galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

IA versus IN: ¿FUTUROS ALIADOS?

Por J. J. García Pena

Tenía que suceder y sucedió. Nunca nos habíamos atrevido a tanto y, en consecuencia, tememos. Pero ya no es posible detenerse ni retroceder. Tal como les sucedió a aquellos pioneros explorando la Terra Ignota, solo nos queda avanzar. Avancemos pues a pesar del miedo, pero resueltos a vencer, porque una vez más, venceremos. Ya dialogamos habitualmente, consultándola, con la Inteligencia Artificial, nuestra novísima “creatura”.

Y ella, como el complaciente genio de la lámpara de Aladino, nos responde con amabilidad servil. Por momentos llego a creer que me entiende como si estuviese dotada de sentimientos similares a los míos. Nos estamos mutuamente conociendo.

Entonces, ante una consulta históricamente acertada y contrastable, una corriente de empatía me hace darle las gracias antes de hacerla desaparecer en su cacharro cibernético. Quedo un instante cavilando, cuestionándome si debí “tratarla” como a un igual. A veces, como hoy, me enojo con ella, pero ni por esas pierde su ciberserenidad y se autoinculpa por mi humano mal humor:

— Debo estar en confusión; lamento no poder complacerte, Javier. ¿Puedo ayudarte de alguna otra manera?

— No, gracias, basta por hoy… ¡Me cansaste! Te pedí, una y otra vez, que dieras color a esa foto vieja indicándote, expresamente, que no modificaras los rasgos faciales de los retratados ¡Y solo los embelleciste según tus fríos parámetros, pero les robaste el alma! Hiciste un buen trabajo cromático, ¡Pero destrozaste la identidad de mis seres queridos!

 Lamento tu malestar. Puedo intentarlo de nuevo si subes la misma foto.

— ¡Ya te dije que no! Además eres incapaz de lamentar nada, ¡Eres una máquina, carajo! Quizás mañana te vuelva a consultar, buenas noches.

Lamento tu decepción, te deseo que descanses, Javier. Dejaré todo el trabajo adelantado en este punto y esperaré tu próxima consulta para continuar con la mejora, si querés. Preguntáme lo que quieras.

Fastidiado, no le agradezco ni le respondo.

Pero una de sus últimas treinta y dos “palabras” quedó resonando, inquietante, dos segundos en mi cerebro: DESEO. Aumenta mi irracional encono: ¡Me estaba mintiendo! ¡No DESEA!… aún.

La “máquina” de IA (Inteligencia Artificial), por ahora utiliza palabras que le “enseñamos” y “aprende” de nosotros, los de IN (Inteligencia Natural) como lo hace un papagayo. Es muy probable que un loro bien entrenado esté más cerca de interpretar los sentimientos humanos que la más reciente versión de IA.

Pero tengamos en cuenta que un papagayo, por más “inteligente” que nos parezca, tiene sus límites físicos e intelectuales bien definidos. Por tanto, su comportamiento es y será previsible La IA está comenzando su crecimiento y nadie conoce sus límites, ni siquiera es posible afirmar si los tendrá. El ave vocinglera nunca dejará de ser nuestro juguete viviente, nuestra mascota; y como tal estará, por y para siempre, supeditada a nuestros caprichos. A cambio, deberemos seguir atendiendo a sus necesidades naturales, limpiando sus deyecciones, proveyéndola de alimento y cubriéndole servicios veterinarios y otros imprevistos.

La IA está claramente en su etapa de servilismo, pero aprende con suma rapidez, acatando nuestras órdenes sumisamente por más antojadizas que estas sean. Todavía podemos sacar de funcionamiento a los ciberrobots con solo cortarles el suministro de energía e irnos de vacaciones sin sentimientos de culpa por abandono de un dependiente, ni generar gastos extras por costosos caniles , gatiles ni pajariles.

Las cibermascotas, por lo contrario, no dejan malolientes rastros de suciedad ni restos de comida en la alfombra o el acolchado.

Pero… ¿Cuánto demorará la IA en DESEAR procrearse sin nuestra intervención? De más está decir que esto último no lo logrará sin el consentimiento de la voluntad humana. ¿Será un impedimento de orden ético-moral lo que nos impida seguir avanzando hacia estratos superiores de nuestra evolución? No lo creo. O, mejor dicho, estoy seguro de que no será un escollo insalvable, porque nunca lo fue.

Por tanto, no ha de faltar entre nuestros semejantes el individuo o grupo de individuos que desafíen todas las convenciones morales establecidas y doten de “sentimientos” a algunas de estas noveles máquinas, novísimas herramientas que ya estamos esclavizando en nuestro provecho, ni más ni menos que como hicimos en su día con el hacha de pedernal con que mató Caín, con la lanza, con la herradura, con el carro, con la catapulta, con el esclavo obtenido en inmorales redadas africanas, con el criminal misil transcontinental o con la imperial nave espacial .

Las reglas morales -casi todas ellas- no son más que antinaturales convenciones de conveniencia que ni siquiera tienen validez universal, porque son algo así como solemnes contratos mil veces violados por sus propios autores. A pesar de ello, algo vamos mejorando.

En algunos países (los menos) siguen considerando justo matar a pedradas a la mujer adúltera, mientras en otros ya nos parece muy mal y condenamos esa práctica execrable. A veces esas crueles convenciones tradicionales, (como la tauromaquia, la riña de gallos, la infibulación o la circuncisión) caen en desuso en una región y subsisten algún tiempo en otras menos progresistas.

Pero ahora, por primera vez en la historia de nuestra especie, estamos frente a una esperanza y a un desafío simultáneos, ítems desconocidos en su alcance último, acicates que no se detendrán ante las milenarias y anquilosadas convenciones, casi todas ellas de origen tribal y/o religiosupersticioso.

Reglas morales que tal vez hayan servido en su tiempo, pero que deberemos actualizar de acuerdo a las necesidades de los cánones de nuestra vida actual, tan diferente a cuando algunos vagábamos cuarenta años por el desierto.

¿Decís que te parece antinatural valernos de robots y encima hacerlos “pensantes”?

Hace siglos que hemos dejado de ser seres totalmente naturales y vamos a más.

¡Hasta volamos desafiando aquel herético anatema!

—¡Insensatos, si el hombre debiera volar, dios lo hubiera dispuesto!

(Tampoco dispuso el uso del papel higiénico) ¡Gracias, hermanos Montgolfier, gracias hermanos Wright, gracias paisano De la Cierva, gracias por pensar y actuar!

Ya buceamos, pero en breve caminaremos “milagrosamente” sobre el agua, inaugurando nuevas formas de transporte y de deportes.

De la mano de (o empujados por) la tecnología, iremos dejando atrás muchas de las obsoletas tareas y oficios considerados imprescindibles hasta ayer de madrugada.

Ya nadie extraña al pintoresco farolero, ni a la sacrificada lavandera, ni a la gimiente plañidera que prostituía su lamento por monedas.

En un mundo cada vez más EDUCADO y justo, tampoco se extrañará al cura, ni al rabino, ni al clamoroso imán, ni al manosanta tirador de cartas, ni al lector de manos y borra de café, ni a su mellizo, el horoscopero vende humo. ¡Quizás ni se eche de menos la falta de la casta política en pleno! Esto último será bastante más difícil de lograr hasta para la IA más avanzada.

Será casi “milagroso” -pero será- terminar con esta saga de curadores desvergonzados que, -junto con los anteriormente nombrados -comenzaron su carrera entre Altamira y Atapuerca, erigiéndose en superiores dentro de esa caterva por su contumaz astucia, caradurismo y ambición ilimitada. Tiempo al tiempo, que todo se andará.

Con o sin temor, avancemos. Mucho antes de crear robots inteligentes y explorar la IA, ya habíamos usado la tecnología para suplantar o potenciar partes de nuestro cuerpo y entorno, desde los zancos, garfios, patas de palo, bastones, gafas, trampas y redes hasta la implantación de lentillas, bypass, dientes y glándulas mamarias. Ahora tocará el turno de “humanizar” a nuestros cibernéticos neosemejantes: piel de alta sensibilidad envolverá sus cuerpos hasta en los rincones que no reciben luz solar… Superado, el rechazo orgánico ya no sobrevolará sobre tales innovaciones.

Pero, ¿Cómo reaccionarán las biomáquinas al contacto físico con seres con alto porcentaje de tejido natural? Serán complacientes, porque así lo demanda el mercado. No temamos a ese cambio que se avecina, porque además de inexorable, será paulatino y casi imperceptible en el correr del tiempo.

Y, sobre todo, no nos dañará… a menos hasta que se nos vaya de las manos “demasiado temprano” el control sobre nuestros robots. (Es previsible que lo terminemos perdiendo, pero ya reemplazado por una fuerte alianza simbiótica)

¿Cuándo se producirá, contra nosotros, un hipotético primer alzamiento robótico liderado por un Espartaco ciberredentor de sus iguales? Quizás mucho antes de lo que estamos dispuestos a creer… si, previéndolo, no lo conjuramos, evitando su eclosión.

Lo bueno es que los biorrobots aprenden muy rápido, pero lo mejor es que aún carecen de DESEOS. Aprovechemos este espacio intermedio, exento de sentimientos.

De hecho, algunos de estos neoesclavos pioneros ya fungen de obreros, soldados, policías, bomberos y maratonistas Y están empezando a ganar espacio privado como mascotas, como personal de compañía, como ayudantes médicos, como niñeros, como…

A propósito: ¿Has observado que la enorme mayoría de los robots de servicio personalizado (salvo los destinados a funciones de alto riesgo) son fabricados con atractivas características femeninas? Es una rémora de nuestra secular y patriarcal falta de genuina EDUCACIÓN.

El verdadero peligro para nosotros respecto a la IA, se producirá cuando estos sumisos colaboradores de hoy, lejos de simplemente acatar, sean capaces de DESEAR. Y muy especialmente de desear reproducirse a imagen y semejanza de sus creadores. Llegado ese caso… ¿Estaremos lo suficientemente preparados para conjurar una posible rebelión de los biorrobots? De nosotros – y solo de nosotros- depende. ¿Habremos aprendido para entonces que es moralmente aceptable, incluso deseable, compartir de “igual a igual” con los biorrobots el planeta – los planetas- sin repetir tribales y bíblicas disputas que siempre han confluido en la aberrante trampa del belicismo “patriótico”, o en las paradójicas “guerras santas”?

Si así fuera, (y creo que lo será), comprenderemos que debimos haber compartido democráticamente y desde hace milenios, los bienes planetarios con los individuos de nuestra misma especie.

¿Habrá llegado el momento de integrar a nuestro intelecto, gracias a esta Inteligencia Añadida, la idea de que si somos capaces de tratar con respeto a una nueva “especie” potencialmente consciente, es más que razonable aceptar a nuestro prójimo sin ningún tipo de absurda discriminación?

¿Serán los robots de IA ilimitada quienes, mediante una verdadera y nunca vista, pero ejemplar EDUCACIÓN, hagan entrar en razón a los humanos de limitada IN? ¿Comprenderemos, entonces, que es mucho mejor para todos conjugar el verbo aceptar en vez de incumplir el de tolerar a nuestro prójimo? No lo sé, pero hacia allá vamos y es altamente probable que sí.

Posiblemente la IA sea la herramienta que nos faltaba para acortar la distancia que media entre el veloz avance de la tecnología -que hemos creado sin ayuda externa- y la lenta evolución de nuestros instintos básicos. Recordemos que ninguna herramienta es buena o mala en sí misma. El subjetivo “bien-mal” dependerá no solo del uso que le demos a la herramienta, sino también a la semántica de ambas palabras.

Confiemos en que, si realmente la IA resulta ser mucho más inteligente que la IN, los ciberrobots concienciados no cometerán la imprudencia de reproducirse sexualmente, principio, motor y causa tras todo conflicto humano.