galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

EXTRANJEROS CON ACENTO GALLEGO

Son cientos. Unos eligieron la Costa da Morte para ver morir el sol desde Pena Forcada, cuando se acuesta la gente de Camelle. Otros, las orillas del Sil. Algunos la Montaña lucense e incluso hay quienes descubren sus nuevos hogares en el corazón verde de Galicia. Su alma es tan rural como la del gallego emigrante que ha vuelto de Venezuela o de Argentina. 

Vienen una vez y se quedan para siempre. Porque se enamoran de esta tierra. Por su magia… porque es hermosa y tranquila.

Quizá también porque huyen de lo fashion, de esa concentración de miles de británicos, alemanes o suecos asentados a orillas del Mediterráneo, que lo primero que descubrieron de España fue el sol ardiente de las playas de Levante.

Yo he conocido algunos ejemplos de extranjeros con acento gallego…

Como la colonia sueca que revitalizó Negueira de Muñiz, el municipio más oriental de Lugo. O el inolvidable amigo Toshiro Tasibama, pintor del viento de Muxía. O Anna, la inglesa que nos enseña a manejar un telar propio de la Galicia ancestral y a teñir sus tejidos con tintes naturales obtenidos de plantas nacidas en la Ribeira Sacra del Sil, en Parada. O el profesor de Cleveland que prefirió para vivir la pequeña aldea de Moalde, en Silleda.

Son solo algunos ejemplos de gente que ha cambiado el ajetreo urbano de su juventud por una casa de campo para vivir con tranquilidad, en el más natural y tradicional de los ambientes.

Esta vez quiero presentaros a Sue y Keith Stephens, dos británicos que encontraron su rincón de paz en Antas de Ulla, tras cinco años viviendo en las zonas más turísticas de Valencia y toda una vida en el Reino Unido. Ahí los tenéis con sus vecinos y la casa que se compraron.

La aldea, que descubrieron a través de una de esas agencias que anuncian en la red el paraíso gallego, tiene solo diez vecinos y está rodeada de naturaleza viva.

Su nueva casa es de piedra, restaurada a su gusto y preparada para sentir los pequeños placeres del día a día en el campo. En Inglaterra, su coste les resultaría inalcanzable, pero en Galicia es posible incluso hacerse con terreno en medio de alguna de esas aldeas que aguardan su restauración, porque todas tienen agua, luz, teléfono e Internet.  Además, están en la bella proximidad de las villas más animadas.