galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

LA BAMBA

Por J. J. García Pena

Pocas canciones se han hecho tan populares – y al mismo tiempo tan de nadie- en el mundo hispanoparlante, como La Bamba. En México, especialmente en Veracruz, es una especie de himno extraoficial  que compite con La Cucaracha, Cielito lindo o Adelita. En el Río de la Plata pervive en la memoria colectiva gracias a las voces de Dean Reed, Trini López, Los Lobos y José Feliciano, entre muchas otras.

Las versiones de sus estrofas, antojadizas y picarescas, son tan diversas como los artistas que  las interpretan. Muchas de ellas machacan aquello de “para subir al cielo … una escalera grande y otra chiquita”, “yo no soy marinero, soy capitán” , o ” en mi casa me dicen el inocente”. Nadie puede arrogarse la paternidad de los desenfadados versos, posiblemente llegados a América tarareados y silbados a bordo de carabelas y galeones, tan viejos son esos cantares.

Cada tanto, rescatados del más oscuro olvido, se nos entremuestran por los resquicios de algunas viejas cantigas gallegas o en las nostalgias de los romances castellanos y sefardíes. 

Imposible rastrear hasta dar con el ignoto y fenecido autor que, a su vez, debió abrevar en las leyendas, saberes y decires de su pueblo y su época, amoldándolas a las gargantas que habrían de conservarles la vida. Hasta el propio García Lorca nutrió su genial fantasía en los viejos cantes, refranes y consejos del tiempo de los moros peninsulares. Tal vez el poeta sevillano Manuel Machado, digno hermano de Antonio,conocedor de gestas y madrigales, sea quien nos resuelve el acertijo original al revelarnos que:

Hasta que el pueblo las canta,/ las coplas, coplas no son,/ y cuando las canta el pueblo,/ ya nadie sabe el autor.

Con otras palabras, pero idéntico razonamiento, el cantor uruguayo Alfredo Zitarrosa, arriba a la misma conclusión que Manuel:

Nadie sabe en qué tiempos fueron paridas/ las coplas de mi pueblo mejor nacidas./ Cuando el pueblo las canta recién empieza/la vida de las coplas y su certeza.

Entonces, cobra sentido la sentencia que el mismo Manuel incluye en su poema La copla, en el que le dice al poeta Cubano Nicolás Guillén:

Tal es la gloria, Guillén,/ de los que escriben cantares:/ oír decir a la gente/  que no los ha escrito nadie.

La Bamba es uno de los más claros referentes de ese aserto sin tiempo. Las coplas, aves inquietas, salen volando por la ventana del escritor y se posan, por igual,  a los pies del juglar de plaza, del niño, del ama de casa y del guerrillero. Cada cual las interpretará a su modo, ya se sabe. 

El niño será el único inocente capaz de celebrar, con risas, el bélico destino de Mambrú.

La voz del ignoto poeta- padre de La Bamba se ha multiplicado en los cien versos, juguetones hermanos menores de los primitivos, que le han salido siglos después de muerto aquel. Por tanto, no ha de sorprendernos encontrarnos con algunos de ellos si alguna vez alguien nos ofrece escuchar al centenario dúo de Gardel -Razzano cantando, en 1917, aquello de “En mis pagos me llaman el inocente, pues me gustan las mozas de quince a veinte”. No solo hay similitudes entre algunos versos, sino que conservan la misma métrica y el carácter desenfadado e inconexo de los de La Bamba.

Antes que maestro, primero alumno.