galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

FEIJÓO PIDE QUE HABLEMOS DE COSAS SERIAS

Por Xosé A. Perozo

Alberto Núñez Feijóo se levanta muy temprano, como cualquier líder que se precie, mira al espejo y ve la insoportable situación del país que no quiso gobernar. El espejito mágico del cuarto de baño le impele a devolver la decencia al Estado limpiando las administraciones públicas con la toalla de secar el rostro al salir de la ducha, empezando por la RTVE. Al pasar el peine por el cabello ceniza, producto de su radical cambio de imagen, comprende que sin el arreglo realizado por el peluquero la situación de España sería insostenible. En ese momento deja a un lado las anacrónicas gafas que lucía en Galicia y pasa a colocarse las lentillas usando su estirada capacidad de torpeza habitual. Ya con la vista diáfana, de nuevo se enfrenta al reflejo del mercurio y el espejo le advierte de que ha llegado la hora de hablar de cosas serias, como, por ejemplo, promover una moción de censura contra Sánchez, sin el subterfugio de “instrumental”, concepto ajeno a las reglas constitucionales. Le dice el espejo de la madrastra que o saca el dedo de los ojos de los nacionalistas o el picnic con los catalanes y vascos de derechas nunca será posible, ni ahora ni en el futuro. Para cuando el espejo se dispone a realizar un balance de los pasos dados desde su llegada a Madrid en 2022, Alberto ya ha abandonado el cuarto de baño haciendo oídos sordos a la realidad.

El espejito mágico no es leal con el líder. A sabiendas no le dice que la verdadera situación insostenible es la suya. Clara consecuencia de la cadena de errores estratégicos acumulados desde la toma de posesión de la presidencia del PP. Él aterrizó en Madrid, empujado por un imaginario efecto Feijóo, para “derogar” al sanchísmo pero no se detuvo a ordenar los revueltos muebles de su propia casa. Con sucesivas maniobras Sánchez lo está derogando a él. Abandonó Galicia con el precepto de anular a Vox bajo el brazo, cuatro años después se ha convertido en mimético de Abascal. A continuación, se empeñó en una batalla sin freno contra la amnistía al procés catalán. La inutilidad de las sucesivas manifestaciones y algarabías callejeras concluyeron por transmitir las imágenes de su impotencia e inseguridad ante las iniciativas del Gobierno y sus socios de investidura. A renglón seguido, el levantamiento de las comunidades autónomas regidas por el PP contra el ejecutivo central es otra maniobra que ya ha empezado a pasarle factura. La idea de realizar una “reconquista” territorial partiendo de Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía ha sido un chasco monumental agravado hasta el infinito por la pérdida de la mayoría absoluta de Moreno Bonilla. La indiscutible dependencia de la extrema derecha para llegar a La Moncloa ya es un signo aceptado con resignación por una amplia mayoría del PP y temido por la otra parte moderada del partido.

Hasta aquí todo lo dicho por el espejo puede parecer un chascarrillo opositor, por tanto, hablemos de cosas serias. Desde la seriedad sería razonable que Núñez Feijóo abandonase la ambigüedad y transmita a la ciudadanía cuál es su proyecto de país para superar una situación económica y laboral exitosa, cuál la ampliación de los beneficios sociales, sanitarios y educativos públicos, cómo incrementar las tasas de turismo, industrialización y agricultura, de qué modo fomentar las obras públicas y el transporte, de dónde sacar viviendas sociales… todo más allá de la simpleza imposible de bajar hipotéticos impuestos… Además ¿podrá gobernar con las manos libres de las imposiciones de su único socio posible y recuperar la capacidad de dialogar, establecer pactos de convivencia y solidaridad al margen de conspiraciones aznaristas? Según vemos en las comunidades autónomas no será posible. Todas esas cosas serias podrían haberlas analizado la ciudadanía en el discurso de la moción de censura de la que se viene hablando. Ya una utopía. Me temo que en un año más de opositor, hasta que Sánchez convoque elecciones, pronto no tendrá espejo al que mirarse cada mañana ni a un juez amigo que le tienda la mano.