galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

GIBRALTAR ESPAÑOL, RECLAMO OLVIDADO

No sé si te conté alguna vez que, los cuatro primeros años de aquel bachillerato de mis tiempos, los cursé en el Colegio Salesiano de María Auxiliadora de Ourense.  Al margen de que costaba un pastón, de que también había curas tocones y de que la calidad de la enseñanza no estaba a la altura de las circunstancias, tenía el Centro un punto ideológico que se basaba en la Religión y más aún en las excelencias del Régimen. Tanto es así que fue en una clase de Literatura impartida por don Fortunato, alias “El Focas”, en donde escuché por primera vez aquel grito tan repetitivo en la dictadura…

—- ¡Gibraltar español!

Ese día, en el que debería hablarnos de Federico García Lorca, por ejemplo, al cura aquel le salió el ramalazo franquista y nos soltó una patriótica lección magistral sobre los hechos que ocurrieron en La Roca desde 1713 cuando, según explicaba, “los ingleses nos habían robado el Peñón”. Recuerdo al tío contándonos como los ingleses -que eran todos unos piratas- utilizaban Gibraltar para guardar los tesoros de las expoliaciones corsarias.

Ya es curioso que, al final de la segunda década del Tercer Milenio, esas prácticas, las de guardar ahí los tesoros, sigan siendo la mayor fuente de riqueza del land que todo lo importa de la España próxima.

Es decir, el Gibraltar inglés de los piratas -que también fue refugio de la flota anglosajona de los mercaderes de esclavos- sigue siendo en la actualidad el gran paraíso fiscal ibérico a cuyos bancos va a parar un 27’9 % del dinero negro de Portugal y España. De eso vive, esencialmente.

Esta moderna muestra del imperialismo británico hace mucho que dejó de preocuparnos a los españoles a no ser a quienes habitan en La Línea, porque muchos trabajan en  el Peñón aunque también hay “viceversas”.

En esa zona, siempre se ha lucido el Ministerio de Industria incapaz de plasmar ideas que acabasen con el 40% de paro entre los españoles; ya se sabe, un parado de larga duración es gente que termina dedicándose al contrabando de lo que sea y sobre todo al tráfico de drogas. Y a ver quien los distingue entre los 30.000 que cruzan actualmente la verja a diario, la mitad españoles.

Pero a lo que vamos. En esto llegó el Brexit que no contentó a nadie y nos ha proporcionado un ejemplo más de lo bien que negocia el Ministerio de Asuntos Exteriores español. La ministra ha reconocido que la Unión Europea ha cedido lo que no debiera a Gibraltar mientras España permitirá que siga beneficiándose de su pertenencia al espacio Schengen -una especie de pequeño mercado común-; además, la colonia británica seguirá aumentando su tamaño ocupando nuestras aguas territoriales, robando terreno al mar, a nuestro mar.

Lo que me revienta de esta gente que se dedica a la política es que si no mienten se mueren:  dijo la ministra…

—- Ya no habrá verja con Gibraltar pero a cambio España, por delegación de la UE, controlara el aeropuerto y el puerto, que son la entrada del espacio Schengen.

A estas palabras, contestó Fabián Picardo, ministro principal de Gibraltar:

—-  Gibraltar acepta que la entrada en la zona Schengen corresponde a sus autoridades y que la agente de la autoridad Schengen en España es el Gobierno de España. Esa responsabilidad sobre su base de datos le corresponde, pero solamente una vez que Gibraltar, que tiene el control primario, haya permitido la entrada. Hemos llegado a un equilibrio importante que permite a ambas partes tener la seguridad y el control de sus respectivas fronteras. No hay una, seguirá habiendo dos: la de Gibraltar y la de Schengen. Antes de poder pasar a la frontera europea, la persona debe haber pasado la frontera gibraltareña. Luego llegará a la frontera comunitaria donde estarán los agentes de Frontex que tendrán acceso a la base de datos que mantendrá España. Allí es donde España tiene su responsabilidad remotamente, porque no estará en el aeropuerto ni en el puerto.

Picardo, profundo conocedor de la situación de desempleo en La Línea y  sabedor de que desde hace trescientos años el tema de la frontera ha enfrentado a España y al Reino Unido, ahora que Sánchez ha reconocido oficialmente la soberanía de Gibraltar, no va a ser tan idiota para dejar pasar la oportunidad de cauterizar las heridas que pueda haber en lo que el llama “Tratado de prosperidad”.

Sobre todo para su ya reconocido país. En España lo único que ganamos es que dejaremos de gritar aquello que nos enseñó don Fortunato… pero ya era reclamo olvidado en este siglo.