galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

LA PRIMAVERA NO FLORECE PARA TODOS

Las flores no refulgen como esas otras primaveras aquí vividas con sol que, en otro tiempo, todo ilusión y ansias de vida, hacía resbalar la niebla por la ladera del monte, para arriba, hacia el Tambre, hasta que sobre sus aguas la deshacían unas “raioliñas” cuando asomaba el mediodía.

—- Está triste la Princesa… ¿Qué tendrá la Princesa?

—- La Princesa también tiene hambre, mi amigo. No tiene corona ni reino y es de las que va, vergonzante, al Banco de Alimentos de Cáritas, a Santiago, en busca de algo que llevarse a la boca.

Allí es donde le llamaron Princesa por primera vez. Lo hizo y sigue haciéndolo una monjita que pacientemente le da ánimos para mantenerla ilusionada ante una vida que le negó hasta un compañero con quien compartir las penas, que son muchas. Princesa es licenciada en Filosofía, pero ya no encontrará un trabajo como el de antes, cuando era secretaria del jefazo de una empresa de carpintería metálica que quebró. Ha recorrido todas las oficinas de empleo de Compostela sin resultados y también ha pensado en emigrar, como todos, pero…

—- ¿A dónde voy yo sin conocer el idioma? ¿A dónde voy ya cercana a ese terrible horizonte de los cincuenta?

—- ¿Y qué te dicen en el ayuntamiento? Porque sé que estuviste hasta con el alcalde, Princesa…

Me contó que el alcalde pasó de ella, la deprimió aún más y estuvo dos meses sin salir de la vieja casucha que heredó de sus padres, sin hacer nada… solo pensando en poner fin a su vida, único medio que se le ocurría para salir de esta pesadilla…

También ha ido a la Seguridad Social para jubilarse, a ver si podía, pero tendrá que llegar a los 65 y esto si sigue cotizando cuando se le acabe la prestación…

—- ¿Qué prestación?

(¡Ah! Que ya se le acabaron todas las prestaciones y no tiene dinero para cotizar…)

—- ¿Y no tienes familia?

—- No. No tuve hermanos. Todos los demás, mis padres y mis tíos, han muerto. Sus almas vagan por el cementerio viejo de Santo Tomé.

Ahora, Princesa y yo vamos a pasear juntos para recuperar la forma y el ánimo. Hablamos de lo divino y de lo humano. Ella recuerda… y cuando la memoria le devuelve la felicidad perdida la atrapa en sus pensamientos.

—– Sí, recuerdo aquel chico, soldador, de brazos fuertes, que se asomaba tras la puerta de mi oficina para decirme:

—– Mire que necesitamos mais material que o que temos estase a esgotar…

—– Aquel hombre me dejaba sudando tras aquella mesa en la que escondía mis deseos…

Pero Princesa te aclara enseguida que solo eran deseos, que el robusto soldador aquel era parco en palabras y a ella la comía la timidez. Toda relación transcurría en aquel taller, pero no pasaba del saludo, del pequeño roce, de la mirada furtiva, del deseo escondido tras la cristalera…

—– Me quedé sola en el mundo. Como dicen por aquí, para vestir santos, aunque yo nunca fui de esas beatas que se consolaban en la iglesia con el cura…

—– No salías de aquí, de la aldea…

—– De vez en cuando iba a Santiago, para recordar mis tiempos estudiantiles, cuando…

—– ¿Cuándo que…?

—– Cuando tuve aquel único novio, el gafitas, que miraba pitoño de arriba abajo todo cuerpo femenino aligerado de abrigo…

“El Pitoño” se fue a la Complutense por traslado de su padre policía y Princesa, ¿sabes?, perdió el único novio que tuvo en su vida; aquel que, a pesar de su fealdad exterior, la hacía feliz en las furtivas escapadas al monte Pedroso, desde donde pedía perdón al Apóstol Santiago por los pecados cometidos…

—– Me quedé sola para siempre. Como tantas y tantas personas. Mujeres, hombres, jóvenes, menos jóvenes… Tendrías que venir conmigo al Banco de Alimentos para ver como la vida los maltrata, que no solo hay maltrato físico…

—–  ¿?

—– Es peor el maltrato moral, el desprecio de la sociedad que te rodea, que te dé la espalda aquella que pensabas era tu amiga y aún encima compruebes que el Estado de Bienestar es un mito.

Estaba yo pensando en cómo había ido la semana para tratar de hacer sonreír a la que ya consideraré para siempre una Princesa… cuando me acuerdo de Arturo, el alcalde de Salvaterra do Miño, ese que, ya te conté, multa a los mendigos.

—– En Santiago, créeme que lo intenté, pero me dio mucha vergüenza pedir dinero en la calle y me indigné cuando un guardia municipal me echó de la Plaza del Obradoiro diciéndome que era una mala imagen para la ciudad.

—– Mala imagen es la que nos dan los políticos corruptos, digo yo…

—– En el Banco de Alimentos de Cáritas conocí a un expolítico al que echaron de uno de los grandes partidos por denunciar “malas prácticas”.

—– Y habrá más casos de esos que los cuentas y parecen increíbles…

—– Pues, sí. Es lamentable que un país como el nuestro deje morir de hambre a sus hijos.

Esa noche, una monja argentina se asomó indiscreta a la ventana de la tele. No iba para nada con ese decorado donde los tertulianos están más perdidos aún que los políticos a los que les canta las cuarenta. Lo mismo que a sus obispos. Sus palabras son coincidentes con lo que te cuenta Princesa

—- Es peor la soledad que el hambre… Los obispos han de salir de sus palacios a buscar a sus ovejas… Los políticos deberían visitar los lugares en donde el hambre está visible, porque viven fuera de la realidad… El aborto es disculpable porque ninguna mujer lo busca a propósito… La homosexualidad no es ninguna enfermedad y quién soy yo para juzgarla…

Se llama Sor Lucía Caram y ejerce de monja en Cataluña.

¿Sabes? Yo siempre tuve sana envidia de los catalanes porque cuando no tienen elementos para “la lucha” saben importarlos muy bien… Ahí tienes, además de Messi, otro ejemplo, el de Sor Lucía

El periódico de esta mañana me cuenta que ha muerto de una hemorragia múltiple estomacal José Miguel Rodríguez, vagabundo por España y mendigo rescatado en A Coruña. Dos damas generosas le habían encontrado casa en Ponteareas para cumplir el sueño de su vida. Una de ellas, cuando iba a visitarlo esta semana, halló su cuerpo rodeado por sus perros.

Cristina también le encontró nicho en el cementerio de Mondariz-Balneario, en donde permanece su recuerdo y las lágrimas de sus damas a las que él llamaba… “Princesas”.

Sor Lucía decía en la tele que seguirá su lucha en Cataluña por conseguir esa vivienda digna para los que no tienen ni dónde morir…

—- Esa vivienda que le sobra a los bancos, los causantes de que se quedaran sin ella esa gente que ahora solo es pobre…

Ciertamente, esta primavera solo florece para algunos.