galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

LAS ALMAS HUYEN DE LA SOLEDAD

¿Sabes? Me he vuelto un curioso rural y estos días me dedico a contemplar la lentitud del tiempo al pasar por la vieja aldea habitada, otra vez, por aquella señora, quizá viuda, vestida de negro hasta para cubrirse la cabeza.

El agro, como le llaman aquí a la verde pradera en donde por no haber ya no hay ni vacas, está yermo. A la leira de las lechugas, los pimientos, los tomates y los chícharos, han vuelto las margaritas. Este año Nemesio ya no plantó maíz porque sus gallinas perdieron la alegría y el gallo ya no canta como cantaba. Solo sus cuatro ovejas, compañeras, rompen un paisaje mojado por el orvallo, en realidad lágrimas de las almas que huyen de la soledad del cementerio próximo. El que rodea la iglesia a la que no hace mucho partió un rayo y casi se queda sin creyentes. El mismo camposanto que todos los sábados, tras doblar las campanas, se llena de amigos del difunto caído tras tantos años de cansancio.

—– ¿Y el monte?

Los eucaliptos solo llegan a la media ladera y las cumbres que los coronan son la gran reserva de toxos, xestas y brezo morado. No fueron las hidras quienes asesinaron a los carballos, a los castiñeiros, a los avellanos, a los árboles de mi niñez; fue el hombre del tractor verde, la máquina de los nuevos tiempos, destructora de película capaz de arrasar en una tarde mil metros de arbolado. De cualquier modo, ese mismo mundo forestal podría arder entre las llamas de un incendio este mismo verano.

—– ¿Es un réquiem lo que escribes?

Ni eso, mi amigo. Ya no hay en la aldea quien pronuncie una plegaria desde que murió aquel cura bueno con el que todos se reían y que abría a su gente las puertas de la Rectoral.

Ahora todos ven el Plus en una taberna si son del Madrid o en la otra si son del Barsa. Entre campeonato y campeonato, partido a partido, van bajando cervezas y hablando del tiempo y de fútbol, porque no hay otra cosa de la que hablar.

—– ¿Pero no tenemos un Plan?

Tenemos Constitución y Autonomía. Parlamento y Xunta, Congreso y Gobierno. Ayuntamientos y diputaciones. Seis mil dirigentes y más de treinta mil técnicos. Bandera, himno, idioma propio…

—– Pero no tenemos un Plan…

Si vas por las pistas asfaltadas camino de la farmacia, verás que en esta aldea no hay niños y apenas queda un grupo de jóvenes esperando turno para irse…

Porque primero se marchó aquel joven veterinario, luego el ingeniero forestal, después el arquitecto y un poco más tarde aquella chica tan guapa, Yolanda, que era enfermera… Se fueron de camareros para Londres que es a donde iba la gente de Proupín en los sesenta; y esperan, con un poco de suerte, poder trabajar en lo suyo. Es lo que piden, trabajar en lo suyo.

—– Mudam os tempos, mudam as vontades…

Eso lo decía Zeca Afonso tras cantar al Millo Verde, pero el tiempo no tiene culpa por mucho que haya enterrado la obra de mis labregos de siempre… para dar paso a una industrialización que tampoco ha llegado.

Sentado en la ventana y mirando eso que por aquí llaman agro te digo que no muda nada…

Xerardo Rodríguez