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LA IDENTIDAD COMÚN DE EUROPA ESTÁ EN PELIGRO

Xosé A. Perozo

La crisis mundial generada por Trump y su tropa no es únicamente una estrategia económica, debemos leer sus claves como un intento de descomponer la Unión Europea al atacar la esencia del sistema democrático.
Mi tendera no entiende todo este follón de Trump y los aranceles. Yo tampoco. Dice ella que, si esos impuestos restringen la entrada de productos europeos en EE.UU., por ejemplo, nuestro aceite de oliva, no deberían subir los precios en España. Al contrario, al encontrarnos con repentinos excedentes lo normal sería que las botellas del líquido oro bajaran de precio en los lineales del supermercado.
Intento explicarle que los intríngulis económicos nada tienen que ver con las cuentas de la vieja aplicadas por nosotros ni con la lógica. Le digo que los aranceles los sufrirá directamente la ciudadanía estadounidense pero los daños colaterales también nos alcanzarán a nosotros, especialmente si se produce una recesión económica, por los efectos de la globalización que padecemos. La conversación se alarga hasta que mi tendera, después de servirme dos piezas de salmón, concluye que más allá del debe, del haber y del saldo, la economía y la globalización forman parte de una obra de teatro para consagrar la mentira. Es posible.
Al alejarme del super, provisto de pinganillo y emisora de radio, un economista de prestigio nos tranquiliza asegurando que en unas semanas los aranceles de Trump se reducirán al 10% y las aguas volverán a su cauce. Sus argumentos son tan esotéricos como las razones de mi tendera, sin embargo, a media tarde Trump reduce su amenaza al 10% para paliar “el miedo mundial”. Para mí esta guerra económica internacional, además de la locura transmitida por el presidente déspota, es el punto final del sistema mediante el cual durante ochenta años hemos vivido el sueño de la paz y del progreso en esta parte del mundo acaudalado. Tratan de romper las reglas del juego. La crisis de 2008, sin una cabeza de cartel visible como ahora, se desató con un objetivo no confesado: debilitar y hasta destruir las clases medias, poner murallas a las escaladas sociales de los individuos y reducir los círculos del poder económico a un puñado de agraciados. Esta crisis de 2025 es el segundo capítulo de semejante aventura. ¿Distopía? Es posible.
La crisis mundial generada por Trump y su tropa no es únicamente una estrategia económica, debemos leer las claves como un intento de descomponer la Unión Europea dónde aún las clases medias demócratas tenemos capacidad para conducir la vida política y la convivencia, donde el progreso y la tolerancia resisten ante los ataques de Estados en los que los autócratas ganan terreno (EE.UU., Rusia, India, China, Israel…). La gran responsabilidad histórica de Europa es inmensa frente al aislamiento al que pretenden condenarnos mostrándonos el palo y la zanahoria de los impuestos, del miedo a una tercera gran guerra y de la caída del bienestar social conseguido desde el final de la segunda guerra mundial. Europa ha progresado tras las grandes crisis hasta convertirse en ejemplo para la convivencia internacional. En este presente la UE es una isla en la cual el régimen democrático se mantiene como bandera de convivencia y solidaridad entre los pueblos que la integran. O la defendemos juntos o sucumbiremos a una nueva organización con reglas de juego nada tranquilizadoras.
La identidad común de la vieja Europa está en peligro al margen del parchís económico. Lástima que aún no dispongamos de una Constitución Europea que garantice la unidad más allá de los postulados capitalistas de los mercaderes. Una base escrita que garantice el orden social y económico en libertad. Que ajuste y guie los nacionalismos de los diferente Estados y del partidismo de las fuerzas ideológicas que los integran. Unas reglas utópicas.

Xosé A. Perozo