galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

ENTRE LA LEYENDA Y LA TRADICIÓN

Por Marola Seijo

En Galicia, lo legendario y lo tradicional permanecen vivos porque son cultura popular. Ya se sabe que esta es tierra de meigas, magos y santos milagreiros. De santas compañas. De heroicos caballeros como Pardo de Cela, el Mariscal de la Patria. De “mouras” encantadoras y de princesas encantadas. De nereidas marinas que enamoraron a los hijos de los Dioses como Teucro… De gente buena como Merlín, capaz de convertir el infierno… en el maravilloso lugar que habitan las hadas.        

Aunque, el carácter mágico de Galicia, no es el de sus mitos, sino aquel que le confiere el hermoso paisaje organizado por sus ríos, desde la cumbre al valle profundo. O por sus dos mares, que, aunque a veces braman historias de muerte, son los creadores del espacio magnífico. Es ahí donde despierta la imaginación popular.

Entonces resulta la Galicia, única y mágica, de leyendas y tradiciones asociadas al paisaje. La obra perfecta. La admiramos, paso a paso, por los caminos que la vertebran desde el medioevo, sorteando árboles de impredecibles raíces milenarias; son los senderos que nos unen a otros mundos mágicos de donde aún llegan gentes persiguiendo la leyenda de Parsifal…

… O procurando la fiesta, que sigue siendo el motivo esencial para rezar y para bailar… Porque los gallegos, aunque no lo parezca, somos festeiros. De los que creemos en todo y no nos creemos nada.

Así, lo legendario y lo ancestral, lo incorporamos a lo religioso para conseguir los favores de santos y vírgenes, en la romería.

Nos reunimos con la disculpa de la exaltación gastronómica en busca de los sabores de la tierra y del mar, frutos que regamos con vinos que también tienen fiesta.

La leyenda y la historia se entrecruzan cuando convertimos en lúdico lo etnográfico. Ocurre en el Entroido mágico, el más tempranero carnaval del mundo. Y también cuando rendimos festivos homenajes a los invasores, ya fuesen moros o vikingos.

Con la retranca de los “maios” recibimos a la primavera. Cuando llega el verano quemamos las penas en la hoguera de San Xoan. Y para purificar las almas, elegimos el otoñal fuego del magosto.

Además, cuando nos perdemos en la noche de nieve,  un techo de estrellas nos conduce hasta el final del Camino.