galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

FANTASÍA DE AGUA EN EL EDÉN GALLEGO

Cuando el agua remueve el paisaje encuentra en su camino la obra perfecta de la naturaleza. Mostrarte esos lugares, tan ocultos como bellos, es lo que me propongo esta semana, para que disfrutes de la perspectiva más hermosa del país. Te invito a conocer un pasado de inteligente subsistencia para que comprendas mejor como era esta tierra hace cincuenta mil años.  Ven conmigo y te enseñaré mil fantasías que se esconden entre los árboles de los bosques para contemplar el paso del río.

Me entusiasman los cursos fluviales. Los de esos ríos de discurrir tranquilo entre abedules de ribeira. También los regatos de ladera que siguen la generosa ruta de la vida saludable, dando saltos.

Los ríos persiguen el espacio protegido, todo un jardín natural, una estancia perfumada por flores silvestres que ilumina cada día el sol de cada época;  pero sobre todo, el de la primavera, que ya se asoma a solo unas cuantas hojas del calendario: han florecido ya las margaritas en los campos yermos, la mimosa en la media ladera y se asoman a todos los jardines esos rododendros de maravillosa policromía.      

El río que nace en la montaña nos marca los senderos entre colinas encantadas dibujando serpientes de plata sobre el paisaje, para realzar aún más la belleza de este entorno.

Vente. Camina por el sendero que conduce hasta la belleza armónica de la soledad. Fíjate en el paralelismo de las formas artísticas que te salen al paso creadas por el salto del agua. Ya ves como el río baña las riberas mágicas para generar el más asombroso y único paisaje escondido… en O Courel.

Los ríos aquí hacen reverdecer la piel de la sierra, un trozo de mundo vibrante. O Courel está bañado por cien regatos de aguas limpias donde el sol suave provoca un millón de estrellas de plata, hermanas de las devesas y soutos de centenarios castaños. Estás ahora en un trozo de tierra silenciosa que preside un pico al que llaman Piapaxaro. Unas pocas aldeas aparecen enraizadas en las laderas, donde los gallos cantan una nueva alborada. Esta es la tierra mágica de Novoneyra, el poeta que nos enseñó a interpretar el lenguaje de la montaña.

Aquí tienes la aldea, rodeada de vida, con un paisaje de campos cultivados y un paisanaje acostumbrado a la dureza del esfuerzo generoso. Es la vida en común junto a la admirable perspectiva que nos seduce; y cerca, muy cerca, de las huellas del pasado. El hórreo a pie de casa, el cruceiro en la plaza, el castro en el monte próximo, las formas caprichosas de las rocas primigenias, la ferradura, las bodegas que guardan el vino sagrado… Todo esto es aldea en el Courel, llámese Seceda o Visuña.   

Además, si te sientas en el rincón único del espacio más bello, junto al río que entona el canto rumoroso del agua, escucharás la banda sonora de cada tarde, mientras los pájaros cantores te acompañarán con su “arrechouchío”, al que pone fin la campana de la iglesia, dos veces centenaria y quizá románica. La aldea es la vida y en ella nacieron muchos de los sueños crecidos más allá del gran océano.

En los regatos muy pequeños de la sierra aún verás “píntigas” a las que la Galicia mágica concede especiales poderes para curar infecciones. Se basan, quienes en esto creen, que pertenecen al orden de los “caudados” a pesar de tener pinta de lagartija; y son los animalitos más limpios de este hábitat. A mí me enseñaron, siendo aún muy pequeño, que si en el agua del río veías salamandras podías beberla con toda tranquilidad puesto que se trataba de la más pura.

En ellas también beben el lobo y el oso. Y el corzo y el jabalí.  Y la nutria y la ardilla bonita… Y a estos no hay quien les engañe, porque son los verdaderos dueños de este espacio libre.

En medio del delirio, los animales y las aves del bosque participan en la sinfonía natural que provoca el agua al caer en el espacio más recóndito y protegido del bosque, tras la sucesión de fervenzas que dan origen al río, protagonista de la leyenda y la aventura. Para interpretar su canto acompasado has de penetrar en la cueva escondida entre altos matorrales de tojos y brezos a la que la sabiduría popular llama Buraca das Choias. Es el lugar oculto entre los matices infinitos de esta sierra, donde el misterio de la luz descubre el agua que también salta bajo la tierra procurando la magia de una melodía.

A Buraca es una cuerva kárstica a la que se llega desde la aldea de Visuña, en Folgoso do Courel. En ella aflora un regato cuyas aguas bicarbonatadas cálcicas, de débil mineralización, deberás beber. Son diuréticas. Esta es la fuente de la salud, el espacio de resurrección, el manantial de la montaña que nace cristalino, transparente… para fecundar el río que ha de crear el alma verde de la Tierra. El agua es quien provoca la belleza del paisaje.

Estamos en el camino que desciende a la media montaña. Abundan en estos lugares de la sierra do Courel fragas, carballeiras y agua que sigue bailando su danza púrpura para generar la belleza de un río. El río Lor sí, que se alimenta de esas aguas cristalinas, más puras que la propia pureza.  Por eso es uno de los más hermosos de Galicia. Tiene medio recorrido.  Riega, además de la sierra, las tierras de O Brollón y el Val de Quiroga. Y marca los límites de lo naturalmente cierto, antes de entregarse al Sil, después de serpentear el llano.

Las orillas del Lor están pobladas de abedules y choperas. Sobre su lomo, el final del invierno nos trae una postal de plata que navega sobre el agua clara, donde hasta los árboles nadan para asombro de las truchas. Ya sabes, este río es un permanente coto de pesca y por eso hasta sus ribeiras llegan pescadores de todas las latitudes. Por lo de pronto, te recomiendo que pruebes las truchas en cualquiera de los restaurantes que las ofrecen a pié de carretera. Son exquisitas.

Para terminar la excursión busquemos el espacio natural en donde el río Lor abastece de agua al Sil y subamos al catamarán para seguir su trayecto hasta el embalse del Santo Estevo. El río, encañonado, logra una barroca fantasía entre las paredes rocosas. ¿Notas como nos emociona su latido?

Finalmente, el Sil desciende solo, regando los fulgurantes lugares que nos entusiasman: los bancales de los vinos y los viejos monasterios que bautizaron como sagradas a estas ribeiras.