galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

¡EXTREMADURA Y CIERRA ESPAÑA!

Por XOSÉ A. PEROZO

En las décadas de los años 50, 60 y 70 del pasado siglo unos ochocientos mil ciudadanos de todas las edades abandonamos las provincias de Cáceres y Badajoz expulsados por el latifundismo endémico, el caciquismo político y la falta de horizontes laborales y culturales. Además de Europa, las provincias de Euskadi, Cataluña, Levante y Madrid se colmaron de familias extremeñas. Se calcula que hoy más de un millón de aquellos y sus descendientes no hemos retornado a la tierra de donde procedemos. No hemos podido disfrutar ni contribuir al progreso que sembraron la democracia, la autonomía y los sucesivos equipos socialistas que han gobernado con estabilidad los cambios, con sus virtudes y defectos. Pero desde la distancia y en las visitas periódicas nos hemos sentido orgullosos del despertar de una tierra que durante siglos había vivido anclada en la historia de cartón piedra de los conquistadores supuestamente gloriosos y las noblezas rancias, mientras el proletariado del campo comía solo los días en que el patrón les daba trabajo.

Desde 1983 a 2023 Extremadura ha estado gobernada por la izquierda, con un solo paréntesis conflictivo, 2011-14, protagonizado por los escándalos del presidente Monago del PP. En casi cuarenta años de política monocolor, con un crecimiento eficaz y los desgastes usuales, es normal que la ciudadanía se acomode y tenga veleidades conservadoras. Por ello resulta lógico que una comunidad teóricamente progresista acepte la alternancia pensando en una derecha demócrata y transparente. De ahí que en 2023 el PP de María Guardiola pusiera su pica en Mérida, y sería democrático darle un voto de confianza de no ser porque en este tiempo sus bandazos y sumisión a la extrema derecha anuncian un frenazo y marcha atrás sembrado de desaliento.

El ejemplo más palmario acabamos de presenciarlo. Para fraguar la etapa de inestabilidad inaugurada el miércoles, las dos derechas han necesitado cuatro meses de disputas, incluido el acatamiento de los de Feijóo a las tesis de Abascal. El Documento Marco de Génova 13 (febrero de 2026) ha sido ignorado en el pacto firmado por Guardiola mientras que los fantasmas del aislamiento y la segregación de Vox han tomado el poder, despreciando a los más de treinta y tres mil inmigrantes extranjeros que habitan las poblaciones extremeñas. La lectura no pinta nada bien ni para los conservadores ni para Extremadura.

Tampoco en la foto sale favorecido Alberto Núñez Feijóo mientras en Bambú nº 12 la extrema derecha canta: “Extremadura y cierra España”, aumenta su poder en Aragón, pone a Castilla y León contra las cuerdas y aguarda agazapada las elecciones de Andalucía. Ciertamente el líder gallego ni levanta cabeza ni consigue enderezar el rumbo de su partido desde que en 2022 arribó a Madrid con el mandato de anular a Santiago Abascal. La sucesión de convocatorias electorales autonómicas, que el PP había diseñado como una cruzada de éxitos para alcanzar La Moncloa, ha resultado un fiasco y ha puesto de manifiesto que Vox puede dejar de ser una muleta para convertirse en el verdadero motor de un gobierno PP cautivo y sin propuestas claras, más allá de derrocar a Sánchez.

De momento, de Extremadura y Aragón, Feijóo sale más solo y desamparado que entró. En Valencia y Murcia no tiene asiento desde antes de la Dana. Madrid y Andalucía son dos plataformas dispuestas para sucederle. Tampoco Mañueco es su amigo. Solo Galicia se empeña en ser deudora del pasado con un seguidismo sin cuartel, que acabará arrastrando a Rueda al mismo destino que le deparen las urnas al patrón en 2027. Extremadura es el primer espejo.