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ELOGIO DE LA MATRIZ (Discriminación positiva)

“De las mujeres recibimos todo lo más humanamente grato y noble que pueda recibirse en este planeta en el que, muy lentamente, se gesta nuestro tránsito de bestias a justos”.

Por J.J. García Pena

Ni un solo humano debe ser discriminado negativamente. (Que también hay plausible discriminación positiva).  Por eso me reconfortó el alma atisbar, por la indiscreta ventana televisiva, la madrileña manifestación de libre albedrío de los colectivos históricamente humillados y vejados por su condición sexual, a contrapelo de la única admitida en nuestras sociedades de hipocresía patriarco-religiosa. Un fugaz vistazo a un futuro más feliz que no veremos realizado, pero intuimos.

No obstante, en tan libérrima como festiva y projusticiera marcha, no se han visto proclamas en contra de los abominables concursos de belleza física, ni a favor de destacar el sublime rol del sexo femenino, sometido, desde siempre, al mismo régimen que, basándose arbitrariamente en normas esotéricas, administró pésimamente e impuso su exclusiva voluntad, enajenado la felicidad de la mayoría de sus miembros.

Y es que, si alguien de nuestra especie merece «discriminación positiva “, esa figura es, sin duda, la hembra humana en su compleja e irreemplazable función de verdadero “ángel terrenal”.

De las mujeres recibimos todo lo más humanamente grato y noble que pueda recibirse en este planeta en el que, muy lentamente, se gesta nuestro tránsito de bestias a justos.

Sin embargo, a fuerza de costumbre y negación, rara vez les reconocemos sus muchos méritos.

(Por ahí andarán, escondiendo su vergüenza, los viejos formularios prejuiciosos en que se minusvaloraba la multi ocupación de la mujer, reducida, de por vida, a “su” corral doméstico: Ocupación= Labores propias de su sexo. ¡Propias de su sexo! Para peor, por entonces, ni siquiera hombre público (político destacado), tenía la misma connotación socio – religiosa que la condenatoria mujer pública (puta).

Por eso entiendo que es una neo falacia, (potencialmente tan injusta y peligrosa como la milenaria que va en vías de extinguirse), caer en el error de suponerlas iguales, cuando es evidente que las mujeres cumplen la función más compleja y riesgosa de la especie, con todo lo que ello conlleva y que, por archiconocido, es ocioso enumerar.

Podremos disfrazarnos de mujer, hincharnos de siliconas y hasta ablacionar nuestros órganos viriles, pero nunca los hombres (hetero, homo, pan, trans, ciborg, o bisexuales) nos acercaremos al precioso don de la auténtica maternidad.

Jamás los hombres seremos “ángeles terrestres”. Nos lo impide nuestra propia y agresiva naturaleza sexo invasora; tendencia que, por ahora, solo podría minimizarse mediante una todavía inexistente Educación Global.

Gracias a nuestra brutalidad cavernícola y a la cómplice y secular alianza con los mistificadores, a las mujeres las hemos mantenido, hasta ahora, sometidas a la perversidad de nuestros caprichos. Pero empezaron a romper sus odiosas cadenas.   Para empezar, ya se “amanceban” sin rubor y sin el riesgo de antaño o, si deciden casarse, lo hacen con quienes ellas desean, pero nunca por cálculo o imposición costumbrista.

Reclaman los derechos y “la cabeza” que les hemos negado sistemáticamente, basándonos en una absurda y “conveniente” (para nosotros) superioridad que nos viene siendo otorgada por milenios de superchería religiosa: -” Las casadas estén sujetas a sus propios maridos como al Señor, porque el esposo es cabeza de su mujer…”- (ver Efesios 5:22, Nuevo Testamento).

La misma “conveniente” superchería que nos “autorizaba “a cazar y a esclavizar humanos negros, so pretexto bíblico de ser “descendientes del oscuro Cammaldecido por su padre, Noé “(ver Antiguo Testamento), para usarlos como bestias de carga en las dilatadas tierras recién “descubiertas”.

Poco menos que ese horror es lo que hemos cometido, también, con nuestras mujeres durante milenios de vergonzosa y abusiva explotación, en nombre de sofismas crueles e inconsistentes científicamente.  Aunque no lo creas, todavía hoy se les practica la ablación del placentero y “pecaminoso” clítoris a angelitas ¡en 29 países! y se lapidan (matan a pedradas) adúlteras en ¡al menos otros cuatro!

No obstante, hombre fue aquel justo que se interpuso entre las piedras y la mujer caída en desgracia social: – “Quién esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”- y, tendiéndole su mano, la ayudó a levantarse. Han debido pasar dos mil años de aquello para poder avanzar un paso. O medio paso; pero avanzamos.

Nuestras más próximas, las que ya aflojan sus grilletes, empiezan a caminar hacia el futuro a nuestro lado. Ni adelante ni atrás: a la par. Porque, de aquí en más, las queremos a nuestro lado. Nos dirijamos a dónde nos dirijamos.