuchamos las voces de la oposición incendiando el barullo. A esa España de Despeñaperros para abajo le sorprendió la rapidez de Feijóo para suplantar a sus presidentes autonómicos y emprender una cruzada para ganar la batalla mediática sin que nadie le hubiera pedido cuentas. Enseguida el ejército de Génova 13 levantó las voces hasta el insulto habitual. ¿Resultado?

España, gracias a Feijóo, ha descubierto que el negocio comercial de los incendios del norte no reside en prevenir sino en apagar el fuego con la contratación de empresas y privatizaciones millonarias. A España le ha parecido inconcebible no haber gastado en Galicia tres millones para prevención llegados de la UE. España ha conocido las precarias condiciones del personal antincendios reclutados solo durante unos meses con sueldos de miseria. España se ha sorprendido con la escasez y las protestas de los bomberos forestales discontinuos. España no ha entendido que la Xunta, durante los gobiernos del líder popular, ocultara los datos de incendios inferiores a veinte hectáreas. ¿Objetivo? Aquello que no se publica no existe. España ha descubierto las debilidades de Fernández Mañueco cediendo ante los despropósitos negacionistas de Vox con el abandono de torretas de vigilancia, con la reducción de presupuestos para prevenir y apagar, con la ausencia de brigadas fuera del verano… España ha tenido constancia de que las competencias para conservar el territorio son de las comunidades autónomas y no del Ejército ni del Gobierno de España. 

Semejante torpeza de Feijóo se intentó tapar convocando a los ministros responsables a comparecer en el Senado sin llamar a los presidentes autonómicos, como correspondería a una verdadera intención de conocer la verdad del problema. Nuevamente el tiro le salió por la culata. España escuchó cómo las dos ministras, de Defensa y Transición Ecológica, y el ministro del Interior, sin desvelar de facto las torpezas e incompetencias de las comunidades de Galicia, Castilla y León o Extremadura, desmontaban los bulos de los palmeros del PP con datos y testimonios contundentes. Sin perder pie el presidente Sánchez propuso crear “una Agencia Estatal de Protección Civil frente a las Catástrofes Climáticas”. Sin leer la letra ni escuchar la música el líder popular cerró la puerta a la iniciativa. Rápidamente hizo un brindis al sol proponiendo cincuenta medidas contra los incendios, por él mismo resumidas en quince y de inmediato condensadas en dos actuaciones. La estrella: fichar a los pirómanos y ponerles pulseras de localización. España descubrió que esa misma medida la propuso Feijóo hace años para Galicia, luego la olvidó en un cajón y nunca más se supo de la ocurrencia.

En la España del sur las ancianas aseguran que quienes juegan con fuego se orinan en la cama. Por ello propongo que cuando Feijóo, Tellado, Rueda y Mañueco presenten los balances de la tragedia, empiecen por enseñarnos sus sábanas de agosto. Sería un bonito gesto.

Xosé A. Perozo