galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

JUAN FORMELL, EL INVENTOR DE LA GUAJIRA

Te digo que jamás he sido un danzante, hasta que allá por el 1969 viajé a La Habana, invitado por el Festival Internacional del Cine Latinoamericano. Entonces, al margen de la oportunidad que tuve de poder interesarme por aquellas películas de mis hermanos que aquí no llegaban, aprendí mucho al lado del querido compañero Julio García Espinosa, que con el tiempo sería el mejor director de la Escuela de Cine.

Y también supe en aquel viaje lo que realmente era una verbena popular…

Estaba en una barra de los jardines del Hotel Nacional con un colega tomando “ron en la roca” cuando, no sé cómo, me arrastraron entre una multitud que se cimbreaba al compás de la música. Guajira, naturalmente. El ritmo lo había escuchado en Galicia sobradas veces, pero nunca me había obligado a mover los pies frente al cadencioso baile de una mulata presumida. Y mucho menos me había fijado en aquellas letras en mi idioma, jacarandosas, que me hacían reír muchísimo al mismo tiempo que inspiraban mi danza y me hacían gritar con todos aquello de…

—- ¡Qué sabrosura!

Imagínate como me marcaría la cosa que, de vuelta en el avión, atravesando una tormenta, en vez de rezar me puse a cantar…

—- Tan, tan, tan…tan, tan…tan tarantán… ¡La Candela!

Esa era la “sabrosura” que se me había metido en el cerebro y que aún hoy, a los setenta y siete, trasciende por encima del futuro en inglés o en alemán, idiomas nada artísticos para esta cosa del ritmo que te cura los males de la depresión… que no hay más que ver a los cubanos, gente buena y divertida a pesar de los pesares.

Desde hace unos años, por el Cielo ocurre lo mismo que en las verbenas del Festival de Cine de La Habana. Cuentan los ángeles celestiales que todo el mundo anda a vueltas con la “sabrosura” y que de la Tierra llegó un músico capaz de hacer bailar son y guajira hasta el mismísimo San Pedro, que era un soso de tomo y lomo.

—- El músico se llama Juan Formell y viene de Cuba vestido de bajista y director de grupo, con una medalla en el pecho.

—- Esa es la “Orden Félix Varela”, chico. La mayor distinción que le pueden dar a un cubano. Para mí es mucho más importante que los Grammy. 

Juan Formell llegó al Cielo hace más o menos cinco años y ya se subió al escenario tras hacer un casting de músicos similares a sus “Van Van”, que se supieran bien el repertorio, casi de memoria, como tocaba por aquí, por todo el mundo, la famosa banda de salsa.

Recuerdo que en 1999 recibí una postal desde Los Ángeles, de mi amigo Pedrito, con el que compartí programa en la televisión cubana. Me decía:

—- Juan está como loco. Llevamos 26 conciertos en Estados Unidos y “Los Angeles Times” escribió de nosotros: “Los Van Van son los Rolling Stones de la salsa. Es una de las orquestas bailables de mayor influencia en la historia de la música afrocubana”.

Juan Formell me llevaba tan solo un año y recuerdo que allá por el 89, cuando me lo presentó Pedrito en el Floridita, ya comía poco y tenía mala cara. Decía…

—- Los músicos vivimos de noche por eso siempre tenemos cara de enfermos…

A lo que Pedrito respondía…

—- Menos los negros, jefe… Nunca se nos nota la mala cara.

Pedro era la voz principal de Juan Formell y posiblemente el cantor más popular de la Cuba verbenera, siempre con su sombrero de ala y moviéndose como una serpiente cuando le pisas la cola, en aquellos escenarios tan populares como sus canciones.

Hace tiempo que no se de Pedro pero me dijeron que ya solo cantaba como yo, en la ducha y que eso sí, no perdió aún la tradición verbenera…

Aquella noche en el Floridita hablamos de lo divino y de lo humano, pero sobre todo de música y de aquella “suerte que tenían Los Van Van que todos los años hacían giras por el extranjero…”

—- Para un músico cubano la gira es muy diferente, porque te manejan como a las “estrellas” y te apartan del público. Entonces no sabes si has triunfado realmente.

—- Sí, es cierto. Terminas de actuar y tienes una sensación distinta que en Cuba.

—- Claro, porque yo a la gente de mi Cuba me la encuentro comprando el pan, paseando por La Habana. Y hablamos y te dan ideas. A veces te dejan saltar la cola de la gasolina.

—- Se te acercan, te piden un autógrafo, te hacen comentarios sobre tu trabajo. Lo que más le gusta, lo que les disgusta.

—- Incluso se meten dentro de tu coreografía. Todo esto te sirve de mucho. La gente te quiere y te abraza con mucho cariño. Son las cosas sencillas, que a mí me parecen muy bonitas y que establecen ese punto importante de comunicación.

—- Hombre, Juan. Tú fuiste un pionero de la música popular…

—- No, yo no la inventé. Antes que yo pasaron por aquí Ñico Saquito, Benny Moré y Miguel Matamoros, entre otros. Yo me siento un cronista de la música popular bailable. 

—- ¿Qué quieres decir con eso?

—- Pues que puedes inventar situaciones, pero para contarlas bien tienes que haberlas vivido, gozado y hasta sufrido.

—- Es cierto, los cubanos siempre estamos inventando frases y palabras…

—- En las canciones escucharás “Eso que anda”, “Por encima del nivel” o “Qué bola”, que son palabras que se inventó el pueblo y que se entienden muy bien cuando conoces la realidad cubana… Uno termina convirtiéndose en un cronista de la vida cotidiana al asumir la ironía, los refranes, la picardía, el doble sentido de tantas frases que se inventan. O sea, uno retoma el sabor del pueblo y le pone música.

Juan Formell era uno de los músicos más interesantes de cuantos te podías topar en un viaje a La Habana y escuchándole era probable que te nublara los ojos el sol del amanecer.

Su debut fue en 1959, a los 17 años, como miembro de la Banda de Música de la Policía Nacional Revolucionaria. Acompañó como guitarrista a otros artistas de la talla de Elena Burke y Omara Portuondo. Formó parte de orquestas tan sonadas como Robalcaba y Peruchín; o Elio Ervé tras tocar el contrabajo en el espectáculo del Hotel Habana Libre…

En fin, tenía Juan Formell una gran base para catapultar al éxito a “Los Van Van”, nacidos para la gloria y para hacerme bailar en aquel 1969, en la verbena del Hotel Nacional, todas las guajiras que he bailado en mi vida.

Lamento que se haya ido sin llegar a disfrutar plenamente de su éxito, aunque para él… ser feliz era muy sencillo… Le bastaba tocar una noche en Vigo, en Los Ángeles, en Londres o en Madrid…

—-   Sientes una emoción muy grande, inmensa. Te das cuenta qué tu paso por la vida sirvió de algo, que valió la pena haber vivido. Todo el mundo no tiene esa suerte. Eso no quiere decir que uno sea mejor que los otros, no: Es algo que la vida te puso y supiste aprovechar. Es un privilegio el que te puedas comunicar y ser querido por tanta gente. Que la lucha y la perseverancia te hayan llevado a formar parte de una historia de la humanidad.