galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

LA UTOPÍA SIEMPRE ESTÁ EN EL PASADO

Por Carlos Penelas

“Mueran los blancos, los ricos y los que saben leer” enarbolaba José Tomás Boves, conocido como El León de los Llanos y también como La Bestia a Caballo. Nada es novedoso en estas tierras cargadas de brutalidad, resentimiento, masas amorfas y populismo sin fin. Nada es novedoso en la demencia o el extravío. Recordemos que José Tomás Millán de Boves y de la Iglesia nació en Oviedo en 1782 y murió en Urica, Venezuela, en 1814. Valiéndose de resentimientos sociales de las clases más retrasadas, más pobres –abusos y explotación de la aristocracia criolla– desencadenó una feroz ofensiva contra los ejércitos independentistas. Ejemplos similares tenemos en América en todas las épocas. Hasta hoy, por supuesto.

Koen Wassing

Desde mi adolescencia releo a Pirandello, Thoreau, Ionesco, Swift, Montale, Quevedo, Twain, por citar unos pocos. El Antichton o la antitierra es un lugar místico de cuya existencia Pitágoras nos dejó un testimonio. Antichton es un país al revés, definitivamente negado e imposible para los seres humanos. Allí existe el mundo del revés. La nieve cae hacia arriba, los árboles crecen hacia abajo, el sol luce negro, los habitantes son gente de dieciséis dedos que entran en trance bailando… Se decía que ellos no podían venir hacia nosotros ni nosotros hacia ellos. Era lógico, desde el absurdo. Más tarde, todo el medioevo habló de “el otro lado del globo”. Para los griegos -recordemos- el hemisferio sur estaba deshabitado y era inhabitable.
Pero vamos a nuestro título. Todo se encuentra en el pasado. La felicidad, los años plenos, la revolución, los grandes líderes a quienes hay que amar, besar sus pies, admirar y, en lo posible, imitar. Se forman templos, iconografías, leyendas, mitos. Lo ideológico tiene su base en lo religioso, es un tema de fe, de creencia, de Misterio bufo. Y de conversos. En nuestra historia está el mesías –para algunos llegará más tarde– lo evangélico. No importan las hogueras, las horcas, las torturas o las pesadillas de hambrunas o decapitaciones. No importa la sangre de Moscú, China, Libia, Somalia, Uzbekistán, Qatar, Venezuela, Nicaragua o Cuba. El engaño de los populismos y las revoluciones redentoras viene de esta concepción: sobre una idea noble se establecen dictaduras, demagogias, engaños, persecuciones, exilios. Allí juega un papel fundamental el sentimiento melancólico. Por eso el mito está en el pasado, la utopía es del pasado.
“El Papa es el líder del populismo mundial”, nos explica Juan José Sebreli. Y agrega “toma la pobreza no como una carencia sino como una virtud”. Podemos hablar de incienso eclesial, de apóstatas, sotanas impolutas. Argentina tiene el populismo más viejo de América Latina. Es imprescindible señalar que cuando uno dice populismo, dice también melodrama, teatralización y una suerte de exorcizarlo todo. Aparecen catequistas, mercenarios, épicas simbólicas. Y “bellas almas”, por supuesto. Ninguna evidencia puede vencer al mito. Ninguna. Piadoso lector, debemos recordar a Cicerón. Según su saber y entender debemos cultivar la virtud para forjar una sociedad que “es el tesoro de todas las cosas que los hombres tienen por dignas de ser deseadas, como la honestidad, la gloria, la tranquilidad del ánimo y la felicidad: de suerte que cuando se poseen estas cosas es dichosa la vida, y sin ellas no lo puede ser”.
Antes de las dictaduras de Videla, Banzer, Pinochet o Bordeberry cabe recordar ciertos nombres –muchos amigos de Perón– que cubrieron parte del siglo XX: Pérez Jiménez, Fujimori, Stroessner, Somoza, Ovando Candia, Batista, Trujillo, Rojas Pinilla, Castillo Armas, Duvalier… No es casual entonces las figuras de caudillos como Castro, Chávez, Maduro u Ortega. Detrás de hombres honestos como Augusto Sandino, los hermanos Flores Magón, Martí, Maceo, Gaitán… Estos dictadores o demagogos se montan sobre verdaderos revolucionarios, aplastan los ideales de hombres que lucharon por la libertad y la dignidad; colocan la utopía en el pasado, se dicen continuadores de ellos. Y generan, como en el fascismo, el apoyo en las masas y la movilización de las mismas. Tenemos un modelo inédito que marcha de la mano: el bonapartismo y el fascismo, de izquierda o de derecha.

Podemos recurrir a Svetlana Boym, profesora de Literatura eslava y comparada de la Universidad de Harvard. Nos explica que “es un sentimiento de pérdida y desplazamiento, pero también de idilio romántico con nuestra propia fantasía personal”. También nos explica los peligros: “concretamente, en cierta nostalgia “restauradora”, que es precisamente una característica de los “renaceres nacionales y nacionalistas en todo el mundo, empeñados en fabricar mitos antimodernos de la historia a través de la vuelta a los símbolos y la mitología nacionales y, a veces también, de la reutilización de teorías de la conspiración”.

El horizonte está vacío, el pasado es una niebla. Ese pasado nos guía hacia un horizonte. Ese horizonte es el pasado mítico. En su libro Retrotopía, Zygmaunt Bauman nos afirma que “fiel al espíritu utópico, la retrotopía debe su fuerza a que transmite la esperanza de reconciliar, por fin, la seguridad con la libertad: una hazaña que ni el ideal original ni su negación primera trataron de alcanzar –ni, en caso de haberlo intentado, consiguieron…”

Carlos de la Torre señala que “el mito de la revolución crea la esperanza de que el paraíso se construya en la Tierra y que ponga fin a la opresión y a los sufrimientos del pueblo, considerado como un sujeto liberador. El pueblo ha sufrido, es puro y no ha sido corrompido por los vicios importados por la globalización, el individualismo y el mercado. La historia no termina, sino que recién empieza, pues estos líderes recogen las luchas del pueblo y sus próceres y por fin llevarán al pueblo a la redención y al reinado de Dios en la Tierra”.

Algo más para comprender, en nuestro caso, el fenómeno peronista. Otra vez Sebreli: “El fascismo en Italia no movilizó solamente a las clases medias y a la pequeña burguesía. Intentó en buena forma movilizar también a la clase obrera. El pre-fascismo italiano, por ejemplo, antes de tomar el poder, intervino hasta en huelgas. Hay una similitud muy grande entre el fascismo italiano y el peronismo”.

Por último, querido lector, una cita de nuestro Jorge Luis Borges: “Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; y más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez”.