galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

LA VERANEANTE Y LOS TURISTAS

Sanxenxo, 1965.

Por Marola Seijo

Doña Herminia Palazón y Cruces fue, hasta su jubilación, hace 27 años, cabeza de una industria jamonera de Salamanca, la primera en exportar jamón ibérico a Europa. También fue de las primeras que vino a veranear a Galicia por indicación de su intimísima amiga la Condesa de Montarco, que fue de las primerísimas… y aún después de muerta tiene casa propia en Sanxenxo de las que miran al mar, con piscina moderna de agua salada.

Doña Herminia no tenía casa, pero si mucho dinero. Por eso vino de hotel aquel año de 1965 con sus cuatro vástagos, su madre y sus dos criadas. Fue el primer verano en que Sanxenxo se llenó de turistas, de los que solo pasaban una semana en apartamento de alquiler. Los turistas le hicieron la vida imposible a doña Herminia porque le llenaban la terraza del Mar y Cielo y una mujer de la casta jamonera no podía consentir que ocuparan su espacio favorito.

Durante cuatro años la veraneante soportó turistas y mas turistas, pero en 1970 doña Herminia decidió dejar de ir de hotel y buscar un solar para hacer su casa en San Vicente, en el ayuntamiento de O Grove, aislada de los turistas; y así fue como tropezó por primera vez con los mecos nacionalistas.

— ¿Qué le hicieron?

— La denunciaron…

— ¿Por…?

— Porque había construido un casoplón inmenso que pillaba 30 centímetros del camino de acceso a su aldea.

— Mujer, por treinta centímetros.

— Ya, ya. Una cabronada. Ya sabes que los mecos no quieren ricos al lado…

Total, que a doña Herminia Palazón y Cruces le quedó el cierre integrado en la pared exterior y cuando llegó septiembre puso en venta el casoplón y se gastó una fortuna en otro que le vendió un veraneante de pro, de nombre don Pepe, con piscina moderna y cancilla a la mismísima playa Farruco.

Pasaron los años y en San Vicente do Mar, el Náutico, el chiringuito de los de La Cierva, se puso de moda como lugar de conciertos y todos los santos días actuaba algún músico de los importantes y la punta se llenaba de gente hasta altas horas de la madrugada, la misma gente que convirtió a la Farruco en playa de moda para los turistas, que también llenaban al atardecer el paseo marítimo… no había quien anduviera por él. Para colmo, dos casoplones mas allá se asentó un conselleiro de Fraga y a doña Herminia tanta policía le daba más miedo que tranquilidad.

— Pobre señora, le pasó de todo.

— Bueno, también pongamos que era muy exquisita.

Casoplones en primera línea de playa.

Estábamos a punto de entrar en el nuevo siglo y a doña Herminia ya le pesaban los años y se acrecentó su odio hacia los turistas que ahora iban a San Vicente hasta en autocaravana.

En Salamanca, tras haber ensayado con dos de sus hijos, don Antonio y doña Rebeca, puso un Ceo al frente del negocio que iba viento en popa. Había aumentado la producción y ahora mandaba jamones a Estados Unidos y a China. Aquel negocio era una fábrica de dólares y de euros. Por eso su veraneo comenzaba a finales de mayo y terminaba -según estuviera el tiempo- a finales de septiembre o primeros de octubre.

Además, doña Herminia había sido condecorada con el Centollo de Oro y se sentía muy feliz en O Grove. Era la veraneante mas veterana del municipio y posiblemente de todas las Rías Baixas. Se le respetaba y se le consentía casi todo. Incluso aprendió a hablar en gallego con los paisanos y le dijeron quiénes eran los “fodechinchos”.

Cuando lo averiguó, decidió declararles la guerra porque…

— Yo soy veraneante y “centollo de oro”, que adquirió la condición de vecina tras haber traspasado la frontera de los cincuenta veraneos hace diez años… Estos fodechinchos solo vienen aquí a molestar a los que “somos” de San Vicente de toda la vida.

Así, cuando notaba que había demasiado boreo en la playa sacaba un megáfono y les gritaba desde su muro…

— ¡Fodechinchos! ¡Ide a foder a outra parte que esta é a nosa playa!

Y les cantaba…

— ¡Ay Salvora, Ay San Vicente! ¡As nenas bonitas hainas en Mourente!

Hasta que empezaba la guerra…

— ¡Cállese señora! ¡Tápese esas grasas! ¿No le da vergüenza?

Porque doña Herminia hacía topless en su piscina y se asomaba al muro con las tetas caídas. Si la llamaban gorda les seguía gritando por el megáfono…

— ¡Fodechinchos! ¡Fodechinchos!

Y así hasta que se cansaba y se metía en el casoplón.   

Un mar de oro.

 Un día se encontró con el conselleiro paseando y le dijo:

— Ustedes hacen mucha campaña con el Xacobeo para que vengan turistas a Galicia y ahora los veraneantes de siempre solo tenemos Fodechinchos.

— ¿Y quiénes son los Fodechinchos?

— Son como los políticos, que solo hacen dar la vara, subir los precios de todo, abarrotar los restaurantes, dejarnos sin agua, emponzoñar el ambiente, molestar en la playa, encarecer la vivienda…

— Pero señora, si usted veranea en primera línea…

— ¿Le llama usted veranear a compartir la Farruco con diez mil personas todos los días? ¡Ustedes no gobiernan, masifican!

Hace diez años que doña Herminia Palazón y Cruces, cuando estaba a punto de cumplir los ochenta, cerró su casoplón de la playa y volvió a sentarse con los estudiantes de la plaza Mayor de Salamanca en las terrazas.

Allí solo hay turistas, no como en Galicia que lo que hay es Fodechinchos.