galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

LA ESTÉTICA DE NUESTRA VIDA

Río Tambre. Coto de pesca de Ames.

El paisaje es la estética de nuestra vida. De montaña, de bocarribeira, de valle, de costa, de mar, de río… Todos los paisajes de Galicia  se combinan manifestando su diversidad.

La atmósfera atlántica y cantábrica de sus dos mares.

El prolijo tapiz vegetal de sus fragas.

Los montes de las sierras, donde se esconde la piedra básica de lejanos orígenes.     

O los valles, articulados en su amplitud por mil ríos.

El paisaje de Galicia es bonito porque alcanza la perfecta belleza de la armonía y encuentra siempre el paralelismo de las formas artísticas con el salto del agua.

Y además es el alma de la Tierra porque ostenta a su vez la huella de la historia.

LA MONTAÑA

Antigua laguna glaciar de Peña Trevinca, subiendo por A Veiga.

Al final del sendero, siempre hay una cumbre desde donde el paisaje nos muestra la primigenia Galicia de la montaña, que es aquella en la que la gran mancha verde deja paso  a los picos escarpados.

Cada cima tiene nombre propio y en su entorno jamás crece la hierba mas allá de donde se lo permiten los rebaños de ciervos, corzos y gamos.

La montaña gallega pinta su mayor encanto natural en estas crestas de pastos, que se alzan hacia el cielo por encima del bosque y nos permiten ver todo cuanto existe en el territorio.

Los verdes de la media ladera.

Abajo, los valles profundos sobre rocas enquistadas por la erosión de los ríos. Próximos a los penachos, los saltos del agua en libertad que buscan su destino final desde el precipicio. Y en lo más alto, los restos de antiguos glaciares rodeados de nieve.

Todo está a nuestro alcance siguiendo los viejos caminos que persiguen la hermosura infrecuentada.

El agua crea formas insólitas en O Courel.

El agua crea formas insólitas en O Courel.

EL VALLE

El valle aparece al dar la curva en descenso del Camino a Compostela.

Huelen a tierra humedecida, a maíz recién cortado, a castañas asadas, a humo de lareira vieja… los caminos de la aldea, organizados en torno al curso del río que baja por la ladera.

Lucen los paisajes  de media montaña, -de souto o de fraga, de carballeira o de devesa-… los otoñales colores de cielos azul-gris, de valles verdes y de tímido sol entre sombras de niebla que atraviesa las degradaciones cromáticas de los árboles.

Fraga de A Teixeira.             El Riamonte entona su sinfonía.

Place  la armonía perfecta que el agua proporciona cuando se bebe  la belleza del entorno multicolor.

Y suena, como salida del fol de la gaita, la natural sinfonía de agua que matiza las perspectivas de la Tierra, en cuyas raíces encuentra el artista la inspiración que precisa para su arte.  

LA ALDEA

La aldea recuperada. Quintáns.

El paisaje nos cautiva y nos invita a vivir cerca para admirarlo mejor. Y allá nos vamos, los que nos hemos cansado de la cultura del asfalto. Así resurge la aldea en la Galicia del tercer milenio. Renace la vida campesina y crece a su lado la Galicia residencial.

Augapesada, corazón de A Mahía.            El maíz maduro y debullado.

Por las mañanas canta el gallo a dúo con cualquier intérprete latino salido del equipo de música. Al atardecer, el verde del prado  se tiñe de oro mientras nos asombra el campo cultivado.  Y por las noches, cuando sale  la luna, solo se escucha el silencio.

DOS MARES

Islas Cíes. A la izquierda, el mar esculpe la roca. Por la derecha, se mece en la playa.

Un mar acaricia la gran playa y otro bate contra las rocas que emergen del lecho submarino, frente a las islas, a las que envuelven leyendas de piratas, tesoros, ejércitos fantásticos, demonios y bellas nereidas hijas de Neptuno.

Frente a los dos mares resplandecen algunos lagos legendarios que ocultan históricos pueblos de la antigüedad. En ellos se enraízan los juncos y los nenúfares que procuran la dulzura del agua mansa.

En el horizonte inalcanzable, la caricia de las rayoliñas hace temblar los barcos que danzan entre olas, ebrios de sal,  navegando hacia el puerto de la vida…

Por la arena de la playa un sol tímido persigue la sombra de las nubes mientras las meigas dejan sus huellas mojadas.

Bajo el agua,  bailan invisibles el pulpo y la nécora, y miles de peces corren enloquecidos por el espacio.

Las olas pronuncian su sinfonía contra la roca…

En Galicia, hay un mar que esculpe estatuas de piedra y otro que se mece en la calma de la playa serena.

Playa de As catedrais

QUINCE RÍAS 

Entre el cantábrico Faro do Castro y el mirador Atlántico del Tecla, los dos mares buscan refugio marinero en las rías, nacidas del sublime acto de amor que provocan los ríos principales cuando se entregan al mar.

Las rías de Galicia son la esplendorosa hermosura del paisaje y al mismo tiempo la sal elemental de la vida marinera.

Esconden maravillosos misterios, leyendas imaginarias e imaginados tesoros, tan ocultos que nunca fueron hallados.

Tienen islas propias y playas de ensueño en el lugar donde duermen las mareas, mientras suena una sinfonía de paz inmensa.

 En las rías, la luz de plata penetra en el agua procurando los moluscos, los crustáceos y el rey de los cefalópodos.

 Las rías de Galicia son paisaje y literatura de un mar sereno, siempre propicio para el relato. 

Mi ría bonita es la de O Barqueiro con su Playa de Arealonga.