galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

EL VUELO TRANSOCEÁNICO DEL PLUS ULTRA

                     (A Melina, Alan, Valentina, Olivia y Sebastián, mis cinco esperanzas en un mundo que los jóvenes harán más justo)

El Plus Ultra vuela sobre Montevideo

Ruiz de Alda esquina Ramón Franco. Ni olas ni gaviotas. Huellas de barro endurecido”.

Por J. J. García Pena

Montevideo, 1º de marzo de 1926: “Autorízase al Concejo Departamental a dar el nombre de “Plus Ultra” a una plaza o plazuela de la ciudad debiendo llevar las calles circundantes los nombres de “Franco”, “Durán”, “Ruiz de Alda” y “Rada”. Diez meses después, por Resolución CAM de 17 de diciembre de 1926, se designó barrio Plus Ultra al limitado por las referidas calles.

Juan Manuel Durán, Ramón Franco y Julio Ruiz de Alda

Como vemos, es notorio el impacto social que generó aquel hito centenario en Montevideo. La “plaza o plazuela” nunca en mi barrio realizada la vi. Pero en sus calles plusultristas transcurrió mi segunda infancia.

En la Península había observado que ese nombre enigmático figuraba en las bandas sinuosas que rodean las simbólicas “Columnas de Hércules” que orlan el emblema nacional de España hoy despojado, para bien, de su imperial ave de rapiña.

Incluso sabía que esa imagen -al figurar acuñada en las coloniales monedas mexicanas- había dado origen al universal signo de $$, apropiándose de él, más tarde, los amos del dólar . (Mucho más tarde supe que el título original y completo era Non Plus Ultra, (No Más Allá) de las Columnas de Hércules, valga decir del Estrecho de Gibraltar). Mas después de Colón, el Non, carente ya de sentido, fue borrado. El Sol no se ocultaba jamás en el dilatado imperio español.

Dijo Colón: ¡A tierra! ¡Hemos llegado al Plus Ultra!

Pero en 1960 ignoraba por completo la hazaña que tan solo 34 años antes (1926) habían protagonizado cuatro jóvenes españoles, émulos aéreos de Colón, partiendo, como él, desde Palos (o Palos de la Frontera)

En breves días se cumplirá el primer siglo del arriesgado periplo transoceánico.

Pero esta vez el destino prefijado (y frustrado por un hallazgo sorprendente e imprevisto) no sería arribar a las Moluku, ni a Catay, ni a Cipango, sino que el propósito era acuatizar en las riberas mismas del fabuloso Río de la Plata a bordo de un armatoste digno de Dédalo, cuyo único seguro de vida en pleno Atlántico Sur, dependería, en última instancia, de su flotabilidad.

A juzgar por las imágenes y las profusas informaciones periodísticas de esa época, debe haber impactado mucho esa hazaña en quienes eran contemporáneos del primer vuelo motorizado de la historia, ocurrido apenas 23 años antes. 

Claro que la recién pasada “primera guerra mundial” había contribuido y mucho, en perfeccionar y agigantar aquel escuálido, cuasi lúdico e inofensivo prototipo de los hermanos Wilbur y Orville Wrigh, de 36 y 32 años, respectivamente, en 1903. Su cacharro con alas había devenido, casi de inmediato, en temible arma de duelo aéreo cara a cara y pistola en mano, método iniciado por El Barón Rojo y sus bélicos antagonistas. Nadie podía prever que en poco más de diez años se cerniría sobre el despejado cielo de Guernica, una nube de aviones con metralla envasada que oscurecería para siempre la memoria de los supervivientes de ese día nefasto.

El hidroavión Dornier Do J “Wal” pasó a la historia de la aviación como “Plus Ultra”

No obstante, esos cuatro noveles aviadores españoles soñaban con abrir pacíficos caminos en el cielo para agilizar correos, transportar medicinas y divulgar saberes y cultura. Para vivir; no para morir ni matar. Es que a pesar de la posguerra (o quizás para conjurarla) había optimismo flotando en el aire de las naciones en aras del nuevo dios de la tecnología. Parecía llegado el tiempo de espigar.

En el aire flotaban, como lo hacen hoy los reguetones y los drones, aviones y bailarines que danzaban alegres charlestones y fox-trots o jugaban al tenis sobre las frágiles alas, en pleno vuelo, sin cabos de vida ni circenses redes salvavidas. ¡Ah! ¿Creíste que antes no había “locos” como ahora? Los hubo en abundancia.                                                             Claro que también hubo jóvenes meritorios como Ramón Franco (30), Julio Ruiz de Alda (29), Juan Manuel Durán (27) o Pablo Rada (25). Un año más tarde (mayo de 1927) Charles Lindbergh (25), otro joven temerario unirá en vuelo solitario y sin escalas, (6.000kms), las ciudades de Nueva York y París

Y años más tarde Amelia Earhart, aquella joven admirable que fue la primera mujer en cruzar el Atlántico en solitario, desaparecería en el Pacífico apenas con cuarenta años, mientras intentaba volando circunnavegar el mundo.

Nuestros intrépidos pioneros hispanos tuvieron como aedo, como cantor de gesta cumplida, nada menos que a Carlos Gardel, convertido en mentor y cronista de lujo de los versos de Monserrat Guillemat y Nieto de Molina, dos poetas españoles que compusieron La Gloria del Águila.

Escuchemos al excepcional cantor de gesta:

“Desde Palos el águila vuela y a Colón, con su gran carabela nos recuerda, con tal emoción, la hazaña que agita todo el corazón. ¡Franco y Durán, Ruiz de Alda, los geniales!; ¡Los tres, con Rada, son inmortales!

Y, auténticamente emocionado, nos enumera sus siete escalas:

“Cruzó Las Palmas y Porto Praia, glorioso llega en Fernando Noronha; prosigue el vuelo y en Pernambuco, en Río Janeiro, Montevideo, suenan campanas pregonando la victoria y en Buenos Aires, la hija querida, al fin se cubren los valientes ya de gloria. Es la madre que va a visitar los hijos que viven en otro hogar”.

Si bien estaba previsto arribar el día 9 de febrero a Buenos Aires, el “águila” debe amarizar en la bella bahía de su cercana hermana Montevideo y retomar el corto vuelo el día 10.

Luego de finalizado el “raid”, el Plus Ultra con tres de sus tripulantes (Ruiz de Alda , indispuesto, debió quedar en Argentina) retorna a Montevideo el 24 de febrero para culminar , cumplidos todos sus compromisos, la apoteótica recepción y festejos comenzados imprevistamente el día 9 de febrero, obligados por una prudente parada técnica antes de proseguir al día siguiente, hacia la vecina “Reina del Plata”.                                           

El hidroavión no volvió a España. Obsequiado por el rey Alfonso XIII al pueblo argentino, cumplió su noble función de correo y más tarde retirado del uso, reposa, desde entonces, en Luján. En la Península se conserva una réplica exacta del histórico artefacto.

En Montevideo, el Plus Ultra es recibido por una escuadrilla de aviones de la Escuela Militar de Aviación comandada por su director Cesáreo Berisso.

El mecánico Pablo Rada Ustárroz sobre el fuselaje del Plus Ultra

Según nos cuentan las crónicas orientales, la aclamada gira de la nave voladora -que con sus 6.800 kilos (combustible incluido) y sus siete escalas previstas, -duró 19 días, 59 horas de vuelo y algo más de 10.000 kilómetros volados desde España al Plata-, recibió una calurosa bienvenida por parte de las autoridades y de la sociedad uruguaya toda, y faltó tiempo para tanto agasajo por parte de la nutrida colectividad española, que se disputaba el honor de homenajearlos en sus respectivos clubes y asociaciones, a la sazón abundantes . Quizás el más recordado sea la recepción que se le tributó a los héroes en los magníficos salones del Club Español, oportunidad en que el payador uruguayo, Juan Pedro López, improvisó unas décimas que fueron cálidamente aplaudidas y generosamente retribuidas por Ramón Franco una vez llegado a España.

Quiero elevar con fervor/ con altura, con vehemencia/ un himno a la inteligencia/ a la audacia y al valor./ Loar quiero a un aviador/ a un gallego valeroso/que en su vuelo portentoso/ sobre el “pájaro mecánico”/ venció el pavor transoceánico/ fantásticamente hermoso.”

Ramón le envío por barco al histórico trovador oriental, en muestra de gratitud y admiración a su arte repentista, una guitarra de la prestigiosa firma Santos Hernández. Hoy el cuidado instrumento y el uniforme militar de Ramón, forman parte del acervo custodiado en el Museo Aeronáutico de Uruguay.

Han pasado cien años de aquella trepidante hazaña cuya ruta hoy, afortunadamente, es indiferente y placentera rutina que une hemisferios. Pero el espíritu de aquellos jóvenes pioneros -lo creas o no- sigue presente e intacto en cada uno de los actuales que se siguen atreviendo a desafiar lo desconocido en búsqueda de sus legítimos ideales.

Aquellos supieron -y estos también sabrán- hallar su lugar en el mundo o -si se tercia- en otros ignorados espacios siderales.

Que no hay más límite para el humano que su propia imaginación.