galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

ISAAC DÍAZ PARDO, EMPRENDEDOR Y ARTISTA

      Cuando le veía, hace ya un par de años, paseando las calles de Compostela en esos atardeceres espléndidos primaverales, me decía siempre:

      — Tes que camiñar, que senon vas morrer novo…

      Para uno, sus amigos siempre se van antes de lo que debieran. Sí, ya; tenía 91 años, que es una edad muy respetada y respetable. Pero Isaac Díaz Pardo tuvo hasta el último minuto una gran vitalidad intelectual. Y es un ejemplo a seguir.

      Porque… ¿Cómo te diría?

      Con él se fue una de las más preclaras mentes de la intelectualidad patria, un gran emprendedor y un artista extraordinario, de esos que solo conoces cuando te sientas con él a ver sus obras…

     — Estos debuxos fíxenos en Bós Aires hai moitos anos. I estas pinturas non son feitas en plan profesional…

     Aquel día me regaló una serigrafía con una leyenda: “Non lle poñades atrancos o neno mentras medra”. Hoy, cuando me sublevan mis nietos procuro calmarme mirando el dibujo que preside la entrada de mi casa.

     Era humilde como artista pese a licenciarse en la Facultad de Bellas Artes de San Fernando

    — Boeno, eso non foi un mérito persoal. Si acaso ó mérito démosllo a fame que pasaba e o entusiasmo que tiña un rapaz de 22 anos que traballaba dabondo, efectivamente, polo que parece que mereceu algúns premios seica importantes…

    Y me enseñó unos desnudos en rosa, abundantes en carne, que me pareció ver también en alguna pieza de la Cerámica de Sargadelos

    Con cara de pillo, esa que ponía cuando hablaba de la mujer, remachó:

   —  Seica a xente lle gustan os espidos. Incluso mercoume un unha vez un matrimonio maior. ¡Sería para cobrar folgos!

UNA DE SUS GORDAS

    En aquella mi primera visita que hice al gran complejo de Cervo, allá por los años ochenta, Isaac me dijo con rotundidad…

    — Eu xa non son artista. Iso hai tempo que pasou a historia. Agora son un industrial…

    — ¿E como deixa un de ser bohemio para meterse nestes fregados, Isaac?

    — A culpa a tivo o finado de Luis Seoane; ese sí que era artista, Xerardo; o mellor da historia da plástica galega. Da súa cabeza saíu o Laboratorio de Formas, o complexo cultural do Castro, a cerámica… Eu acompañeino, fun só un compañeiro…

    Otra vez con humildad pretendía tapar el orgullo que sentía por haber participado como gran actor en la obra cultural de mayor calado entre el galleguismo. 

    Porque aquel Laboratorio de Formas fue el mayor revulsivo para la cultura gallega en una época nada fácil y de la que, en los últimos tiempos, parecen haberse olvidado muchos, pero sobre todo sus actuales accionistas.

     Verás. Pasaba una tarde frente al Derby, ese café de Compostela en el que nació la UPG aunque algunos crean que fue en Allariz, y decidí acompañarle hasta el Teatro Principal.

     Esos días los periódicos daban cuenta de que había sido apartado de la dirección de O Castro y de la de Sargadelos. Un golpe de mano empresarial le había retirado cualquier viso de poder en sus dos empresas y en sus dos mejores obras.

    Estaba triste, lo noté cansado por primera vez y con pocas ganas hablar. Solo me dijo, en todo el trayecto:

   — Agora son un industrial fracasado, Xerardo. Un industrial fracasado…

SARGADELOS,  SU OBRA PERVIVE

   Creo que fue entonces cuando empezó a deteriorarse el cuerpo de Isaac Díaz Pardo,  que no el alma, pese a los ánimos que recibía desde todos los frentes y en todos los medios de comunicación del país.

    Porque, te lo digo en serio, Isaac era una persona muy querida en toda Galicia.

   Yo no volví a comprar una sola pieza de Sargadelos ni nada que se hiciera en el Complejo de O Castro…

   Tampoco volví a ver a Isaac porque me refugié en la aldea a leer y a escribir; y pocas veces paseo por las calles de Compostela.

   En el alma bohemia de Isaac Díaz Pardo hubo sin embargo un gran interés por la política, poco usual entre los artistas. Creo que sus amigos de juventud tuvieron mucho que ver en ello y en sus ideas socialistas…

   Cuando conoce a Castelao experimenta un cambio importante en su manera de ser, de pintar, de dibujar. En América convive con muchos exiliados, como Baltar o Dieste. Un día en la tele me lo contaba así…

   — Mira ti como era eu de novo que cheguei a chamarlle reaccionario a Castelao… Daquela había un fato de exiliados que tiñan moi claras as ideas, pero morreron todos.

   — E agora…  Esta Galicia de agora… ¿Qué che parece?

   — Pois nin ben nin mal…

   — ¿E que hai desa República túa, Isaac?

   — ¡Non hai nada! ¿Qué vai haber si todos os republicanos están mortos?

   — Pero as ideas sobreviven…

   — Sí, claro; eu tamén ei morrer sendo republicano… 

  En su vida influyó más que nadie Luis Seoane, por el que sentía verdadera admiración y del que era su mejor amigo. Cuando le hablabas del Laboratorio de Formas o del Museo Carlos Maside, siempre te contestaba…

   — Se non é por Luís Seoane non se fai nada deso…

  Y entonces viajaba por la memoria hasta aquella Compostela de antes de la guerra, cuando había Casino y Mercantil…

   — O Casino dos Caballeros era da xente ben e o Mercantil, que estaba o lado de Correos, era mais cultural daquela. Era curioso porque organizaba moitos bailes e tamén moitas exposicións. Alí expuso Seoane ó que eu xa coñecía, claro…

DONÓ SU ARCHIVO A LA CIUDAD DE LA CULTURA

  Cuando ya estaban avanzados algunos edificios de la Ciudad de la Cultura le pregunté a Isaac que le parecía aquello y se echó a reír, pero con mucha sensatez me dijo:

  — Sería unha pena desaproveitar o tirón que pode ter esta arquitectura de dispendio. Galicia cometería un erro moi grande senón se toma en serio os contidos de tan espléndido continente…

  Y a la Ciudad de la Cultura donó todo su archivo y biblioteca personal, de gran valor histórico para el país, puesto que contiene incluso alguna de las actas de los consejos del gobierno gallego en el exilio, presidido por Castelao.

   Además conoció a Ramón Cabanillas, a los Vilar Ponte, a Risco… Quizá por eso yo le considero un intelectual galleguista como los de aquella generación.

    Por todo el Cono Sur americano tenía una gran querencia.  Era frecuente escucharle hablar con mucho cariño de su etapa en Buenos Aires…

   — A cultura galega, que nadie se equivoque, nacéu realmente en Bós Aires, en Cuba, en Montevideo…

   Recuerdo que cuando a mí me entregaron, junto a Torrente Ballester y a la Universidad de Santiago, lo que considero el mayor de los honores, el premio de la Real Orden de la Vieira, me encontró en el café Derby y me dijo:

   — Déronme non moitos pero sí algúns premios que eu considero importantes. Pero para mín, o que mais,  foi o da Vieira de Plata do Patronato da Cultura Galega de Montevideo. Por quén mo daba e polo que siñificaba.

   En aquella Radio Popular de Vigo de mis amores, le pregunté otro día:

   — ¿Cal foi o feito que mais influí na  túa vida, Isaac?

  — Sen dúbida a morte do meu pai… ¡Aquelo marcoume para sempre!

  Su padre había sido vilmente asesinado por aquellos bárbaros que llamaron cruzada a aquella maldita guerra, en el año 1936, cuando Isaac tenía 16 años recién cumplidos. Su padre, Camilo Díaz Valiño, era un gran intelectual, miembro activo de las Irmandades da Fala, pintor y escenógrafo.

   Díaz Pardo  nunca olvidará…

   — A memoria non debe esquencer esas cousas, Xerardo. Meu pai estivo na cadea e fixo os retratos dos seus compañeiros de celda, entre os que estaba Ánxel Casal, que fora alcalde de Santiago. Fusiláronos a todos. ¡Ós vinte!

   Ayer escuchaba a Antón Losada, mi admirado comentarista político de la SER, contar una historia de la que fue protagonista:

   “Se posicionó a favor de que los bidones del Casón –aquellos que explotaban y cuyo contenido aún se desconoce en la actualidad- fuesen llevados al complejo de Alúmina Aluminio. Los que somos de Cervo no le perdonamos aquello…”

  Sin embargo yo creo, Antón, que será una pena que no exista un Dios que le perdone a Isaac sus pecados… Porque los pocos que cometió fueron todos veniales.