galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

LA MORRIÑA URUGUAYA

¡Ay, paisito!, mi corazón ta’ llorando…!

Por J. J. García Pena

Si en algo son especialistas los gallegos de la diáspora es en nostalgias. Tanto, que hasta el más despistado de ellos podría sentar cátedra temática. Se diría que, al no hallar término capaz de verbalizar tan hondo sentimiento por la patria lejana y perdida, se les ocurrió bautizarlo como Morriña, algo así como un ensayo de premuerte por desarraigo. Se lamentan lejos de ella:

—- ¡Ay!,miña terra, terra, terriña… non podo esquecerte, teño morriña

No obstante, la morriña, ese “dolor de ausencia”, ese quebranto emocional de no estar en el pago amado, tiene validez universal, según colijo. El dúo uruguayo de Braulio López y José (Pepe) Guerra, Los Olimareños, (autollamados así por haber nacido a orillas del río Olimar), conocieron tempranamente –aunque mitigado- ese duro sentimiento. Lo experimentaron al dejar sus campesinos pagos natales de Treinta y Tres y venirse al políticamente turbulento Montevideo de los años 60.

Aquellos muchachitos adolescentes, terruñeros y contestatarios, que dejaron, con pena pero con la ilusión de conquistar “sus sueños altos” en el corazón de la gran urbe oriental, no podían sospechar que, años más tarde, sufrirían directamente en sus carnes el desgarrador exilio total.

Su canto, poesía esclarecida y denunciante de la amoralidad explotadora de los poderosos, no contaba con la simpatía de un militarizado cogobierno de facto que los mantuvo ausentes del suelo nativo, de su “paisito”, durante largos años.

Maduraron peregrinando, entre otras naciones amigas, por España y México. Y su canto fue aplaudido, entre ardorosas lágrimas, por las colonias de uruguayos de Sidney, Ámsterdam, Helsinski, New York o Amberes.

Un día de hace 38 años, en el Estadio Centenario, perdido en una exultante multitud de orientales, dichosos de recibirlos al fin en su tierra, pude escucharlos y corear muchas de sus más emblemáticas de canciones: A don José, Al Paco Bilbao, Los orientales, No te olvides,  A mi gente, etc…

Fue en el exilio donde compusieron Ta’ llorando, un canto singular (quizás el más singular de todos ellos) trenzado con amor y con fibras de dolor de ausencia. Lo hallé convertido en reconocible “morriña”, tan humanamente hermanada a la de Curros o Rosalía, que quienes tenemos el corazón multiplicado en dos patrias, sabemos que la latitud geográfica no es óbice a ese inefable sentir humano.

Ta’ llorando, ciertamente, no cuenta con acompañamiento musical de panderetas ni de gaitas. No obstantees, esencialmente, “morriña de acápa’llá”, aunque su tonalidad suene neohispanoamericana. Tan solo varían las referencias y la forma musical de expresarla.

—- ¡Adiós ríos, adiós fontes; adiós regatos pequenos…!, lloraba Rosalía.

—- ¡Adiós sierras, montes, ríos y llanuras…//… mi corazón ta’ llorando!, gime Pepe cien años después.

Es que en las gargantas, gestos y manos de López y de Guerra, se conjugan la métrica poesía del juglar medieval, la intemporal nobleza de un quijotesco “hidenada”, el justo encono del gaucho desposeído, el recelo taciturno del indígena, paria en su tierra y el tenaz repique del tambor negro raptado en África. Fenotipos, todos, presentes en la idiosincrasia uruguaya.

Braulio y Pepe son, entonces, legítimos herederos del consecuente mestizaje. Y lo heredado…ya se sabe

¿Recordás?

“De su capa hizo un poncho, de su guitarra un charango, de su tierra otra más…”

Aunque sutil evocador de ombúes, sarandíes y paisajes serranos, Ta’ llorando conserva toda la emotividad adormecida entre las Follas Novas y los Queixumes dos pinos. A vos, gallego de adentro o de afuera, te lo presento e invito a descubrir de qué se trata. Te resultará entrañablemente actual, humilde y familiar, ya lo verás.