galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

IDEA VILARIÑO Y FAMILIA

Por J. J. García Pena

Ás mozas de Vilariño

din que non beben viño

e debaixo do mantelo 

levan o xarro escondido.

¿Sería exactamente así?  No estoy seguro -¡Fai tanto tempo!- pero así la recuerdo. Sea como fuere, cada vez que releo o escucho a Idea acuden a mi mente -envoltos en gaitas, foguetes, alaláes y pandeiretas aquellos versos de mi primera niñez: As mozas de Vilariño...

No sé si ya te conté que en Uruguay tuvimos y tenemos más de un poeta o poetisa de rotundo origen gallego. Si te presento, por ejemplo, a Juana Fernández Morales, hija del emigrante Vicente Fernández, natural de Vilanova de Lourenzá (Lugo) ,me dirás…

—- E logo, ¿Quén foi ela?

Pero si te nombro a Juana de Ibarbourou, separarás las manos con las palmas hacia arriba levantando la barbilla y te saldrá un inevitable… 

—- ¡Ah, Juana de América!

Hoy, si me lo permitís, te hablaré de Idea Vilariño. Nació en 1920 en un arquetípico hogar montevideano de clase media. Pronto la niña dominaría el piano y el violín, su instrumento preferido. Su padre -un culto anarquista -, fue el solidario propietario de una barraca de venta de cal y otros materiales para la construcción.

– Era más compañero que patrón -rememoró en 2009 su hijo menor, Numen.   

Además de la pasión poética y musical del poeta anarquista Leandro Vilariño Labandeira, sus cinco hijos recibieron la benéfica influencia literaria de su mamá, doña Josefina Romani, maestra y católica. 

Cuando la poeta conoció la tierra de sus abuelos paternos habían pasado, apenas, quince años de la más horrorosa matanza entre hermanos y la sensible Idea, de treinta y cuatro años, debió compadecerse, por fuerza, de aquella abominable España color NO-DO, que estaba en manos de un fanático religioso. No era para menos: tenía clara conciencia de ser una privilegiada gracias a sus cultos padres y al sacrificio migratorio de sus abuelos paternos.

Miseria en el siglo XIX y miseria en el XX. (Siempre la misma miseria humana que arroja los cuerpos vivos a playas desconocidas).

Dejemos que la propia artista nos relate sus vivencias con respecto a Galicia, rescatadas en su extenso Diario de juventud, compuesto, al correr de los años, por varias libretas manuscritas.

Diciembre de 1944. Pienso en mis padres. Pienso que ellos hicieron la luz en la oscura sucesión de generaciones que nos han producido. Papá, hijo de inmigrantes llegados jóvenes de La Coruña, gente de rasgos nobles y frentes altas. Mi abuela era pastora. Mi abuelo tenía tierras en Galicia. Papá, tirando papeles, tiró un día al canasto el inventario de bienes, muebles, animales, casas (todo a mano) de esas propiedades.”

Casi sentimos que profanamos su intimidad cuando husmeamos en la tierna terminología hogareña que Idea usa para referirse a aquellos pioneros del último cuarto del siglo XIX:

Lolo se casó en Montevideo con Lala. Eran –ella, por lo menos– de la parroquia de Cesullas, Puente Ceso, La Coruña, un hermoso lugar, entre las rías, de un verde maravilloso, que siempre nos prometimos visitar papá y yo, pero que después visité sola, en 1954. Hay una serie de pueblos por allá que se llaman Sta. María de Vilariño y otros semejantes –incluyendo el apellido, un diminutivo de villa supongo.»

En seguida transcribe lo aprendido de su abuela inmigrante:

                          Toca a frauta, Domingo Gaitero. 

                          Toca a frauta. Non quero, non quero.

                          Non é que non queiras, é que non sabes. 

                          O que che falta é a habilidade.

Más adelante, en el mismo Diario, Idea Vilariño deja constancia de alguna espantosa y confusa canción que aprendió en el hogar montevideano de sus abuelos gallegos:

En Galicia hay una niña que Catalina se llama,

ay, sí, sí que Catalina se llama.

Su padre era un perro moro

su madre una renegada,

ay, sí, sí, su madre una renegada.

Todos los días de fiesta su padre la castigaba

Ay, sí, sí, su padre la castigaba.                   

Mandó hacer una rueda de cuchillos y navajas,

Ay, sí, sí, de cuchillos y navajas.

La rueda ya estaba hecha, Catalina arrodillada.

Ay, sí, sí. Catalina arrodillada.

Cuando ya estaba subiendo cayó un marinero al agua,

Ay, sí, sí, cayó un marinero al agua.

–Qué me das tú, marinero si yo te saco del agua,

Ay, sí, sí si yo te saco del agua.

Yo te doy mis tres hijos y a mi mujer por esclava …»

No hará falta jurar que le creo el recuerdo a Idea. Canciones de igual y peor contenido -por otra parte, tan inapropiado para cualquier alma sensible e imperdonable veneno en los labios puros de un niño- se cantaban al menos en Sada, me consta. Canciones horripilantes que hablaban de vejaciones, incestos y suplicios monstruosos, se cantaban en rondas infantiles.

Fuerte ha sido la influencia de Leandro padre en la conciencia político social de sus hijos, especialmente en Idea, la segunda. La joven, aunque de carácter reservado -que muy a la ligera suele confundirse con timidez- estuvo comprometida con las corrientes del pensamiento más liberal de su patria. Ello le costó no pocos disgustos durante la odiosa dictadura militar, incluido el exilio de entrecasa.

Idea Vilariño no se anduvo con circunloquios puritanos a la hora de abordar y de describir sus escarceos y sus compartidos lances amorosos. Ni siquiera se cortó, timoratamente, al disponer de su propia mortalidad. No obstante, dejó a sus familiares en libertad de optar entre dos funerarias montevideanas: 

Nada de cruces. No morí en la paz de ningún señor, etc. Empresa Forestier Posse o Martinelli. Decir allí: murió Idea Vilariño.  Cremar.» 

Juego a suponer que la poetisa célibe decidió su póstuma voluntad tras un imaginado coloquio de tú a tú con AtahualpaYupanqui, que le habría susurrado por lo bajo: 

… No quiero cruces ni aprontes, ni encargos para el Eterno.

Leandro y Josefina tuvieron la hermosa ocurrencia de inscribir, en el Registro Civil de Montevideo, a sus cinco hijos con nombres poco comunes: Numen, Poema, Azul, Alma e Ideal, apocopada en Idea. Los poemas de Idea apuntan directo al corazón, eludiendo cualquier otra víscera. Son saetas que no matan, pero hieren y despiertan. Leamos, si no -y solo como botón de muestra- el final de “Ya no” 

            … no sabré dónde vives 

                  con quién 

                  ni si te acuerdas.

                   No me abrazarás nunca

                  como esa noche

                  nunca.

                  No volveré a tocarte.

                  No te veré morir.»

Mucho después de que ella creara aquel poema llamado “El poema y la canción”, otra criolla uruguaya, también descendiente de la Galicia lucense, le puso voz y emoción -¡y qué voz, y qué emoción!- al sentir de Idea Vilariño.

Hoy comparto contigo la versión musicada de esos versos, interpretada por mis queridos amigos   Cristina y su esposo Washington Carrasco.

Hay que ver lo bien que suena esa guitarra y como se complementan esas voces, hasta el punto de transmitirnos el alma de Idea Vilariño sobre las notas musicales de una milonga campera de Alfredo Zitarrosa.