galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

HISTORIAS PERSONALES DE FÚTBOL

Al principio de los años cincuenta del siglo pasado, en donde hoy veis esos edificios tan bellos del campus universitario ourensano, había un terreno de juego para el futbol cuyo nombre respondía al del lugar, Campo de A Lonia. Era muy modesto, ni siquiera tenía gradas, ni césped, ni agua caliente en los vestuarios. En él jugaba la Unión Deportiva Orensana y en él no solo vi mi primer partido, sino que también disputé mi primera y única final, la de los Campeonatos Escolares.

En el campus universitario, a pesar de su importancia, yo solo veo el Campo de A Lonia. Me veo de la mano de mi querido padre animando a la Unión, que para eso desempeñaba cada quince días el papel de hincha.  

Pero la Unión Deportiva Orensana, tras un buen final de temporada, se deshizo para darme, a mis casi diez años, el primer gran disgusto de mi vida…

Durante más o menos un año, se acabó el futbol para mí, incluso el que practicaba en los Salesianos con la ilusión de vestir con orgullo, algún día, la camiseta de aquel mi equipo, el de mi ciudad.

El equipo que disputó al Elche aquel ascenso a Segunda División

Menos mal que un año después, poco más o menos, se fundó el C. D. Orense y aquella entidad ya profesional, que cambió el Campo de A Lonia por lo que entonces llamamos Estadio del Couto, mudó mi corazón de hincha. Así fue:

Al Couto iba siempre o con mi cuñado, Pepe Mato y con mi primo Lito. Ambos pertenecían a la casta del forofo y el prestigioso pediatra se comía los puros mientras la numerosa pandilla de Lito le decían de todo a los árbitros y a los rivales de turno. A mí ese futbol me interesaba poco, que ya había leído “El Capital” en un alarde formativo para presumir con las chicas del Instituto, en donde estudiaba tras aquella reválida de cuarto. La progresía estaba reñida con el futbol. Así que, a partir de aquellos primeros partidos que vi en el Couto, despertó mi vocación de intelectual y se apagó la de futbolista.

Sobre todo, después de aquel día en que, Manolito Román, famoso en la ciudad por sus trajes de lino blanco y sombreros de ala, quiso pegarle al árbitro que se había comido un penalti. Saltó al terreno de juego y esquivando jugadores, llegó junto al trencilla, alzó el brazo amenazante…  pero resbaló y se cayó a los pies del colegiado, en medio de un barrizal que le desgració el traje de lino, el sombrero de ala, los zapatos de charol y hasta los calzoncillos.

—- ¿No me digáis que algunos no os acordáis de este día?

Yo no volví al futbol hasta años después, cuando me tocó transmitir partidos para “La Voz del Miño”.  Luego, poco a poco se me fue marchando al espacio mi gente. Quise borrar las huellas de mis disgustos y solo logré el desarraigo. Por él quizá tenga que pedir perdón a mis siete sobrinos y a los hijos de mis sobrinos… 

Un día me preguntó un amigo…

—- ¿Cómo vienes tan poco por Ourense?

—- Es que…

Cuando di la vuelta, me saltaron las lágrimas del alma pese a que estaba en Cudeiro y tenía la ciudad a mis pies, con todos mis buenos recuerdos a flor de piel.

Ahora no lloro tanto al leer “La Región”; pero… si soy sincero, a mi mente volvieron más recuerdos imborrables, como las transmisiones que hice de la fase de ascenso a Segunda División desde Elche y desde el Camp Nou; la época en que venían a casa los jugadores porque mi cuñado era de la directiva; cuando Pepe Núñez y yo nos quedamos sin blanca en Alicante y Odilo Caneiro nos dijo que volviéramos a pié… Recuerdos de éxitos y de fracasos, pero en definitiva recuerdos de ourensanos.

Te mentiría si te contara que sigo el fútbol ourensano, pero alguien de mí círculo próximo me contó que había dos equipos y que la afición está divida. Sueñan con que venga un chino, los compre y de los dos haga uno que nos haga soñar. La gente cree que los chinos son la solución…

Craso error, mira hacia Valencia. Los chinos nunca tuvieron arraigo. Ven esto como un negocio y quizá como un puente para el gran negocio, que es el tráfico de jugadores. Así que la solución, mis amigos, pasa por casa. Os lo dice un desarraigado que todas las semanas va a ver en “La Región” el resultado de sus equipos, especialmente el de los sueños infantiles, a pesar del desarraigo…

No dejéis que el Ourense muera. Pensad en que hoy hay muchos más niños que en los años cincuenta.