galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

LA FÁBULA DE LA HEMBRA – Por Loreto Ibáñez Fontán; desde Santiago de Chile

“…Quítate el vestido,

quítate el desnudo y

muéstrame al animal…”

(Luis Eduardo Aute)

Le come la rabia, y lo que es peor, la muerde. El tiene razón cuando dice que no le alcanza para ser una mujer. No logra manejar ciertos códigos, como tampoco encuentra el recurso de la motricidad fina para delinearse la boca que le queda siempre dura y torcida, como un zueco.

Quizás por eso no se maneja bien sobre los zapatos de taco, y sin ningún criterio, es capaz de ladrarle las cosas que le dice, cuando lo lógico sería jugar al rito aquel del cortejo, en que los animales, incluso los humanos, apenas gimen.

Pero no, ella no se calla, y después hace pucheros que le hacen ver más ridícula la boca, y entonces sabe que él se ríe, porque sabe que imagina su cara como si viera a Lassie, otras a  Bambi; las más como al pobre perro de Pavlov,  las menos, como a una loba en celo, lo que sería tolerable, y entonces le da por odiarlo, y quererlo, y odiarlo, y quererlo, y más por quererlo cuando se le quita un poco la rabia que la muerde.

Pero por un asunto de estímulo y respuesta, lo odia otra vez, rápidamente… «estás enamorada de un personaje de cuento que inventaste». Puede ser, piensa ella. Pero sobre eso, sobre eso tan grave, va él y dice «lo nuestro (como si existiera entre ambos el pronombre) es una fábula», y que ella sepa, por lo que le enseñaron, las fábulas son relatos breves, y este asunto ha durado demasiado; y están escritas con intención didáctica, y aquí ella no ha aprendido nada; y los protagonistas son animales, y le duele porque sabe lo que él piensa de ella, y porque ella lo ve y lo recuerda hombre.

Es entonces cuando se da cuenta que no le da para mujer, porque de verdad parece un animal y la rabia que le viene, de tanto odiarlo y quererlo, no sólo se la come, sino también va y le muerde la cola.

Dijo una mujer verdadera «toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final,  sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas  viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector, porque un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea»

Es cierto, lo dijo una mujer verdadera como Silvina Bullrich, pero no se lo dijo directamente, pues lo escribió para todos en su «Carta a un Joven Cuentista», y ella, que ya no sabe qué es, si animal o sólo la mitad de una mujer, aunque todavía cree en las hembras de esas que le gustan a él, quién sabe dónde lo leyó, y sigue tomada de su mano, pretendiendo llevarlo firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que le trazó. No se distrae viendo lo que él no puede o no le importa ver.

No le digan que abusa, porque el amor, es un encantamiento depurado de ripios. Y ella tiene esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

Hoy lo amó y lo odió, tanto como ladró y lloró en su nombre. Pero con la rabia que le come y la muerde  se va a dormir tranquila.

Quiere soñar que es la protagonista de una fábula en la que no es un animal bruto, sino una cría recién parida a quien él cuida… lástima que cuando sueña tampoco es para él una mujer. Su sueño no le aporta moralejas.

Loreto Ibáñez Fontán

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